martes, 20 de marzo de 2018

II MEDIO MARATÓN DAMA DE GUARDAMAR


Después de la carrera tan floja de la semana pasada en San Juan tocaba descansar un poco y bajar la intensidad del entrenamiento si quería llegar en mejores condiciones al siguiente fin de semana. La carrera que tenía por delante, la media de Guardamar, así lo exigía. Habiendo corrido su primera edición el año pasado tenía claro que tocaba llegar muy descansado si no quería agonizar en la subida desde la playa al centro de Guardamar por la zona de la pinada y las dunas, la parte más complicada de un recorrido que no tenía nada que ver con los circuitos casi planos de mis últimas medias.

En el 2017 corrí esta prueba preparando el maratón de París , aprovechándola para hacer la tirada larga que tocaba esa semana, corriendo 7km antes de la salida. Me pareció una grandísima carrera, con organización de 10, una atención al corredor excelente y un circuito tan atractivo como exigente, a dos vueltas, con un perfil que ya entonces me pareció duro aunque lo corrí a un ritmo inferior al de competición. Este año, correrla "en serio" me parecía  complicado y con tanto sube-baja me parecía  difícil pensar en marcas. La única carrera con la que tal vez podría comparar para hacerme una idea de cómo podría acabar era la de la Base Aérea de Alcantarilla , por distancia y desnivel, pero aunque aquella fue muy bien correr 7km más me parecía una diferencia importante.

Habiendo cumplido, como os digo, con un planning semanal de entrenamiento más relajado y sin tocar la piscina en seis días para guardar todas las reservas de energía para la media, llegué al domingo muy animado y descansado, sintiéndome con fuerzas. Había recogido la tarde anterior el dorsal y la gran bolsa del corredor para no perder tiempo el día de la carrera y llegué con mucho tiempo de antelación a Guardamar, sin prisas.



Recién aparcado me crucé con Dimas y aprovechando que pasaba una especie de mini-tren turístico que iba hacia la salida nos subimos y pudimos comentar un rato las sensaciones previas a la carrera y próximos objetivos. Una vez en la zona de salida pude sentarme unos minutos con Serafín, que venía de espectador mientras se recupera de su lesión (mil gracias por los ánimos durante la carrera), saludé también a Jaime y a la grandísima Gemma Ann Selby y fui haciendo tiempo hasta la hora de volver al coche a cambiarme y a calentar.

El vendaval del día anterior parecía amainar y el cielo permanecía cubierto de nubes. La temperatura, perfecta para una media así que me pareció más que suficiente protección una braga al cuello por si había zonas en las que el viento pudiera molestar y camiseta de manga corta en lugar de tirantes.

Entre el trote de ida al aparcamiento y la vuelta, más rápida porque se me echaba el tiempo encima, conseguí llegar a la salida con el calentamiento hecho, algo que sentí que mi cuerpo agradecía. Autofoto antes del pistoletazo de salida y... ¡a correr!


El ambiente festivo y correr entre casi 1000 participantes me animaba a salir fuerte pero en mi cabeza estaba siempre presente la subida de la pinada así que intenté ser conservador. Y digo "intenté", porque supongo que entre el efecto dorsal y alguna zona de falso llano en casi inapreciable bajada el inicio fue bastante más rápido de lo esperado. Desde la salida, por la avenida Cervantes, hasta el extremo sur del circuito, en una zona que recordaba mucho a los límites del recorrido de la media de Santa Pola por las montañas de sal, con casas bajas cerca de la playa y después de vuelta pegados al mar, el ritmo medio inicial aparecía en mi Garmin a 4:30 el 1000, 4:35 el 2000 y 4:40 el tercer km.



No iba forzado pero con todo lo que había por delante era mejor frenarse y ser precavido, me dije, aunque las piernas pedían guerra y bordeando la costa hasta que nos aproximamos a la entrada de la zona de dunas y pinos, allá por el km 5, el ritmo siguió muy alto, nunca más lento de 4:40/km.
Un cambio brusco de sentido poco después, en una zona animada por músicos y después del avituallamiento del 5000 se iniciaba la larga subida de vuelta al casco urbano.



La memoria no me fallaba y tal como recordaba del año pasado aquello era una cuesta en toda regla, nada de falsos llanos. La recta, larga y despejada, permitía ver a lo lejos cómo cada pocos metros el recorrido subía constantemente y el ritmo, como era de esperar, bajó, pero menos de lo que había imaginado. 4:50 el primer km cuesta arriba y 500m después ya estábamos fuera del parque, todavía subiendo, atravesando la calle Mayor hasta la plaza de la Constitución, donde terminaba por fin el ascenso iniciado casi 2km atrás.

El ritmo no había bajado demasiado al final, 4:44 en el 7000, y comenzaba un tramo que recordaba cómodo, atravesando Guardamar por la avenida del País Valenciano en llano o bajando muy poco a poco. En esta parte del circuito no aceleré tanto como habría esperado pero conseguí mantener un ritmo medio rápido, 4:39/km. Antes de llegar al km 8 el reloj ya marcaba los km a mucha distancia de los que había señalizados en el circuito así que me centré en mis sensaciones y de vez en cuando echaba un vistazo al ritmo medio total, que seguía siendo muy bueno. Tocaba olvidarse del Garmin un poco, algo que ya había ido muy bien en Alcantarilla, por ejemplo.

El tramo del 8 al 9000 engañaba, con una bajada rápida seguida de un falso llano traicionero muy animado en la zona comercial cercana a la avenida que separaba los parques Reina Sofía y Alfonso XIII pero teniendo a la vista ya la bajada que atravesaba este último hasta la playa y recordándola muy cómoda y rápida me lancé dispuesto a completar una buena primera mitad de carrera.

Como anécdota, comentar que en el arranque de la carrera me había parecido ver a Abel Antón haciendo fotos y en el tramo final de la primera vuelta, al verlo de nuevo, no pude evitar acercarme y chocarle la mano (no sé si hice esto o simplemente le toqué el hombro) bromeando diciéndole que a ver si se me pegaba así algo de él ja ja ja (mira que si no era él y simplemente era alguien que se le parecía...)

Pequeña subida antes de girar hacia la meta y comenzar la segunda vuelta

Mi reloj marcaba un tiempazo en el 10000, 46:20 (y la semana pasada agonizabas con 45:59 en un 10k, me decía), cerca de la meta, subiendo una pequeña cuesta que ya recordaba y que seguro iba a ser dura en el último tramo de la carrera. ¿Estaba pecando de exceso de confianza? Me notaba fuerte, pero después de cruzar el arco de la meta tuve dudas. No esperé al km 12 como en otras ocasiones y en el 11 me tomé el primer gel, esperando que, de hacer efecto, lo hiciera cerca del 15, donde se iniciaría de nuevo la subida por las dunas.

Agua para el gel y a por la segunda vuelta

Entre este breve momento de debilidad anímica y mi poca habilidad tomando gel y bebiendo a la vez el ritmo bajó hasta casi 5:00/km, algo que no me importó demasiado, pues en la vuelta por la playa, incluso con el viento en contra, empecé a sentir que la carrera podría terminar bien.

El reloj seguía a lo suyo, marcando los km cuando le daba la gana, pero yo sentía que la velocidad era la adecuada y mirando el ritmo medio que marcaba empezaba a alucinar con el crono final que tenía a tiro. Cabeza fría, me seguía diciendo, de todos modos. Aún quedaba la que consideraba la peor parte del recorrido, la subida por segunda vez por el camino de dunas y pinos, que en esta segunda vuelta se iniciaba con 15km en las piernas.

Cerca de la entrada al parque de dunas y pinos por segunda vez
(foto de Alberto Costilla AKA El sombrilla)


Poco antes del comienzo de la subida busqué en el cinturón el segundo gel pero lo había perdido. ¿Sería decisivo o, como alguna vez he pensado, un segundo gel en el km 15 no llega a hacer efecto y sus beneficios otras veces eran más "efecto placebo" que otra cosa? Tocaba comprobarlo.


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Arrancaba el km 15 haciendo ya mis primeros cálculos. Bajar de 100 minutos, de hora cuarenta, estaba más que conseguido incluso corriendo a 5'/km desde ese momento, pero... ¿cuánto conseguiría bajar?
Como había imaginado, esta segunda subida fue mucho más lenta que la primera y supuso ver en el Garmin el único km por encima de 5 minutos pero mentalmente estaba fuerte como nunca. Sabiendo lo que había por delante ya tenía claro que la carrera iba a acabar muy bien.

El camino hasta la plaza de la Constitución se hizo larguísimo y el inicio de la esperadísima bajada al final de la larguísima recta que cruzaba el centro de Guardamar se hizo eterno pero tenía la moral por las nubes. Después del km 18 había calculado a conciencia mi situación en la carrera y la que podría ser mi marca final. Sorprendentemente, con aquel recorrido y ese perfil, sin esperarlo, el récord personal estaba a mi alcance, y además la bajada del parque Alfonso XIII me esperaba todavía para arañar más segundos a la marca final.

Las piernas iban solas. El público cercano a la zona comercial de los parques y en la misma pinada animaba y una vez cuesta abajo me dije que no pensaba mirar el reloj. Corre. No pienses. Llévate la sorpresa al cruzar la meta viendo el reloj oficial y después el real en el Garmin.

No sé que velocidad llegué a alcanzar hasta bajar al nivel del mar nuevamente pero cuando tocó correr en llano de nuevo las piernas se resintieron como nunca. Aún así, el último giro a la derecha, a lo lejos, ya estaba a la vista, y después de esa vuelta en cuesta, un giro más a la izquierda y aquello estaría hecho.

Hubo fuerzas para mantener el ritmo más rápido de toda la carrera, me frené un poco en los 300m de subida que ya conocía, con las pulsaciones por las nubes, pero al girar a la izquierda y encarar la meta vi los números del marcador y todavía pude acelerar más, gritando para mis adentros mucho antes de cruzar el arco de llegada.

Estaba hecho. 20 metros más y lo tenía. Puro gozo.


Terminaba la carrera (LA CARRERA, debería escribir, en mayúsculas), en 1:38:10 oficial, que ya era récord personal sin mirar tiempos reales, pero ¡ay amigo!, me dije ¿qué marcaría el Garmin? Y ahí estaba: 1:37:45, 21097m a 4:38-4:39 por km dejando atrás mi récord anterior de mi querida Torre Pacheco en 1 minuto y 1 segundo.
Pude compartir la alegría del momento abrazado a Serafín, que estaba en la meta viéndonos llegar, a mí y a Pili y a su cuñado, y de camino al avituallamiento no podía dejar de mirar el reloj, alucinando todavía. El tiempo oficial, por otra parte,  me situaba bastante bien en las clasificaciones: 244 de 824 corredores en la general, 69 de 183 en mi categoría y 234 de 707 hombres.



Hubo tiempo para charlar tranquilamente con Dimas (enhorabuena, y cuídate que te sales en Valencia, seguro), Eutropio y Diana, desvirtualizar a María Mainez (¡enhorabuena!), charlar con Rebeca (ole esa MMP también :) ) y Tomás y comer la magnífica paella que preparó la organización allí mismo junto a Goyo, comentando maratones pasados y futuros.

Las redes sociales, que también tienen sus cosas buenas,
como poder desvirtualizar a María Mainez :)

Una vez en casa, todavía no acababa de hacerme a la idea. No hace mucho el ritmo de aquella media lo daba por bueno en un 10k y después de tanto entrenamiento y haber llegado a pensar que el límite estaba cerca, me sorprendía a mí mismo de nuevo llegando a ritmos inimaginables hace años.
Le di vueltas, soy así, a la distancia que había medido mi reloj. Unos 200m menos. Tanto, que miré después el recorrido grabado y pude ver que en el centro de Guardamar y por la pinada el trazo del recorrido recortaba suavemente sobre el circuito oficial (por edificios y bosque), más que suficiente como para restar los metros que faltaban si se daba dos vueltas. Recorridos más precisos grabados con otros dispositivos y visibles por cualquiera en Wikiloc, sin los recortes del mío, sí que registraban la distancia exacta, así que con este asunto aclarado me quedé ya estúpidamente tranquilo xD



Era marca personal en toda regla. No podía estar más contento ni más orgulloso de mí mismo. Estar a medio camino del 1:40 y el 1:35 era algo que jamás habría imaginado y conseguirlo en una media tan exigente como la de Guardamar le daba, en mi opinión, mucho más valor al resultado de aquella carrera, una prueba que ya os digo que si el año que viene pone el límite de inscritos en 1500 en lugar de 1200 volverá a colgar el cartel de "todo vendido" nuevamente, porque es casi imposible hacerlo mejor, en cuanto a organización, recorrido, y trato al corredor. Va ser de las más grandes de Alicante, recordad lo que os escribo hoy.
Y por mi parte... soy feliz corriendo, no puedo decir más. Correr me salvó y me dio la vida hace años y hasta hoy no ha habido carrera que no me recuerde lo grande que es este deporte y todo lo que me aporta en muchísimos sentidos. Ojalá pueda disfrutarlo hasta que haya que inventarse categorías para mí (¡veterano Z!)



La próxima cita es en la prueba estrella de la temporada, la media de Madrid el 8 de abril. Con un circuito tan exigente, a pesar de los últimos cambios, no pienso en marcas. Lo único que espero esa mañana es disfrutar de la oportunidad de correr otra vez por Madrid y pasarlo bien, aprovechando además que vuelve a acompañarme en otro viaje deportivo mi amigo Ramón. Creo que no será difícil cumplir el objetivo.

Os lo cuento en la siguiente publicación del blog.
Gracias por estar ahí.

Saludos.

4 comentarios:

  1. Dios, como he gozado leyendo tu crónica. Eres grande y aún tienes margen de mejora, te lo dije un día, no me creíste, y te lo repito hoy. Orgulloso de ti, ahora toca Madrid

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    1. Mil gracias Gal, hay veces que no me lo creo y casi acabando el invierno todavía creía que ya había llegado al límite de mis posibilidades, pero un año más el invierno, aunque haya sido in extremis, me deja de regalo récord personal y ni de coña me lo esperaba esta vez. En Madrid más. ¡Vamossssssssssssssssss!

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  2. Me encantó desvirtualizarte a ti también! Un verdadero placer. Un besote y a ver si nos vemos pronto en la próxima.

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    1. Lo mismo digo! :)
      Suerte en los próximos retos💪🏻 A ver si nos volvemos a cruzar pronto 😊

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