lunes, 1 de junio de 2015

SUBIDA VERTICAL GRAN HOTEL BALI

Mucho cansancio acumulado, muchas carreras y, sobre todo, muchísimos kilómetros en las piernas, hacen que el fin de la temporada esté muy cerca para mí. Este fin de semana no he corrido la versión corta de la carrera de Banyeres de Mariola, trail que habría sido demasiado duro para todo lo que llevo encima ya y que tenía previsto hacía más de un mes, pero me ha podido la curiosidad, como os comentaba en la última entrada del blog y he participado en una prueba única en España, la subida al hotel Bali de Benidorm, el hotel más alto de Europa (o eso dice Wikipedia)
52 pisos, 190 metros de altura, 900 escalones... Había que probarla una vez por lo menos.


El sábado me acercaba a Benidorm con mi amigo Ramón, acompañado de Alexis, que sigue recuperándose de su lesión pero no se pierde ninguna carrera nuestra y viene a animar y a echarnos una mano con nuestras cosas mientras corremos (mil gracias amigo).

Según entrábamos en Benidorm ya veíamos el hotel destacando entre el resto de edificios de la ciudad y nos iban entrando los nervios. Había entrenado la carrera subiendo varias veces el Riscal, uno de los edificios más altos de Alicante, con sus 30 plantas más el entresuelo, y corriendo cuestas por el castillo, haciendo subidas también por los escalones de su muralla, pero la subida al Bali no tenía nada que ver con cualquier carrera que hubiera hecho antes. Subir corriendo 52 pisos sin interrupción era todo un reto. En los entrenamientos conseguía subir 31 pisos en cuatro minutos y medio, muy cansado. Qué pasaría después, subiendo 20 pisos más, era todo un misterio y, aunque nervioso por saber si podría acabar en condiciones, sin parar demasiado, y algo intranquilo pensando que podría ser el último de la clasificación, tenía muchísimas ganas de ponerme a prueba.



Recogiendo el dorsal con Ramón, en la recepción del hotel, empezábamos a ser conscientes de la categoría de esta carrera. Estábamos rodeados de especialistas internacionales en carreras verticales, participantes de otras carreras del circuito mundial en la que está incluída esta prueba y, además, veíamos atletas populares con una condición física envidiable. Había mucho nivel.
Por allí estaban también los hermanos Llorens Zafra; Ángel, poseedor del récord de la prueba en poco más de 4:30 (en ese tiempo yo todavía ando por el piso 31 en los entrenamientos, mientras este señor está ya tomándose algo en la azotea 20 pisos más arriba) y Rosi, también una de las mejores de estas carreras (acabó segunda).

Saludé a mi compañero de Urbans, Luís Benito, con el que además coincidiría en la salida que, este año, se daría en grupos de tres corredores cada minuto, evitando aglomeraciones, y salí a tomar un café con Ramón y Alexis mientras esperábamos a mi hermana Irene y a Pepelu, que llegaron poco después.

Con la bestia, Luís Benito
David trabajaba, pero se acercó a vernos


El primero de nuestro grupo salía algo después de media hora desde el inicio de la carrera, así que hubo tiempo de calentar un poco, comentar sensaciones, y saludar al gran Skyrunner David Iborra, que aunque estaba trabajando se acercó a saludarnos y a hacernos fotos (gracias crack).

Pepelu, Luís, Ramón,Jonás e Irene. Gran grupo :)


Ya en la recepción del hotel, esperando nuestro turno, empezaba a estar impaciente. Me gustaba la opción de salir de tres en tres, con una cuenta atrás para cada grupo, con todo el público animándonos solo a los tres corredores de la salida. Arrancaron Pepelu, después mi hermana...y llegó mi turno y el de Luís. La tercera integrante del grupo era una chica, que resultó estar casi igual de fuerte que mi compañero de Urbans (acabaron casi a la par)




Segundos antes del arranque de la prueba, en mi grupo de salida


Cinco segundos de cuenta atrás y ya tenía a Luís y la chica a muchos metros de distancia delante de mí, subiendo peldaños de dos en dos a la velocidad del rayo. Me dejé llevar por la emoción del inicio de la carrera y los intenté imitar, al menos en las seis plantas de que constaba el entresuelo, hasta la primera planta ,séptima en realidad, si no calculé mal, pero no tarde ni 3 pisos en darme cuenta que, a ese ritmo, no iba a llegar ni al piso 40. Me relajé un poco, recordé los entrenamientos del Riscal y decidí mantener el ritmo estable, escalón a escalón, regular, que creía podría aguantar hasta el piso 30.

No era mi día, por lo visto, ya que en el piso 12 (18 del total, por los 6 del entresuelo) me noté demasiado cansado. Recuperé el aliento en un rellano y seguí adelante, entre los ánimos de organizadores y huéspedes del hotel que se asomaban a ver la carrera.
Cuando llegué al 30 eché un vistazo al reloj y vi que iba algo peor que en los entrenamientos, como ya había notado pisos atrás, teniendo que parar más de lo debido en algún rellano. En mis subidas al Riscal llegaba al 30 sin tanto sufrimiento, recordaba.

No me desanimé, sin embargo, y apreté los dientes sin pensar en todo lo que había por delante todavía. Me empezaban a adelantar corredores del grupo que salió 1 minuto después, a una velocidad admirable y, lejos de hundirme, disfrutaba más y más de la subida. En el 40 ya llevaba muchos escalones en terreno desconocido, sin saber cómo reaccionarían las piernas. Ví por una ventana un edificio que, desde la base del Bali parecía alto, pero que ahora desde esta altura parecía diminuto comparado con el monstruo de hormigón que estaba subiendo.

Los músculos estuvieron a punto de fallar dos o tres veces y llegué a pensar que caería al suelo, pero aguanté. Tuve que levantar la mirada porque después de tanto mirar los escalones el patrón de puntos negros y rojos de la piedra empezaba a marear casi más que los giros por las escaleras.

Al fin, llegaba a las escaleras que subían al mirador, separadas del resto. Había perdido la cuenta y ya no sabía en qué piso estaba ni cuánto quedaba por subir. Pensaba que en ese tramo todavía había que subir al menos 8 pisos. Para mi sorpresa, en un par de giros se hacía la luz, entrábamos al mirador, en la azotea, y cuatro pasos después del último escalón cruzaba por fin la meta de la carrera, en 8:04, posición 101 de 136 en la general, 87 de 108 de mi categoría.

¡Meta!



Allí estaban Pepelu, Luís y la chica de nuestro grupo de salida, que habían entrado casi a la vez, Irene, Jonás... Poco después entraba Ramón, último en tomar la salida en nuestro grupo.
Con las piernas al borde del colapso, cansados, todos coincidíamos en que era una carrera espectacular, para repetir, mientras hacíamos la foto obligada con Benidorm a nuestra espalda, a casi 200 metros de altura.
Como siempre, la compañía y las charlas y bebidas pre y post carrera son lo mejor de esta afición.








Lo tengo muy claro: volveré. Podía haberlo hecho mejor (en los entrenamientos creo que estaba más fuerte) y, preparándolo con más tiempo, creo que puedo darle un buen mordisco a esta primera marca en la subida al Bali, así que el año que viene habrá que repetir.





Ahora toca descanso de competición. Tengo dorsal para los 10k de Alcoy del próximo domingo día 7, pero no voy a correrlos. No voy a hacer ninguna carrera oficial hasta los 10k de Sta.Pola del día 27 de junio. Durante estas 4 semanas que me separan de la carrera, vigilaré la dieta para perder los pocos kilos que he ganado y entrenaré para mejorar en esa distancia, pero sin obsesionarme. Necesito descanso físico y mental. Todo ha sido bueno desde que me puse a entrenar "en serio" el año pasado así que, mejor no terminar con mal sabor de boca (y mucho menos con lesión).
Caerán, como es lógico, las clásicas del verano, si puedo, como la bajada de Hondón-Aspe, la subida al santuario de la Magdalena en Novelda, etc. pero creo que, de momento, relax.

Os cuento cómo va todo en la próxima entrada del blog.
Como siempre, gracias por estar ahí.
Saludos.