miércoles, 12 de julio de 2017

XXII TRAVESÍA A NADO TABARCA-SANTA POLA

Un momento Jordi... ¿el blog no se llama 'Corre sin parar'? ¿qué es esto de la natación? Vale, cierto, pero creo que después de casi un año intentando ser nadador y después de la travesía del domingo que os cuento en las próximas líneas es buena idea ir dejando constancia por escrito de mis experiencias acuáticas, al igual que hago con las carreras. Creo que en el futuro poder leer cómo fueron los inicios, mis sensaciones en el agua, puede ser interesante y, por qué no, por si alguien lee esto y se encuentra en mi misma situación, de novato, y le sirve de ayuda, o algún nadador experimentado lee y quiere comentar y criticar (constructivamente, espero). Pero sobre todo, escribiré por lo importante que se ha vuelto la natación en mi día a día en los últimos meses.



Aquí os dejo la crónica del que seguramente ha sido hasta hoy el reto deportivo más "serio" que he afrontado, una experiencia que en mi humilde opinión está casi al nivel de conseguir la meta de un maratón, por esfuerzo y tiempo empleado en completarla. Y es que..¿qué mejor forma de celebrar mi casi primer aniversario como nadador que intentado completar la espectacular travesía Tabarca-Santa Pola?


Los nadadores más experimentados del gran club del que formo parte, Aquatic Alicante, están acostumbrados a estos esfuerzos y hablan de esta travesía como algo fácilmente asumible. Yo, solo viendo la imagen previa a este párrafo, alucinaba con el reto cuando me lo planteé por primera vez. Conseguir unir a nado la playa de la isla de Tabarca con playa Varadero en Santa Pola me parecía un esfuerzo titánico cuando me inscribí hace meses, llevado más por la emoción de poder participar al haber conseguido plaza en el sorteo que creyendo en mis posibilidades reales de finalizarla. En mayo ya había nadado 6200m en el Half Oceanman de Tabarca, más distancia de la que debía afrontar en esta travesía, de "solo" 5900, pero en mi inexperta opinión había diferencias importantes:
  • En Oceanman nadé con neopreno: Esto que a muchos les supone problemas con la brazada, por una supuesta falta de libertad de movimientos, siento que a mí me proporciona cierta ventaja respecto a la natación "a pelo". Me corrige la posición en el agua, floto mejor (obviamente) y hace que mi gesto técnico "menos pobre", la brazada, sea más efectivo. Nadé más rápido, entonces. El domingo tocaba nadar sin traje así que menos velocidad, menos eficiencia, mayor desgaste físico.
  • Aguas abiertas Vs. Costa: En Oceanman la travesía bordeaba la isla, rodeándola por completo, siempre cerca de la playa. En Tabarca-Sta.Pola, como se ve en la imagen anterior, hay un punto en el que la zona de tierra más cercana, en casi cualquier dirección, es de casi 3km. No había nadado nunca en mar tan abierto y el estado de la mar, corrientes, oleajes, etc. seguro que serían muy diferentes a cualquier travesía anterior.
  • Entrenamiento: Factor clave, destacando sobre los dos anteriores. En Oceanman llegué mucho mejor preparado. Hubo más entrenamientos de volumen previos y más palizas de series. Trabajé mucho más. Para el domingo tenía la impresión de que llegaba más flojo y menos preparado.
 Con todas estas dudas y miedos, a pesar de todo, decidí seguir adelante y el domingo me pegué un madrugón que ni para los maratones. Se empezaba a entregar dorsales a las 5:40 en el puerto de Santa Pola, embarcando hacia Tabarca hasta las 6:40, por lo que,viviendo a media hora de allí, era obligatorio no levantarse más tarde de las...¡¡4:50AM!!
Gracias a la magnífica labor de comunicación del club organizador, Alone, y la charla del día anterior, en la que pude ver y escuchar a dos grandísimas nadadoras como Tita Llorens y Selina Moreno (buscad, buscad en google y veréis de qué son capaces...) tenía claro cómo proceder antes del arranque de la travesía.

Con una fluidez asombrosa los más de 1400 nadadores (que alguien me corrija si me equivoco, pero creo que es la travesía más concurrida de España) nos hacíamos con el gorro, el chip, la bolsa para llevar a la Isla... Todo estaba estudiado y preparado a la perfección. El primer guardarropa nos permitía dejar una mochila allí en el puerto y subir al barco con otra bolsa más pequeña, con las chanclas, gorro, vaselina, boya...lo mínimo necesario, que dejaríamos en un segundo guardarropa en la isla.

Gesto serio. Había muchos km por delante y todavía no había subido al barco.
El ambiente deportivo, el compañerismo, inundaban la cubierta del barco camino a Tabarca. Todos comentábamos nuestras sensaciones previas, los nervios, dudas... Mi compañero en el trayecto, un nadador que no había salido jamás al mar, pues vivía en el interior y siempre nadaba en pantanos, ríos, etc., estaba tanto o más acojonado que yo ante el inicio de la prueba.

El camino hacia la isla nos  permitía ver un mar que parecía en calma, el trayecto marcado por las boyas en línea recta y según nos acercábamos a Tabarca, ser conscientes de lo lejísimos que parecía estar Santa Pola de la isla si tocaba llegar nadando.

Me deshice rápidamente de mis pertenencias una vez revisado todo: Gorro en perfecto estado, gafas bien ajustadas, vaselina en las zonas críticas, dátiles guardados en el bañador por si me despistaba del avituallamiento... Solo quedaba echarse al agua.

Hice un intento de calentamiento en la playa, pero el agua estaba muy fría y yo muy destemplado. Aquello no estaba ayudando. Salí, me puse en el final del inmenso pelotón de nadadores, y esperé nervioso la señal de salida, después de saludar a mi compañero de club Jaime, una joven bestia tanto a nado como a la carrera.
Y llegó el momento, a las 7:30, como se ve este vídeo ( https://youtu.be/Z8th29Y7seE )



Tenía frío y era fácil dejarse llevar, acelerar buscando entrar en calor, pero quise ser muy conservador desde el principio. Solo pensaba en superar los que yo consideré dos principales obstáculos iniciales: sobrevivir a la masificación de la salida, algo que no costó demasiado ya que me abrí muchísimo respecto al trazado oficial y no tuve que pelear demasiado con otros nadadores, y no pasar demasiado cerca de las rocas de la isla antes de tomar la línea recta hacia Santa Pola, conseguido por el mismo motivo que ya he comentado, demasiada apertura respecto al trazado del recorrido.

En los primeros metros iba estudiándome, viendo como respondía, y tratando de no agobiarme demasiado pensando en todo lo que había por delante. El mar parecía en calma aunque por desgracia, las vistas del fondo marino que esperaba tener durante la travesía desaparecían en un agua cada vez más turbia, que apenas permitía ver unos metros delante de mi brazada.

Llegó sin dificultad el km 1 y viendo en el reloj el ritmo, a 2:30 el 100, di por bueno el comienzo. Me sentía con fuerzas. Iba siempre acompañado de muchos nadadores y la disposición de las boyas era sencillamente perfecta. Creo que cada 200m había una, la de los puntos kilométricos era más grande y con el número bien claro pintado en ella y muchas tenían un globo que las hacía siempre visibles. ¡Un globo! Desde el desconocimiento...¿tan difícil es poner esto en cualquier travesía?

Mantuve el ritmo pensando siempre en el km 3, el del avituallamiento. Miraba el reloj con frecuencia tratando de no ser más lento nunca, de media, que en el oceanman de Tabarca de mayo.
Esto fue un error, pues no tuve en cuenta que el mar cada vez hacía más difícil la travesía.
Empezaba a estar cada vez más movido, golpeando por mi izquierda, mi lado "bueno" para respirar, y frenando poco a poco la travesía.

Fui consciente del exceso en el km.3, llegando al barco donde nos dieron agua, plátanos y, además, comí los dátiles que llevaba guardados en una pequeña bolsa. Estaba cansado y todavía tenía por delante media travesía. Las gafas empezaban a molestar, pero no quise aflojarlas porque pensé que era mucho peor nadar con el agua molestándome en los ojos. Empezaba a sufrir antes de lo que había previsto.

Con los ánimos del resto de nadadores parados como yo en el avituallamiento salí dispuesto a ver pronto la boya con el número 4 pintado. 4000m, pensé, como en la travesía de la Cantera, y sólo faltaría la distancia de la travesía de hogueras, me dije.

Pero el km 4 no llegaba. El mar estaba peor que nunca (o eso me pareció a mí, tal vez un nadador experimentado vería aquello casi como mar plato) y yo empezaba a estar muy cansado. Mentalmente cambié la estrategia, centrándome solo en contar las boyas intermedias. Metas cortas. Pensamiento maratoniano es lo que tienes que tener ahora, me repetía. ¡Cabeza!

No fui capaz durante mucho tiempo y llegué a plantearme seriamente el abandono. El cansancio podía conmigo y la cabeza fallaba. Mala combinación. Miraba a lo lejos y Santa Pola me parecía que estaba todavía muy lejos y que era muy pequeño.
Por suerte, supongo que el haber soportado esfuerzos de larga duración y poner al límite el cuerpo como lo hace un maratón conseguí superar el primer gran bache de la travesía. Llegué al km 4, animado por un piraguista que llevaba agua que no dudé en aceptar, siendo consciente en ese momento de lo deshidratado que estaba a pesar de haberme recompuesto un poco en el avituallamiento.
Paré cerca de la boya, me ajusté las gafas y hablé unos segundos con el grupo que estaba parado allí, esperando a juntarse con un compañero rezagado para seguir juntos.
Mentalmente aquello me dio oxígeno, me despejó, y permitió iniciar la búsqueda del km. 5 algo más animado.

Por desgracia, el físico seguía ahí, desgastado, y los buenos propósitos duraron apenas 400m. Seguía yendo muy lento, estaba cansado y un piragüista confirmaba que el mar no acompañaba, pues nos corregía la dirección, indicándonos que fuéramos hacia una boya lejana porque la que debíamos seguir a continuación se había movido muchos metros a la derecha por la corriente y el oleaje.

El camino se me hizo eterno, pero cuando por fin apareció la boya del km 5 vi la luz. Me detuve de nuevo para ajustar las gafas otra vez (me pasé de presión y dolían) y pude hablar de nuevo con el mismo grupo del km4. La chica que lideraba su travesía terminó de animarme: "quedan 900m y mucho antes de acabarlos ya estás con los pies en la arena. Hemos terminado ya"

Cómo nos la juega la cabeza. Metros atrás valoraba mandarlo todo a paseo y salirme, sentía que el cuerpo no daba para más y sin embargo aquellos 900 metros los nadé más rápidos que cualquiera de los 2000 anteriores. Escuchaba a lo lejos la megafonía de la meta (¡civilización, al fin!), veía cada vez más cerca las banderas de la llegada y para mis adentros no podía dejar de gritarme "¡joder, que ya está!¡conseguido!"

Mucho antes de lo que pensaba, centrado en llegar lo antes posible a la playa, conseguí hacer pie. Me parecía increíble. Llevaba más de 3 horas flotando en el agua y la última vez que había pisado arena era en Tabarca. En aquel momento, por fin, me levantaba en la playa de Santa Pola. Estaba rendido, no podía correr hacia la meta y malditas las ganas que tenía de hacerlo. Me tomé con calma la llegada a la alfombrilla que indicaba el fin de la travesía, disfrutando el momento. Lo había conseguido, en 3:12, 3:10 reales. No hay palabras para describir aquello.














A pie de meta estaba el gran Pascal, compañero de Aquatic, que no había participado pero que se había acercado a  la playa para ver a los nadadores del club y echarnos una mano en la meta. Me dio una botella de agua fría que agradecí infinitamente e inmortalizó mi entrada en meta con su cámara (mil gracias por todo :) )

Un pasillo bajo una carpa en la que aspersores de agua en el techo nos permitían quitarnos la sal del cuerpo nos llevaba a la zona del avituallamiento. Comí y bebí de todo, como si fuera a prohibirse, recargando las baterías de mi maltrecho cuerpo que pedía a gritos relax y cama recuperadora.

Pude ver a otro compañero, Fran, que había hecho como el resto de nadadores del club, un tiempazo y me confirmaba que el mar no estaba para grandes marcas aquella mañana.

Pues será de broma, pero en esta foto con Fran yo me sentía como si hubiera ganado la travesía :)
Creo que no voy a quitarme este polo ni para dormir jjaja


 Había tardado mucho más de lo esperado (contaba con llegar en 2:50 máximo) pero no me importaba. Ser el 40-50 por la cola tampoco era algo que me preocupara. Llegar a la meta, haber conseguido salir de la isla de Tabarca y llegar a la playa de Santa Pola lo valía todo, independientemente de la marca o el esfuerzo. Aquello revivía en mí las sensaciones de cruzar la línea de llegada de un maratón. Felicidad en estado puro.

Hoy, con más calma, veo el esfuerzo invertido para conseguir terminar la travesía y tengo claro que por ahora mi límite de distancia a nado este, 6km. Con lo lento que soy no puedo permitirme esfuerzos de más duración, no creo que pudiera con ellos y psicológicamente no estoy preparado. Mi segundo año como nadador, que se inicia a finales de julio, se centrará en mejorar técnicamente y ganar velocidad, con travesías de menor distancia por el camino. El año que viene, si el sorteo me da de nuevo la oportunidad de volver a esta travesía, intentaré (será sencillo, vista mi marca xD) bajar todo lo que pueda el crono final.

En cuanto a organización de la travesía, de 10. Siempre acompañado por kayaks, siempre con barcos a la vista, constantemente rodeado de nadadores a pesar de mi pobre nivel. Boyas visibles siempre, una sensación de seguridad asombrosa durante todo el recorrido. Creo que cualquier travesía debería aspirar a ser como esta Tabarca-Santa Pola: Sobresaliente.


Ahora que he decidido incluir las crónicas de las travesías en el blog, no dejar fuera lo referente a natación, la próxima entrada será la relativa al acuatlon de Campello del próximo domingo: 500m de carrera, 1km de natación, 1km de carrera, 1km a nado y 500m de carrera (siempre por arena blanda)
Promete ser "divertido"

Os lo cuento en la próxima entrada del blog.
Gracias por estar ahí.
Saludos.

PD: Como en los maratones, es de obligado cumplimiento un párrafo al menos de agradecimientos: Como siempre, la familia animando ha sido pilar básico (mención especial a mi hermana, con la que espero algún día hacer esta travesía que ha tenido que perderse aún teniendo plaza). Por descontado, gracias mil también al club, animando siempre, a Pascal por vivir tan intensamente este deporte y cuidarnos tan bien y a Alex Asensi, que siempre cree en mí mucho más que yo mismo y sabe que sus entrenamientos me van a permitir lograr estos retos y siempre afirma rotundamente que podré con ello. Por descontado, los ánimos y felicitaciones de los amigos más cercanos son impagables también y un simple mensaje de whatsapp antes o después de la travesía ha sido un chute de moral impagable. Mil gracias a todos.

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