domingo, 29 de enero de 2017

CAMINO AL MARATÓN DE PARÍS: SEMANA 2


La media de Santa Pola ha dejado las piernas muy cansadas y ha marcado esta segunda semana de entrenamiento para el maratón. Aunque el lunes tocaba gimnasio y algo de trote suave el cuerpo pedía a gritos reposo y preferí no forzar. Con algo de sueño recuperado pero sin sentirme todavía al 100% el martes, después de nadar, salí a probar las piernas, que seguían algo tocadas por la paliza santapolera. Malas sensaciones aún corriendo a ritmos muy lentos que hicieron que costaran los 30-40 minutos previstos.
 
El descanso del miércoles hizo que me encontrara algo más recuperado el jueves. Tocaba cambios de ritmo por pulsaciones, 4 bloques de 5 minutos a ritmo alto con dos minutos de recuperación, precedidos de 25 minutos de calentamiento y terminando con 10 enfriando.
De nuevo, el cuerpo seguía sin responder como yo esperaba. Los tramos más rápidos del entrenamiento costaban muchísimo y las pulsaciones subían demasiado, con una sensación de pesadez en las piernas horrible. Cuando tocaba darlo todo la velocidad a penas superaba los 5m/km, según vi después en el resumen del entrenamiento que registró el reloj. Había dormido bien, la dieta estaba controlada...¿qué estaba pasando?
 
El viernes cambié el gimnasio por natación, aunque la paliza de entrenamiento que nos regaló el preparador fue más dura que cualquier sesión de pesas que pudiera recordar (algo que agradeceré, seguro, en mi próxima cita con la natación en aguas abiertas, después del maratón, los 5000m del Half Oceanman de Tabarca en mayo)
El sábado descansé y procuré dormir bien, intentando prepararme para los 100 minutos previstos para el domingo, en la segunda tirada larga del planning maratoniano.
 
El tiempo mejoró ligeramente y no hubo viento ni frío cuando empecé a correr en la salida más larga de la semana. El objetivo era empezar suave, sin preocupación por estar 30 segundos por debajo del ritmo objetivo del maratón (que aún no acabo de tener claro cuál será, pero mínimo, como en Barcelona) y acabar fuerte, sobre todo los últimos 10 minutos.
Decidí hacer el circuito que ya conozco de otras preparaciones maratonianas: Pegarme a la playa en dirección a Campello y cuando llevara 50 minutos volver sobre mis pasos. Recorrido cómodo, con mucha gente seguramente ya que no se estaba muy mal por el paseo marítimo y que no debería suponer ningún problema aunque no fuera mi mejor semana. No quería correr con desnivel y notarme flojo ni sentirme fuera de forma con tan poco tiempo de entrenamiento específico para el maratón en las piernas.
 
Aunque el cuerpo seguía protestando por el esfuerzo, como toda la semana, conseguí mantenerme al ritmo esperado la primera mitad. Ya en Campello, cuando tocó dar la vuelta, me tomé el gel y sentí que podría llegar bien a la parte del entrenamiento en la que tocaba acelerar y buscar un ritmo, como poco, 10 segundos más rápido que el del maratón.



Algunas fotos de la zona de Campello por la que he pasado esta mañana
De nuevo en San Juan, con hora y media de carrera acumulada en las piernas y notando cansancio pero sintiendo al mismo tiempo que podría cumplir con el entrenamiento llegó el momento de acelerar. Pasaron dos km a 4:29 y 4:30 y cuando se cumplieron los 100 minutos previstos, hora cuarenta, paré el reloj habiendo dejado atrás casi 20km, 19.75

 
Recorrido y más datos de la tirada larga de la semana

Estos kilómetros finales y las sensaciones que dejaban grabadas en mi cabeza y piernas son vitales preparando el maratón. Ya lo aprendí bien entrenando para Barcelona. Hay que acostumbrar cuerpo y mente a trabajar con muchos kilómetros acumulados y saber que se puede acelerar aunque las sensaciones no acompañen, así que aunque terminé muy cansado pienso que cumplí con el objetivo del domingo y cerré la semana mejor de lo esperado.
 
Confío en que esta semana algo floja, con sensaciones no tan buenas como cabría esperar con tan poco entrenamiento, sea solamente un pequeño bache y que pueda seguir entrenando en buenas condiciones y recuperando la buena condición física y mental que se espera para un entrenamiento tan exigente. No recuerdo un inicio de preparación maratoniana en el que haya sido necesario tanto esfuerzo físico y mental para estar a punto, pero ya se sabe, aquello de "ningún mar en calma hizo experto a un marinero" es cierto y tal vez si el camino no fuera tan difícil esto no sería, al mismo tiempo, tan atractivo y adictivo.
Confío en tener una mejor semana en la 3ª etapa del camino a París. Como siempre, os lo cuento en la próxima entrada del blog.
 
Gracias por estar ahí.
Saludos.

lunes, 23 de enero de 2017

MEDIO MARATÓN DE SANTA POLA 2017. CAMINO AL MARATÓN DE PARÍS: SEMANA 1

Al igual que en anteriores preparaciones de maratón, las actualizaciones del blog pasan a ser semanales para contaros cada siete días, aproximadamente, cómo va la preparación de la siguiente gran cita deportiva de mi calendario, el maratón de París del próximo día nueve de abril.
Como sucedió en los dos últimos maratones, no tengo todavía muy claro el ritmo ni la estrategia a seguir. Imagino que según pasen los entrenamientos y vaya viendo cómo voy en las tiradas largas podré hacerme una idea de qué nivel tendré el día de la carrera. Fijándonos únicamente en los datos que tengo hasta hoy, con marcas recientes de 10k y medio maratón que rondan los cuarenta y tres minutos y medio y hora treinta y ocho, respectivamente, todo indica que debería ser capaz de hacer una buena carrera y dejar atrás las tres horas cuarenta y siete de Barcelona, acabando cerca de tres cuarenta como poco (ver un "treinta y..." sería increíble), pero no adelantaré acontecimientos. El tiempo y el entrenamiento me pondrán en mi sitio. Por otra parte, al ser mi estreno en maratones fuera de España, no querría agonizar y quedarme fuera de la carrera por un exceso de confianza y falta de control, perderme el disfrute de una carrera que debería ser inolvidable. Cuántas dudas de nuevo, aunque vaya a ser la quinta vez que me enfrente al maratón...

Empieza la cuenta atrás...
Esta primera semana de preparación específica no ha sido tan dura como seguramente lo serán las que están por llegar, al estar condicionada por la carrera del domingo de la que os hablaré después. Pocas salidas de pocos kilómetros, algo de gimnasio y solo un día de entrenamiento de calidad, con tres o cuatro miles a un ritmo no demasiado exigente.
He complementado el entrenamiento con un par de días de natación, algo que hasta el momento me está dando muy buenos resultados, al haberme aportado algo más de resistencia en la carrera y haber logrado hacer desaparecer grasa que tenía fijada en la tripa hacía años, además de conseguir que gane algo de masa muscular (o por lo menos, definir ligeramente) en piernas, brazos y espalda.
El jueves fue el último día de entrenamiento, descansando desde esa noche para mi primera tirada larga del planning, el domingo, que gracias al sorteo que me tocó en la media de Valencia resultó ser el medio maratón de Santa Pola, una carrera en la que no participaba desde el 2015.


No llegaba con buenas sensaciones. Dos días de poco o mal descanso y un sábado muy ajetreado unidos a una dieta descuidada las últimas 48 horas no hacían prever una buena carrera.
El viernes a primera hora de la tarde ya me había hecho con el dorsal y la bolsa del corredor en la feria. El viento y la lluvia de aquella tarde también invitaban a pensarse mucho correr el domingo. El clima parecía que iba a ser un lastre añadido a mis malas sensaciones, el día de la carrera.

Echando un vistazo al circuito, en la feria del corredor
El domingo amaneció frío, ventoso y sin lluvia. Aunque dormí 8 horas no acababa de notarme descansado por completo después del sábado tan movido que tuve, con una visita express algo accidentada a Madrid y muchas carreras improvisadas para llegar a tiempo a los puntos de encuentro en la capital, además de una alimentación más que cuestionable.
 
Este año me gusta el diseño de la camiseta :)
 
De todos modos me dije que había que intentar luchar por el objetivo que tenía en mente para el medio maratón, la hora treinta y ocho y medio como muy lento, así que seguí el ritual de siempre. Desayuno con mucha antelación, salida en coche con tiempo de sobra para llegar a Sta. Pola pronto y no tener problemas para aparcar ni demasiado tráfico, descanso previo haciendo tiempo hasta las 10:05, calentamiento a la carrera desde el parking hasta mi cajón de salida (elegí sub. 1:40) y a correr.
 
El mal tiempo del fin de semana debió dejar en casa a muchos corredores, pues tuve la impresión al arrancar la carrera de que eramos muchos menos participantes que los que  me encontré en el 2015. La traca y la música de Strauss de todos los años anunciaban el arranque y conseguía situarme rápidamente a mi ritmo, con poco más de un minuto de diferencia entre el tiempo oficial y el real.
Como en ediciones anteriores, hasta que no cogíamos el camino recto en paralelo a la playa en dirección a las salinas no se corría con total fluidez, pero conseguí pasar el primer km sin mucho retraso a lo previsto, algo más de 4:43.
No había sufrido demasiado en el arranque de la carrera y seguí con mi planificación, pensando que ya llegaría el momento de echarse atrás si el cuerpo así lo pedía.
Pasaron los primeros km a un ritmo muy bueno, a penas 4:40 de media aproximadamente, más rápido muchas veces, notando que había que frenar porque las piernas se iban, y el paso por el km 5 confirmó un inicio bastante bueno.
Las buenas sensaciones no duraron, por desgracia, mucho más tiempo. En el km.6 , pasado el puerto y camino de las calas de Santa Pola del Este ya empecé a notarme flojo y pasado el espigón del puerto lo tuve claro: no era el día. El corazón latía descontrolado a un ritmo que debía (así pasó en la última media) tener más que dominado, 4:42, y las piernas empezaban a notarse rígidas y pesadas. Costaba demasiado mantener el ritmo objetivo con tan pocos kilómetros en las piernas.
 
Por ahí detrás andaba, en el centro de la imagen (Gracias por la foto Raúl Ortiz)
Empezaba a ser adelantado cada vez por más corredores y el reloj no paraba de marcar kilometros cada vez más lentos. Me dije que con las sensaciones de aquel momento y con tanta carrera por delante todavía, lo último que necesitaba era ver en el Garmin pulsaciones altas y ritmos cada vez más cercanos a 5m/km, así que antes del km 9, cerca del giro en Santa Pola del Este que cambia el sentido de la carrera y sube la única cuesta del circuito, me quité el reloj de la muñeca y decidí no volver a mirarlo.
 
La subida hasta el km 11 costó muchísimo y sentí que era el momento de tomar el primer gel, aprovechando el descenso hasta poco después del km 12.
Estaba cansado y sabía, por haber participado ya varias veces, todo lo que tenía por delante todavía.
Mantuve el tipo en el paso por las cercanías del Castillo de Santa Pola, animándome un poco al ver tanta gente en la calle que, como siempre, animaban a los corredores, muchas veces llamándonos por nuestros nombres, visibles en el dorsal.
En mi cabeza solo pensaba en una cosa: concentración. Llegaba la zona más monótona del circuito, coincidiendo además con un momento de la carrera en el que ya se acumulaban muchos km, 16. Había visto en el paso por el km 15, en el reloj oficial, que rondaba la hora trece, así que por lento que fuera, a 5 el mil, aún podría salir un tiempo no tan flojo como había imaginado.
 
Con la lengua fuera
En aquel momento tocaba echar muchos metros en dirección a las salinas, viendo durante 2km a corredores volviendo en sentido contrario ya hacia el puerto, la meta, que parecía muy lejana en aquel momento. Un tramo psicológicamente bastante duro, que ya me había hecho sufrir en otras ediciones en las que llegaba a aquella zona sin las fuerzas necesarias.
Las piernas en este punto del circuito empezaron a recordar sensaciones parecidas a los momentos de vacío del maratón, en los últimos kilómetros. Demasiada tensión, demasiada fatiga, me decía. Era el momento del segundo gel, que tomé sin mucha confianza en sus efectos.
 
Llegó por fin el km 18 y con él la vuelta hacia el puerto, terminando por fin de alejarnos de la meta, encarando una recta larguísima que ya conocía y que conseguí correr sin perder la concentración, soportando las malas sensaciones y viendo como seguía siendo adelantado por más y más corredores, muchos de los cuales recordaba haber adelantado muchos km atrás. Cuando, a lo lejos, vi el km 20 sabía que después de dos giros la recta final estaba ya a la vista.
 
Me habría gustado poder acelerar, pero el cuerpo no daba para más. Las piernas consiguieron subir un poco el ritmo en los últimos 200 metros, cuando ya veía el reloj y descubría que después de lo mal que me había sentido durante toda la carrera el tiempo final no era tan desastroso, después de todo.
 
Recta final (ojo a la tensión de músculos y tendones de la pierna de apoyo, a punto de explotar)
 
Pasé el arco de meta en 1:43:38, 1:42:47 real, posición 1883 de 5909 entrados a meta, 1811 de 4799 hombres y 443 de 1049 en mi categoría. Lejos del objetivo, pero con una lección de cómo correr con malas sensaciones bien aprendida que seguro será muy útil en abril en las calles de París.
 
Con la meta a mi espalda, por fin. Otra media a las piernas.


 
La zona de meta este año (no sé si el anterior también) era distinta a lo que recordaba, mucho más larga y alejándonos del espigón al principio, algo que seguramente permitió que no se acumulara mucha gente y que hizo la recogida del agua, fruta, dulce, etc. muy rápida. Muy buena organización, en mi opinión.
 

Las medallas y toallas que acreditan que acabas una media en Sta.Pola siempre hacen ilusión :)

A por la próxima semana.

El inicio del camino al maratón de abril no podía ser más duro y exigente. Una media en la que desde el km 7 tocaba correr con mal cuerpo, sabiendo tan pronto que el objetivo quedaría lejos, 14km que exigieron tener la cabeza fría, no tirar la toalla y recordar que muchas veces, esto ya lo he vivido en más de una ocasión ya, es posible seguir adelante aunque no sea tu día. Creo que mentalmente, desde hace ya muchos meses, estoy mucho mejor entrenado que antes y esto va a ser decisivo, seguro, cuando toque enfrentarse con los 42km del maratón. No habrá más competición, probablemente, hasta el medio maratón de Murcia en marzo. Solo entrenamiento y más entrenamiento para llegar en condiciones al que espero que sea mi mejor maratón el 9 de abril en la capital francesa.
Como siempre, os iré contando semana a semana cómo va todo. ¿Me acompañáis?
 
Gracias por estar ahí.
Saludos.


miércoles, 11 de enero de 2017

10K VALENCIA IBERCAJA 2017

Hacía ya un par de años que leía los resultados y las crónicas de las carreras de diez kilómetros de Valencia, la que corre al mismo tiempo que el maratón en noviembre y la de enero, y siempre me decía que algún día probaría para conocer otra de las tres grandes pruebas valencianas junto al maratón y la media. Cuando se abrieron las inscripciones para el 10k Ibercaja del pasado domingo, con precio reducido las primeras y con una bolsa del corredor espectacular, no dudé y decidí que la primera carrera del año sería este carrerón, que en esta edición veía pasar por la meta a más de 10000 corredores.


No pude acercarme a la feria del corredor el viernes o sábado, así que tocaba madrugar a las 5:00 el domingo para llegar con tiempo de sobra a Valencia y recoger la bolsa del corredor y el dorsal (mil gracias, Fernando G. de la organización por la ayuda). Entre el madrugón, el resfriado que arrastraba toda la semana y la bajísima temperatura que encontré al bajar al coche, a penas 3 grados, no era muy optimista aquella mañana sobre el resultado de la carrera y me conformaba con poder acabarla bien, sin sensación de ahogo o malestar por el constipado que por suerte parecía empezar a curarse la noche anterior. Gracias al magnífico servicio de guardarropa no tardé nada en cambiarme y empezar a calentar, cubierto con braga, guantes y cubrebrazos, recorriendo arriba y abajo el Paseo de La Alameda desde el que se daría la salida a las 9:30

Muuucho frío antes de empezar a correr
Una vez localizado el cajón de salida y después de un momentazo motivador dirigido por el gran speaker de la carrera (echad un vistazo en google a los vídeos de la salida y lo entenderéis) arrancaba la prueba. No había conseguido entrar en calor y tenía la sensación de que ni siquiera podría rodar a un ritmo superior a 4:30, pero estaba animado. Correría sin presionarme con los tiempos. No era el día para competir a tope, me decía.

Autofoto en el cajón de salida. No sabía cómo taparme más
La salida fue sorprendentemente fluida. La avenida era muy amplia y podría haber soportado sin problema un arranque con 5000 corredores más. Empecé siendo muy cauto, tratando de que no me pasara como otras veces y que los primeros metros pasaran a más de 4:10. Cuando decidí echar un vistazo al reloj me sorprendí viendo que sin darme cuenta estaba clavando el ritmo a 4:20, sin notar demasiado el esfuerzo.
Los dos primeros kilómetros, en paralelo al río por el paseo, pasaron muy rápidos y los dediqué a estar muy pendiente del ritmo, de no pasarme de velocidad. Sin mucho esfuerzo la media se mantenía cercana a los 4:20,  a veces algo más rápida, y las piernas y la garganta no daban problemas a pesar de la semana de constipado.

Dejaba atrás el puente de l'assut d'or, en la zona de la Ciudad de Las Artes y Las Ciencias, entre el Ágora y el museo, iniciando el recorrido de nuevo en paralelo al río por la orilla opuesta, y las vistas y las marcas en el asfalto me recordaban el maratón del 2013. Esta parte del recorrido, casi final del maratón, me traía muy buenos recuerdos y junto a las inesperadas buenas sensaciones que empezaba a tener en aquel momento de la carrera me animé y, aunque no quise forzar, empecé a pensar que tal vez podría salir bien la carrera después de todo.

Circuito, llano, sin giros, con avenidas amplias y largas. Muy rápido.

Todavía en paralelo al río la carrera seguí avanzando hacia el kilómetro cinco, que pasé en algo menos de 22 minutos. Desde el segundo kilómetro los avisos del Garmin cada mil metros llegaban mucho antes que los puntos kilométricos marcados en el asfalto, así que no podía fiarme de lo que dijera el reloj, aunque sí que podía estar pendiente del ritmo que marcaba por el camino.
Pasaba el ecuador de la carrera en un tiempo que me permitía pensar en récord personal, pero todavía no acababa de creérmelo. Me encontraba muy bien, pero el resfriado y la congestión nasal debían notarse en algún momento, pensaba, así que me repetía que todo lo que consiguiera correr al ritmo que estaba manteniendo sin demasiado esfuerzo sería bienvenido.

Cruzamos de nuevo el río por el Puente del Real en dirección a la zona de la avenida Blasco Ibáñez y empecé a notar el cansancio y el esfuerzo acumulado pero estaba muy concentrado y disfrutaba de la carrera como hacía tiempo que no me sucedía en un 10000. Si por casualidad notaba que me había despistado y el ritmo bajaba mucho aceleraba un poco hasta ponerme de nuevo a la velocidad que quería y el cuerpo respondía. ¿Por qué no probar a arañar algunos segundos a mi récord personal? , me dije al pasar por el km 7

Aunque quedaban 3000m esta distancia no me pareció muy grande en aquel momento. Recordaba los entrenamientos y las sensaciones en los cambios de ritmo y pensé que a pesar de que las energías estaban empezando a agotarse podría acabar bien la carrera. Seguía sin tener claro el tiempo final y me dije que ya lo vería con calma en el km 8

En las proximidades del Mestalla, con a penas 1000 metros por delante para terminar ya estaba claro: tenía en las piernas la posibilidad de bajar un poco los 43:46 de Murcia si aceleraba y conseguía un último km a menos de 4:18 aproximadamente. Subí el ritmo después de pasar el km 9, demasiado, y llegué muy justo a la recta final, de nuevo en el paseo de la Alameda. Miraba a mi derecha unos carteles que indicaban la distancia que quedaba hasta la meta. 500m, 200m... cuando pasé este último me dije que lo que faltaba era una serie corta, como en los entrenamientos, y pude acelerar un poco más.

Crucé la línea de meta en algo más de 44 minutos oficiales, pero un vistazo al tiempo real confirmó lo que había sospechado toda la carrera. Caía por unos pocos segundos mi récord personal de 10k, quedándose en 43:36, lo que me dejaba en aquella carrera en la posición 1639 de 10883 en la clasificación general, 916 de 3854 de mi categoría y 1577 de 7633 hombres. Cómo había disfrutado, qué contento estaba y qué poco me lo esperaba :)

Gran carrera, contra todo pronóstico
¿Qué os parecen la camiseta, guantes y gorro de la bolsa del corredor?
Carrera de 10 en todos los aspectos. Una organización casi perfecta, circuito rapidísimo, nada cara si te inscribes a tiempo... No descarto volver, porque ¿qué habría pasado si llego a correr sin constipado y sin sufrir el madrugón? Creo que repetiré para despejar las dudas.

Con la moral por las nubes y casi recuperado del resfriado no puedo dejar de pensar en la siguiente carrera, la media de Sta.Pola del próximo día 22. Creo que puedo mejorar mi marca de Torre Pacheco y tratar de ver menos de 1:38 al final y también estoy muy animado respecto a los 10k y no descarto acompañar a mi amigo Ramón a la media de Torrevieja para correr el 10000 que sale ese mismo día a la vez. Todo parece indicar que el estado de forma sigue y seguirá mejorando, así que habrá que ponerse a prueba.

Os cuento cómo va todo en la próxima entrada del blog.
Gracias por estar ahí.

Saludos.

domingo, 1 de enero de 2017

XXX SAN SILVESTRE INTERNACIONAL CREVILLENTINA 2016


¡Feliz año a todos! Como no podía ser de otra forma, el 31 de diciembre tocaba despedir el año corriendo en Crevillente, algo que llevo haciendo sin fallar a ninguna edición desde que empecé a participar en carreras populares en el 2008.
Hay muchos motivos para correrla: El ambiente festivo, la animación en las calles, la dureza y atractivo del circuito... Una prueba que todos los años aparece entre las diez mejores carreras de 10000m de España en la clasificación de la RFEA y que aunque muchos años me plantee cambiar por otras (Elche, Campello...) siempre consigue que me decida por ella para sufrir y disfrutar a partes iguales corriendo en nochevieja. Este año, además, coincidía de nuevo con mis amigos Rafa y Ramón, así que no había lugar a dudas: tocaba repetir.

Este fin de año, al haber sido el 2016 el del descubrimiento para mí de la natación en julio, también quise incoportar al día 31 otra competición, nadando esta vez, y participé por la mañana en la San Silvestre a nado de Arenales del Sol, acompañado de mi hermana y Pepelu. Álgo más de 1600m al fresco propio de las 9:30AM en Alicante que nadé mucho más cómodo de lo esperado pero que me hicieron pensar que por la tarde en Crevillente tocaría sufrir al haber gastado fuerzas que seguramente echaría en falta en las cuestas crevillentinas.

Empezando la mañana del 31 nadando a tope
Sobre las 16:00 ya estábamos en Crevillente Rafa, Ramón y yo, disfrutando de la charreta previa a la carrera delante de cafés y bizcochos, aprovechando una de las pocas veces que conseguimos coincidir los tres más de dos horas seguidas. Ramón arrastraba molestias en las rodillas desde hacía varios días y no pensaba forzar demasiado. Rafa comentaba que intentaría seguirme, algo que a mí me pareció un objetivo bastante modesto, pues incluso desentrenado creo que su nivel de forma es muy superior al mío, pero que en un principio agradecí pues supondría seguramente correr acompañado.

Ramón, Rafa y yo, poco antes de dirigirnos a la salida
Sin mucho calentamiento previo (se nos pasó el tiempo volando entre charla y fotos) fuimos a la salida de la carrera, que se daría a las 17:30. Llegamos justos de tiempo y nos tuvimos que situar mucho más atrás de lo que habríamos querido pero esto hizo que adelantando posiciones antes del disparo de salida me cruzara con mi ex-compañero de club y natación Eutropio, grandísima persona, y con el no menos grande Sergio Payá de Km a Km Elche, al que hacía tiempo que no veía en carreras y que hacía de anfitrión a Marisa ( @gaya_r en Twitter y @riatha en Instagram), que se alejaba de Madrid para correr con el club ilicitano de Sergio y a la que pude desvirtualizar poco antes de echar a correr.

Con Marisa y Sergio, a punto de empezar.
Desde que escuchamos el disparo hasta que pisé la línea de salida pasó más de un minuto. Puse en marcha el reloj y me dispuse a correr lo mejor posible el primer kilómetro, sabiendo por haber corrido otros años allí que sería difícil moverme rápido. Intenté no separarme mucho de Rafa, pero con los acelerones y cruces intentando situarme cómodamente en la carrera no tardé en encontrarme solo.

Costó demasiado empezar a moverme con fluidez. Había salido demasiado retrasado en el grupo y el primer kilómetro pasó demasiado lento. Era un tramo del circuito cómodo y que de haber salido mejor posicionado habría permitido ganar segundos al crono final. Aún así, pasar el primer mil a 4:53 no lo consideré una mala noticia. Me dije que así reservaba fuerzas para todo lo que estaba por llegar, que no era poco.

Allí estaba, como todos los años, la primera subida del circuito después del kilómetro y medio, unos mil metros seguidos que ya empezaban a quemar las piernas. A pesar de la natación de la mañana me encontraba fuerte y subí rápido. El circuito era durísimo y tenía muchas cuestas por delante pero ahí, en plena subida, decidí que me la jugaba, que no iba a guardarme nada. No haría sprints cuesta arriba, lógicamente, pero tampoco iba a ir reservón y ¿en las bajadas? Nada de quedarse tranquilo recuperando. En los entrenamientos de cambios de velocidad el corazón recuperaba el ritmo muy bien últimamente así que confié en que incluso acelerando cuesta abajo podría recuperar el aliento y llegar bien a las siguientes cuestas.

Aunque el km. 2 pasó a 4:19 los siguientes fueron mucho más lentos, pues las pendientes frenaban y no había forma de encadenar muchos metros rápidos. Aún así, las piernas respondían y el corazón trabajaba al ritmo adecuado.
Así, con el terreno ondulado que ya conocía por delante, seguí subiendo y bajando, sintiéndome fuerte, hasta el km 5, que pasé en 23 minutos y que era uno de los pocos puntos del circuito en el que hay cruce en sentido contrario con el resto de corredores, el carrer Barranc y su característico cemento pulido en lugar de asfalto.
Ignoré el puesto de vasos de agua, pues el sudor no era excesivo y no me fiaba de cómo le sentaría al estómago. No era el momento de estropear una más que previsible buena carrera, que a ese paso podria terminar en tiempo récord del circuito para mí, unos 46 minutos.

El paso por el sexto mil marcó en mi garmin un ritmo de 4:19, al coincidir en él zonas llanas o de bajada, y me animó a seguir como hasta aquel momento. Se compensaban los segundos perdidos en las cuestas y aún había fuerzas para la segunda mitad. Las sensaciones eran muy buenas y las piernas respondían. ¿Pues no estoy pasándolo bien por primera vez en esta carrera después de 8 años dándolo todo, sin estar reventado en las cuestas?, pensaba. 

Del camino al km 7 volvíamos a subir sin descanso y de nuevo el reloj volvía a marcar uno de los ritmos más lentos de la carrera, pero tenía claro que en las bajadas había fuerzas para recuperar y no me desanimé. En cuanto pisaba llano o zona de bajada aceleraba y las piernas y el corazón respondían. La meta estaba cada vez más cerca y las sensaciones no podían ser mejores.

Recordaba, además, muy bien el tramo del circuito que tenía por delante, al menos hasta el km 8.5, y sabía que era posible acelerar, pues se bajaba largo y seguido mucho tiempo y después nos encontraríamos una zona bastante llana. Por otra parte, según aceleraba bajando, con picos de 4:19 que hasta a mí me sorprendían, iba recordando lo que estaba por llegar al final, ya cerca de la meta. Una última subida terminaría de ponerme a prueba y seguramente frenaría mucho mi ritmo, así que aquel momento era la última oportunidad para correr a tope y ganarle segundos al crono final.

Me encontré algo cansado cerca de la avenida de la meta, todavía con algo más de 2km por delante, y cuando se inició la última subida dura del circuito me frené más de lo que habría querido. En este punto me alcanzó Rafa, que se puso a mi paso. Comentando cómo habíamos ido hasta el momento decidimos apretar todo lo que pudimos en el tramo final de la carrera.
Al final de la cuesta ya no había zonas de mucha dificultad. Solo quedaba bajar un par de cuestas y guardar algo de fuerzas para el final.
Estando cerca de la última cuesta Rafa me dijo el tiempo que llevábamos y calculé que si acelerábamos conseguiría entrar, tal como había planeado, en menos de 47 minutos, tiempo récord del circuito para mí.
Nos fuimos animando mutuamente cuesta arriba, camino a la meta, y conseguí cruzar la meta en 47:28, 46:09 real, posición 493 de 1703 en la general, 109 de 288 en mi categoría y 462 de 1387 hombres.
No podía estar más contento, como Rafa, al que abracé nada más pararnos agradeciendo que tirara al final de mí. De no haber estado él ahí en la cuesta final seguramente me habría rendido y habría bajado el ritmo mucho más de lo que realmente podía dar. Los dos coindicimos después en que de haber salido mejor situados los 45 minutos no se habrían escapado, así que tenemos claro que habrá que repetir (otra vez) participación en Crevillente este 2017.

Gran final para una grandísima carrera
Poco después nos alcanzaba Ramón, que yendo a ritmo tranquilo, sin forzar para tener las rodillas controladas, a penas se alejaba un minuto de nosotros, como el grandísimo crack que es.

El frío empezaba a calarse en los huesos a aquellas horas, ya sin luz solar, así que no tardamos mucho en retirarnos, no sin antes hacernos la foto de rigor, obligatoria, para inmortalizar una de las pocas veces que podemos correr los 3 juntos. Deporte, amigos, risas...qué mejor forma de despedir el año, ¿verdad?

No podía haber un final de año mejor
Una media de 4:37m/km, record personal de la prueba,  en este circuito tan duro, habiendo nadado por la mañana, creo que me puede hacer pensar en un buen resultado el próximo domingo en el 10k de Valencia. Las sensaciones son muy buenas, me noto con fuerzas y tengo la impresión de que recupero rápido. Parece, además, que empiezo a acostumbrarme a correr fuerte en los últimos km de las carreras aunque el corazón vaya más acelerado de lo normal, tolerando mejor la sensación de cansancio.

Todo parecen ser buenos presagios para lo que está por llegar.
Os cuento si es así o no en la próxima entrada del blog.
Gracias por estar ahí.
Saludos.