sábado, 15 de abril de 2017

SCHNEIDER ELECTRIC MARATHON DE PARIS 2017

¿Cuántas veces en la vida se puede pensar, saber, ser consciente, de que se está viviendo un momento, una situación, una experiencia, que van a ser inolvidables, que te van a marcar para siempre (para bien), que son una parte de tu vida que no vas a olvidar nunca? Los tres días que pasé en París hace una semana forman ya, sin duda parte de esas experiencias vitales imborrables, por lo que significaron en lo personal y lo deportivo, y son merecedores del ladrillazo que vais a tener que soportar si decidís seguir leyendo la crónica del maratón de París que queda debajo de este vídeo que os pongo para que os hagáis una idea del recorrido y de la grandeza de esta carrera.

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El camino al maratón ha sido un trayecto duro, cargado de kilómetros y de batalla mental, luchando contra la pereza y el cansancio, sobre todo en las últimas semanas, pero toda la preparación me parecía incluso escasa al final, porque de nuevo, enfrentarme otra vez a la distancia reina de las carreras en ruta aunque ya tuviera cuatro maratones en mis piernas me parecía un reto casi imposible, una meta que aunque los test y los entrenamientos ponían, en teoría, a mi alcance, incluso en mejores condiciones que en años anteriores, yo no acababa de tener claro que pudiera conseguir.



Con estas dudas y temores en mi cabeza llegó por fin, el pasado jueves, el momento de salir hacia París. Cuando hace un año comenté la idea de correr el que sería mi primer maratón fuera de España no tuve que insistir mucho para conseguir acompañantes, y allí estábamos en el aeropuerto de Alicante, 365 días después, amigos de toda la vida, Ramón, Rafa, MªJosé  y yo, dispuestos a afrontar el reto de correr 42197m.

Haciendo tiempo en el aeropuerto antes de salir hacia París
La elección de vuelos, transporte, alojamiento, todo salió a pedir de boca y en poco más de 2 o 3 horas ya estábamos en la capital francesa, con el tiempo justo para acomodarnos y dormir, pues teníamos dos días por delante para hacer algo de turismo antes de echar a correr el domingo.
El viernes nos despertamos pronto y aprovechando la cercanía, apenas 15 minutos, de la feria del corredor a nuestra casa, dimos nuestro primer paseo por París para hacernos con el dorsal.
Estar en la puerta del recinto 15 minutos antes de la apertura de la feria nos permitió recoger todo con comodidad y visitar una feria que no me pareció tan grande como habría esperado de una carrera tan importante.




Estuvimos el tiempo justo para recoger todo, comprar geles, y hacernos con algo de ropa de la que probablemente era la única marca española de la feria, Hoko. Había ganas de descubrir París, pero esto es algo con lo que no os voy a aburrir aquí y que resumiré con las fotos que os dejo a continuación.

Comiendo algo en Montmartre

Sacré Coeur


Vas caminando, los comercios de la avenida empiezan a ser "diferentes" y... ¿¿Moulin Rouge??

Vistas desde lo alto del Arco del Triunfo

La salida de la carrera, a mi espalda





Vistas desde los casi 300m de altura del mirador de la Torre Eiffel



Notre Dame...


Louvre

Comilona nada recomendable el día anterior a la carrera
El pateo turístico los días previos al maratón era obligatorio. No habíamos ido a París a estar quietos hasta el día de la carrera y estaba claro que el descanso lo íbamos a dejar para la última hora de la tarde del sábado, pero esto era algo con lo que yo no había contado. El primer día caminamos muchas horas y muchos kilómetros y el segundo día por la mañana notaba que el cuerpo no había descansado bien de la caminata del viernes. Me puse un calzado más cómodo para el segundo día pero el mal ya estaba hecho. La noche previa a la carrera notaba los gemelos cargadísimos y algo me decía que el descanso de aquella noche no iba a ser suficiente para recuperarme por completo. Dormir fuera de casa, madrugar (tocaba levantarse poco antes de las 6)... todo jugaba en mi contra.

Y llegó el gran día. Como en los cuatro maratones anteriores la noche antes de la carrera fue malísima. A las 4:30 abrí los ojos y mal dormí un poco más hasta las 5:45. Tal como me temía, los tendones detrás de la rodilla seguían protestando y creando una tensión inquietante en los gemelos.
Conocedor ya de cómo se las gasta mi estómago no improvisé en el desayuno y no faltaron el café, los plátanos y las tostadas con pavo habituales en mi dieta diaria. Había echado a la maleta algo de voltarén y me lo apliqué repetidas veces en la zona en la que había molestias, pero estaba claro que el remedio llegaba muy tarde. ¿Qué pasaría después en la carrera?



Unas cuantas paradas de metro, trasbordo, más paradas de metro y salíamos cerca del arco del triunfo, junto a la avenida de los Campos Elíseos, salida del maratón. Habíamos llegado con mucha antelación por lo que hubo tiempo para un café y visita al WC allí mismo, en una cafetería de la avenida y poco después ya estábamos metidos en nuestro cajón, alucinando por la magnitud del evento.

¡Preparados!
Aquello era impresionante. La inmensa avenida desde la que salíamos descendía suavemente y desde nuestra posición se podía ver con claridad la marea humana que teníamos por delante, hasta el arco de salida. Íbamos escuchando la cuenta atrás de los cajones más rápidos que el nuestro, por megafonía, mientras íbamos acercándonos poco a poco a la salida.

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Partieron los del cajon de la élite, los de 3:15...No tardó en escucharse la que sería nuestra cuenta atrás: cinq, quatre, trois, deux, un ...
y arrancábamos. Allí estábamos, en la misma avenida que tantas veces había visto en televisión, en la llegada del Tour de Francia, dispuestos a recorrernos París de punta a punta junto a 46000 corredores

Imagen de la salida de aquella mañana.
El inicio de la carrera invitaba a acelerar, a correr rápido. Cuesta abajo, con la emoción de estar por fin en el maratón, de estar corriendo por París, había que regular un poco el ritmo y no dejarse llevar. Las vistas no podían ser mejores en los primeros kilómetros. Dejábamos la plaza de la Concordia atrás en el km 1, veíamos el Louvre poco después... Intentaba no pensar demasiado. Había decidido intentar correr al ritmo de Rafa y Ramón, olvidándome de las malísimas sensaciones de las piernas, pero veía que incluso a 5:15 / 5:20 de media las piernas protestaban. Me intenté olvidar del asunto convenciéndome de que una vez entrado en calor aquello iría a mejor (eeerrroorr!)
La llegada a la plaza de la Bastilla coincidía con el primer avituallamiento y nos permitió descubrir el que sería uno de los mayores problemas de la carrera. Habituados a avituallamientos largos, a ambos lados de la calle, no contábamos con encontrarnos una zona de bebidas cortísima, situada únicamente a la izquierda y además en la zona más estrecha de las cercanías a la plaza. Hubo que frenar, casi pelear, para conseguir la primera botella de agua y también para poder retomar el ritmo.
Poco después de este contratiempo, camino a una de las dos zonas boscosas que había en la carrera, una en cada extremo del circuito, las calles empezaban a subir suavemente.

Menudo paseo por París nos íbamos a dar
Había estudiado el perfil de la carrera y contaba con ello, pero en el papel no me dio la sensación de que la subida fuera tan dura. Tal vez no lo era, pero en ese momento no quise asumir que las piernas no estaban para muchos excesos esa mañana, así que animado por la charla con Rafa y Ramón y por el público mantuvimos el ritmo, que seguía siendo más lento del que yo tenía previsto, aunque muy en el fondo ya empezaba a olvidarme de marcas.

Seguíamos subiendo una vez metidos en el bosque de Vincennes, al este de París, viendo a lo lejos el castillo del mismo nombre, y mis piernas iban sufriendo cada vez más. Cuando pasamos el castillo decidimos hacer una parada en los setos que había cerca de los árboles, que permitían aliviar la vejiga discretamente. En mi interior agradecí esta parada, más por el descanso de las piernas que por la descarga de líquido, y empecé a sentir que definitivamente no era mi día.
Aún así decidí pelear hasta el medio maratón. Sabía que en el giro del km 15 empezaba una larga bajada seguida de llano así que no debería haber problema en mantener el ritmo que llevaba hasta el momento. Se iba a paseo la idea de reventar mi marca personal pero aún contaba con poder acompañar a Rafa y Ramón, y acabar con ellos me parecía incluso mejor que cualquier tiempo en el crono.



No tardé demasiados metros en darme cuenta de que, como me temía, había problemas. Ni cuesta abajo podía mantener el ritmo. Avisé a mis amigos y les dije que tiraran sin mí, sin buscarme. Poco a poco los vi adelantarse mientras empezaba mi lucha interna por mantener la cabeza fría. No llevábamos ni media carrera y un ritmo mucho más lento del esperado era imposible para mí. Los gemelos, lejos de haber mejorado al entrar en calor, seguían sintiéndose tensos y duros como piedras. Estaba en problemas, sin haber llegado tan siquiera al km 21.

Me intenté distraer, seguir adelante si pensar mucho, animado por incontables allez Jordi! que gritaba el público francés a mi paso, al ver mi nombre en el dorsal, chocando las manos a los chiquillos que me la ofrecían, agradeciendo el aliento de los parisinos como podía. Llegué incluso a ponerme de nuevo al nivel de Rafa y Ramón, pensando en ese momento que si había llegado otra vez a su paso tal vez ir acompañado me permitiría correr algo mejor y olvidar lo que seguía esperando que fuera un bache temporal.

No fue así. Pasado el medio maratón, sin haber llegado todavía de nuevo a la altura de la plaza de la Bastilla en sentido contrario, tomé la mejor decisión que podía en aquel momento. Tocaba frenar, y mucho. Ya no era una cuestión de marcas, de hacer más o menos tiempo. El problema, preocupante, estaba en mis gemelos. A aquel paso sentí que seguir forzando me llevaba de cabeza a la lesión, a ser por primera vez parte del grupo de lesionados que me encontraba en los maratones a partir del km.28.

Era muy pronto para tener aquellas malas sensaciones. 21km nada más, y las llevaba sintiendo 6km atrás. ¿Qué pasaría en las proximidades del muro del km30?

Me dije que el ambiente, el paisaje, las vistas (¡joder, que estás corriendo en París!, me repetía) me permitirían llegar en condiciones al menos hasta la zona de la Torre Eiffel, que ya tenía estudiada y que coincidía aproximadamente con el km28 o 29.
En mi cabeza sonaban los comentarios de Ramón de la noche anterior. Él aspiraba simplemente a terminar, fuera en 3:45, 4 o 4 horas y media. En aquel momento lo di por bueno, acabar sin más. ¿Tocaba frenar? Perfecto, se soltaba el acelerador, pero no habíamos volado tantos km, no había entrenado tantos meses para salirme en ese punto, para rendirme o para forzar y quedarme fuera de la carrera. No esa mañana.

Empezaba en ese punto el tramo de maratón más sufrido que recuerdo. Las vistas del Sena o Notre Dame apenas me hacían olvidar las malas sensaciones de las piernas. Un larguísimo y caluroso túnel que empezaba en el km 25 y acababa en el 26 contribuía aún más a mi sensación de agobio, añadiendo, además, cuestas al recorrido (¿quién me dijo que era una carrera llana?)



Seguía con la meta volante de la Torre Eiffel en la cabeza. Pensaba en llegar allí y después que viniera lo que tuviera que venir. Los avituallamientos seguían siendo un maldito desastre organizativo, agravado además por la cantidad de fruta que caía al suelo, lo que unido al agua convertía algunas zonas en verdaderas pistas de patinaje en las que no dudé en frenar más todavía para evitar alguna lesión.

A la salida de un túnel, cuesta arriba, lentísimo, tuve por fin a la vista la Torre Eiffel. El ritmo se había desplomado a casi 6m/km pero en aquel momento ya me daba igual todo. Solo esperaba que los gemelos no reventaran y no ser yo de repente uno de los muchos corredores que empezaba a ver caminar o estirar, lesionados.

Escuché en ese punto entre el público los ánimos de MªJosé, que había quedado allí con Rafa, y aunque no la vi levanté la mano indicando que la había escuchado, agradeciendo una voz conocida a esas alturas de la carrera.

¿Qué está pasando aquí? parezco decir en esta foto xD
Los kilómetros comenzaron a hacerse eternos. Recordaba el plano del circuito y sabía que estaba, con diferencia, en la zona menos atractiva de la carrera, aunque había muchísimo público y en ocasiones se estrechaba tanto la calle que solo podíamos correr en paralelo dos personas y frenándonos (algo que agradecía, en el fondo).

Dicen que el km 30 es el del famoso muro, el punto del maratón donde se empieza a sufrir de verdad, donde empieza en realidad la carrera. Yo, que llevaba sufriendo de lo lindo desde el km 15, no me tomé ese punto de la carrera como nada especial. Choqué la mano al DJ que había en la marca del muro, agradeciendo que me animara por mi nombre por megafonía, y seguí adelante.

Mur du 30, como se leía en la marca de este punto kilométrico. Tocaba aprentar los dientes y seguir.
Mi siguiente meta volante, mi objetivo más próximo, fue llegar entero a la entrada del bosque de Bolonia, en el km. 34. Recordando la altimetría sabía que tenía por delante la peor de las cuestas del circuito pero que pasado ese punto llegaban 7km que debían ser cómodos, en suave descenso o llanos.
El ritmo medio por km era cada vez más lento. Tomar geles o beber en los avituallamientos hacía que se perdieran muchos segundos pero parecía que las piernas, aún sufriendo, seguían enteras, que era lo único que me importaba, así que intenté seguir con la cabeza fría.

Comencé a recordar trayectos conocidos en Alicante, entrenamientos de distancia parecida a la que todavía tenía por delante, para autoconvencerme de que aquello estaba casi hecho ya.
El bosque de Bolonia era más bien el bosque de The Walking Dead. Cada vez más corredores caminaban, se quedaban tirados en los laterales, lesionados, solicitando asistencia, o corrían con gesto torcido, con caras que reflejaban mucho cansancio y sufrimiento por un calor que cada vez era más molesto (unos 26 grados, en aquel punto, creo).

Tuve momentos en los que pensé que había remontado, pues me daba la impresión de que no iba tan mal como en otros puntos del circuito, pero la vista del ritmo en el Garmin, a 6m/km pelados, me devolvía a la realidad. Un ritmo que no fui capaz de remontar ni cuesta abajo.

Estaba siendo muy duro, como nunca. Me noté tan flojo que en el avituallamiento del km.35 no dudé en jugármela y en lugar de tomar geles comí frutos secos y gominolas. Había tomado kms atrás pastillas de sales para que el exceso de sudoración no me la jugara en forma de calambres en unos gemelos ya de por sí maltrechos y en aquel momento, viendo que empezaba una bajada muy cómoda, sentí que el peligro de lesión había terminado.
No había más cuestas, no iba a forzar (no podía y malditas las ganas que tenía de acelerar) y con el km 38 a la vista la carrera estaba mentalmente ya terminada. 4 km no eran nada.
A mi infra-ritmo pude empezar a imaginarme la meta. Sabía que después de ver el edificio de la fundación Louis Vuitton el km 40 estaba cerca y de ahí a la salida del bosque y a la meta no había nada.



Estaba muy animado, para mi sorpresa. Peleando km a km, buscando pequeñas metas, poco a poco, había avanzado casi toda la segunda mitad del maratón y la línea de llegada estaba cada vez más cerca. Saludé a un corredor del Cartagena que empezaba a flojear en el el 41, y ahí sí, intenté acelerar un poco y miré el reloj por primera vez en mucho tiempo. Iba a pasar de las 4h y decidí intentar que no fuera por muchos minutos o segundos apretando todo lo que pudiera en el tramo final (pensamiento estúpido, lo sé xD)
Antes de llegar al km42 salíamos por fin del maldito y eterno bosque de Bolonia y por fin se volvía a ver la ciudad. Miraba a lo lejos pero no conseguía ver la meta hasta que después de un pequeño giro por fin tuve a la vista el arco de la meta.
No me lo podía creer. Había aguantado sin lesión, iba tocadísimo desde antes del medio maratón pero ahí estaba, viendo el arco del triunfo a lo lejos y gritando de alegría, camino de la línea de llegada.

Explosión de alegría y endorfinas
Mi cara al más puro estilo John Rambo lo dice todo xD
Completaba el maratón en 4:03:26, lejísimos del objetivo, de las 3:40 previstas, pero en aquellas circunstancias, viaje, sensaciones, etc. lo daba por bueno, aunque fuera mi 2º peor tiempo en maratón. Me reunía poco después con Rafa y Ramón, que también habían sufrido de lo lindo, llegando en 3:53 y 57 si no recuerdo mal. Joder, me volvía a echar a las piernas los 42197m de un maratón y era el de París, una carrera solo superada en participación por NY y después de dos días de turismo con los mejores amigos que se puede tener. ¿Podía quejarme?¿En serio?

Momento impagable

Quién me lo iba a decir, en el km 15 :)

Poco después pude echar un vistazo a las clasificaciones y aunque mi tiempo me parecía muy flojo, para aquella carrera no debía serlo tanto: posición general 16858 de 42456 corredores (unas 3000 bajas hubo...), 14872 de 32110 hombres y 5218 de 10673 en mi categoría. Ligerísimamente por encima de la media, para mi sorpresa.

La carrera me dejó con las baterías al 1%, con las defensas tan bajas que al día siguiente el labio superior reventaba de lo que comunmente se conoce como "fiebre", y la fatiga tardó unas 48 horas en desaparecer. Había sido durísimo pero había podido con ello. El maratón me golpeaba duro pero una vez más no me tumbaba.
El viaje, la compañia de los amigos, todo fue perfecto. Como os contaba al principio (¡la leche!, releo y eso son muchísimas líneas por encima de esta xD ¡perdonad!) han sido tres días de pura vida, un regalo que nos hemos encontrado en el camino que a saber cuándo podremos disfrutar al mismo nivel y con la misma intensidad.
No hay palabras de agradecimiento suficientes para todos los que en su momento animaron o se interesaron por esta sana locura de correr que se ha apoderado de mí a la vejez (menos de un mes para los cuarenta. Sí, me empiezo a sentir mayor :-/  ) para amigos, familia, compañeros de trabajo, todos los que han tenido palabras de ánimo o de felicitaciones por haber superado el reto. Mil gracias a todos, pero sobre todo a mi grupo de viaje. Hacía años que no lo pasaba tan bien amigos. Sois los mejores.

Llegado a este punto, en otros maratones siempre digo que tengo claro que repetiré, que una experiencia así crea adicción, que el chute de endorfinas es tan adictivo que necesitas más y más... Pero en esta ocasión algo debe haber cambiado. Estoy muy contento y orgulloso de mí mismo por poder haber terminado el maratón. No hay decepción por no lograr la marca esperada. Asumo que dos días de turismo cansan y tengo claro que de no llegar tan bien preparado como lo hice quién sabe si hubiera podido terminar. No cambiaría absolutamente NADA de mis 3 días en París pero admito que estoy algo quemado. El desgaste que supone preparar esta carrera condiciona gran parte de la temporada. El reto lo merece, por supuesto que sí, pero tal vez ahora que acabar el maratón es algo que me he demostrado varias veces que puedo cumplir, puede que la búsqueda de un mejor crono en esta distancia no me motive tanto como la de mejorar en carreras más cortas, de 10 o 21km.
No hay NADA comparable con terminar un maratón, está claro, pero creo que esto de correr un maratón al año va a cambiar. He disfrutado esta temporada corriendo más carreras cortas que la anterior, y esa sensación también me parece muy agradable. Quiero poder competir muchas carreras, participar al menos. He recordado lo adictivo que es también el "efecto dorsal" y aunque buscar mejoría en 10k o medio maratón también es muy exigente creo que ahora mismo me apetece mucho más eso que pensar en un maratón a medio o largo plazo.

Quién sabe. Otro viaje con amigos, otra ciudad extranjera, seguramente no hará falta demasiada insistencia para hacerme "caer" de nuevo, pero ahora mismo creo que es más que probable y necesario un año "en blanco" en cuanto a maratones. ¿Aguantaré todo el 2018 sin probar de nuevo?

Ahora llegan un par de meses de relax. No pienso en competir, solo en ponerme en forma para los dos grandes retos de natación que tengo por delante. Half Oceanman Tabarca (5000m) el día 7 de mayo e intentar llegar en condiciones a Tabarca-Santa Pola (6500m), palabras mayores, en julio (no tengo claro si estaré a punto para esa fecha)

La carrera, mientras tanto, como complemento a la natación y por puro y sano disfrute, como debe ser siempre.

Os cuento cómo va todo en la próxima entrada del blog.
Gracias por estar ahí y soportar el tochazo que acaba ya xD
Saludos.

4 comentarios:

  1. Una gran crónica, me alegro que finalmente llegases a meta sin percance mayor, a veces hay que saber dosificar, hay muchas carreras y habrán más maratones (en plural) para desquitarse y mejorar. Chapeau!

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    1. Gracias! Como digo más arriba, creo que me tomo un descanso largo de maratones, aunque me conozco y más pronto que tarde caeré de nuevo en la droga maratoniana jajaj Un saludo crack

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  2. Me flipa tú crónica, que recuerdos, a ver si me pongo yo jajaja. En fin, que un orgullo poder haber compartido esos días con vosotros, sois amigos con mayúsculas y siempre que podamos juntarnos allí estaré, sea para Maratón o para café. Y de lo de relax correril, lo veo superbien, pero recuerda que la Vega Baja nos espera

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    1. Como comento al principio de la crónica, fueron 3 días impagables, no se podía pedir nada más ni nada mejor. Una gozada amigo. Ojalá este tipo de cosas las podamos seguir haciendo muchos años más. Y, por supuesto, Vega Baja Tour is coming... jajajaja

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