miércoles, 29 de abril de 2015

MARATÓN DE MADRID 2015. POR QUÉ AMO ESTE DEPORTE

El pasado 22 de febrero terminaba el maratón de Sevilla y casi sin recuperación me dejaba embaucar (soy muy facilón para estas cosas) por el amigo Salva para acompañarle en su estreno maratoniano en Madrid, poco más de dos meses después. Se fueron sumando amigos de Urban y, finalmente, la expedición madrileña sumó más de diez participantes el pasado fin de semana. Los que seáis asiduos a este blog (pocos, según Google Analytics, pero muy valiosos todos, para mí) ya sabréis que no escatimo en palabras ni detalles cuando se trata de contaros cómo ha ido un maratón, así que, como es habitual...tomad asiento y haced acopio de paciencia, que esto va para largo ;)


El sábado a las 7:30 ya estábamos en el AVE de Alicante gran parte del grupo, Chema, Salva, JJ, Raquel, Ana, Luís, Antonio, Helen y Marian y en poco más de dos horas llegábamos a Madrid. Salva estaba lleno de dudas. ¿Terminaría?¿Pasados los 30kms., sería capaz de seguir hasta el 42?¿Sus problemas con las plantillas le pasarían factura a media carrera? Me recordaba mucho a cómo me sentí yo en mi primer maratón, en Valencia'13, y me hacía ilusión poder acompañarle en un camino tan duro, apoyándole, igual que lo hizo por mí en su día mi amigo Rafa.

Recién llegados.

Una vez instalados en los hoteles, solo faltaba disfrutar del día en Madrid después de recoger la bolsa del corredor en la feria. Nuestra gran relaciones públicas, Anita, tuvo la suerte de preguntar por los medios de transporte para la feria desde el hotel a una persona identificada como organizador que resultó ser Miguel Ángel Mostaza, representante de atletas de la RFEA y director de la carrera VIP, que conocía, al haberlo representado, a nuestro presidente, Jose Manuel Albentosa y a una de nuestras entrenadoras, Marlén Estévez.

Ultimando los detalles de la ida a la feria con los corredores VIP, en el hotel.



Una breve charla con él y ya teníamos medio de transporte. Así, casi de inmediato, estábamos metidos en el autobús de los atletas africanos, rodeados de dioses del atletismo capaces de correr un maratón en dos horas escasas.
La cola de entrada al recinto de la feria era interminable, casi merecedora de denuncia para la organización, pero gracias a nuestros nuevos contactos accedimos como corredores VIP, sin esperas. Sin problema para recoger el dorsal, en pocos minutos ya estábamos echando un vistazo a los diferentes stands de la feria.
Al no tener nadie en mente ninguna compra el paseo por la feria no duró más de una hora. El stand de Adidas permitía hacerse una fotografía que se incrustaba en una chapa. Muchos la usaron para posar con el dorsal. Yo, preferí hacerme un par de fotos con mis acompañantes:

Muy bien acompañado :)
Por allí vimos también a deportistas ilustres, como Chema Martínez, Isabel Macías o Roberto Parra, pero no perdimos mucho más tiempo del necesario para hablar un rato y hacer fotos. El autobús VIP nos esperaba en la puerta para devolvernos al hotel, mientras que, mirando la inmensa cola que se había formado a la entrada, nos dábamos cuenta de lo afortunados que habíamos sido y del tiempo que acabábamos de ahorrar. Completando el tremendo favor que nos hacía Miguel Mostaza, el autobús hizo una ruta turística por Madrid antes de llegar al hotel, enseñándonos muchísimas zonas de la ciudad que no habríamos visto de otro modo.

Había que ganarse esta camiseta



Con Chema Martínez.



Acompañando a otro Urban ilustre, Roberto Parra.

 El resto del día,  a comer y cenar bien, risas, comentarios sobre las carreras del día siguiente y, más tarde de lo esperado, sobre las 23:00h, a la cama, pues las calles de Madrid nos esperaban al día siguiente.

Acumulando calorías la noche previa al maratón.

Con Salva y Chema, mentalizándonos para el día siguiente.
Como de costumbre, antes de la alarma de las 6:00, ya había habierto los ojos un par de veces. Era mi tercer maratón, sí, pero lo sentía igual que los anteriores. Nuevo, duro, imponente. Los nervios eran los mismos. Para aumentar el nivel de nerviosismo, veía que las previsiones meteorológicas se cumplían: lluvia durante toda la jornada. Después de un desayuno magnífico en el hotel nos reuníamos en la puerta del mismo todo el grupo, cada uno con su carrera en mente (1/2 maratón y maratón), animadísimos. La elección del hotel había sido muy acertada y en pocos minutos estábamos en la Plaza de Cibeles, buscando los cajones de salida asignados.
Helen,Marian,Luís,Raquel,JJ,Antonio,Ana,Salva y Chema. Equipazo.
Autofoto con Cibeles a mi espalda.


Otra autofoto, esta vez en el cajón de salida.

Luís y yo íbamos a acompañar a Salva a su paso, a terminar el maratón, y también Chema (esto era una sorpresa para Salva, que tuvimos bien oculta hasta el último momento haciéndole creer que nos separaríamos en km.13 cuando se dividían el maratón y la media), así que nos quedamos bien juntos en la salida, junto a Raquel y Ana, que harían el medio maratón. También estaban con nosotros Fer y Antonio, que pensaban llevar, en principio, un ritmo más lento y se quedarían atrás, y Marian y Helen, buscando mejorar su marca en medio maratón.

La unión de las dos pruebas juntó en la salida a más de 20.000 personas. La lluvia aparecía y desaparecía, apretaba, aflojaba... Los nervios estaban a flor de piel. Ya estaba allí. Una vez más, salía rumbo a la meta de un maratón.

Desde el pistoletazo de salida hasta el paso por el arco del inicio pasó mucho tiempo, unos ocho minutos. Como en otras ocasiones, las buenas sensaciones, la alegría por estar de nuevo a la carrera, verme rodeado de los amigos de Urbans, todo invitaba a acelerar y dejarse llevar, pero el objetivo en esta ocasión era otro. Salva mandaba, en su estreno. No quería arriesgar y nos dijo que se conformaba con poder terminar la carrera y que el crono era lo de menos. Se puso cómodo a 5:50m/km largos, 6 en muchas ocasiones, y así fuimos desde el principio todos juntos, Castellana arriba hasta el km.6, dejando atrás el Bernabeu y las torres KIO y en constante subida, suave, casi inapreciable para las piernas con tan pocos kilómetros acumulados. La lluvia paraba de vez en cuando y volvía a caer poco después, fina, sin demasiada fuerza, haciendo bastante agradable este inicio de carrera, mojándonos intermiténtemente. El chubasquero que compré la tarde anterior ya sobraba. Me lo quité y quedé abrigado únicamente por los cubrebrazos y la banda de la cabeza.

No dejábamos de estar pendientes de Salva, de ver cómo se sentía, si quería acelerar más o se sentía bien a ese ritmo. Hablando entre nosotros, íbamos pasando cómodamente los primeros kilómetros del maratón y, tan distraído y tranquilo estaba, disfrutando del paisaje y de la carrera, que a punto estuve de arruinar el día al pisar una botella y torcerme el tobillo. Conseguí, por poco, no besar el suelo y seguí avanzando, sin dolor, por suerte, mucho más pendiente del terreno desde ese momento.

En el km.11, aproximadamente, habíamos perdido de vista a Raquel y Marian, pero poco después volvíamos a ver a Raquel, que decidía no hacer sola la media y acompañar a Ana hasta el final, como las grandes amigas que son. Un par de kilómetros después, siguiendo el suave descenso iniciado al terminar la subida de la Castellana cinco kilómetros atrás nos acercábamos a la separación de la media y el maratón, sobre el km 13.5 aproximádamente, en la calle Serrano. Allí nos despedíamos de Ana y Raquel y dábamos la sorpresa a Salva: Chema se unía a nuestro grupo y nos quedábamos solos los cuatro, Salva, Luís, Chema y yo, dispuestos a afrontar el reto de acabar el maratón de la capital. El ritmo seguía estable, cercano a los 6m/km, siempre de acuerdo a lo que nos pedía Salva y, aunque el clima seguía castigando, ahora con lluvias, luego con viento, primero frío, después algo más de calor... los kilómetros seguían pasando sin hacer mella en nuestro ánimo ni nuestros músculos.

Creo que hay muy pocas fotos de la carrera en las que no sonrío
La charla distendida y esta forma de hacer turismo por Madrid hacían muy llevadero el largo camino que teníamos por delante y la constante aparición de lugares emblemáticos de la capital convertían el trayecto en un viaje de placer. Poco después del km.18 llegábamos a la Gran Vía, avanzábamos por la calle Preciados y girábamos dejando a la izquierda la Plaza del Sol, rodeados por muchísimo público que animaba en una zona del recorrido más estrecha que el resto del circuito. Esta inyección de ánimo, que me recordó mucho a los dos últimos kilómetros del maratón de Valencia por la cantidad de gente y lo cercanos que estábamos público y corredores, hizo que nos dejáramos llevar y subiéramos el ritmo sin darnos cuenta, pero ahí estaba el reloj Suizo Chema, metrónomo-man, haciéndonos ver que se nos iba de las manos el ritmo y que había que mantener la calma, por Salva.

No consigo situar esta foto en la carrera, pero refleja,
como las demás, las buenas sensaciones de toda la prueba

 Pasábamos el km.20 por el Palacio Real, animados, tras muchos kilómetros en suave descenso interrumpidos a veces por subidas breves y nada pronunciadas, y ya teníamos en mente el medio maratón. Un grupo de música animaba en este punto, como lo hacían otros grupos de Rock durante todo el circuito (mención especial a la cantante del concierto del km.31: ¡brutal!), y llegamos al ecuador de la carrera casi sin darnos cuenta, dejando atrás la calle Ferraz.

Pocas veces se me verá en una foto corriendo delante de Luís...
Seguíamos disfrutando, sin notar cansancio, bromeando con Salva y sus canciones (inexistentes en esta carrera: ¿por qué? ;) ) e interminables charlas, picando a Luís para que no "sufriera" mucho corriendo a un ritmo tan lejos del suyo (este bestia del atletismo corre un maratón en 2:50 sin despeinarse)... Todo eran risas y buenas sensaciones.
En este punto, excepto Chema, todos hicimos una parada para aliviar la vegija, algo inquieta con tanto líquido fuera y dentro del cuerpo y tanto cambio de temperaturas, gracias a la intermitencia de la lluvia durante toda la carrera.
Esta parada técnica fue breve y no tardamos en llegar a la bajada más larga, pronunciada y atractiva de la carrera, ya en el parque de Rosales, pasado el km.22.

Disfrutando del recorrido al máximo
Parecía que habíamos cambiado de ciudad, de repente. Tanto verde a nuestro alrededor, ese olor a tierra húmeda, a lluvia, el descenso que permitía relajar los músculos... Anímicamente fue uno de los momentos álgidos de la carrera (no el que más, obviamente, como leeréis después). Sabíamos que la bajada continuaba después por la Casa de Campo y que justo al abandonarla, aún en suave descenso, nos adentrábamos en los dominios del tío del mazo, pasado el km.30

Salva aún no parecía tener claro que iba a poder con el maratón, y le intentábamos hacer ver que ahora llegaba la carrera "de verdad", terreno desconocido en el que probarse, y que podría de sobra con el reto. En silencio, después, empezaba a acordarme de lo que estaba por venir, al recordar del perfil de la carrera.

Ya estaba bien de maratones llanas, ¿no? :-D


Sabía que recién pasado de nuevo el Manzanares, dejando a la derecha el Vicente Calderón, empezaba una subida constante desde el km.33 hasta el 40 (luego descubrí que esa subida realmente llegaba hasta casi la meta), y tomé el primer gel de la carrera, aunque llevaba un rato largo con molestias en el estómago, por unos gases muy incómodos posiblemente debido al atracón de la noche anterior.

Empezamos el ascenso y aunque había "aligerado presión" en el estómago, intentando ser respetuoso con el resto de corredores, metros atrás, seguía molesto. Ahora, además, el tiempo empeoraba sin darnos tregua, con frío, viento y lluvia abundante incesantes. Fue en este momento, cerca del km.34, cuando avisé a mis acompañantes de que necesitaba un aseo con mucha urgencia y que los abandonaba, con gran tristeza. No entraré en detalles, pero digamos que, en un momento de la carrera, como sucede con las Pringles... cuando hice 'pop', ya no hubo 'stop'. Tuve la fortuna de encontrar una cafetería con un aseo impecable y magníficamente equipado de jabón y papel de varios tamaños (y sin clientes, por suerte) que ayudaron a arreglar por completo el desastre y a permitir que me incorporara de nuevo a la carrera minutos después como si nada hubiera pasado, sin rastro del "incidente" y completamente aliviado.

Retomaba la carrera helado, notando más que en ningún momento el esfuerzo pero, al mismo tiempo, sorprendentemente fuerte y animado. Durante dos kilómetros me sentí capaz de alcanzar de nuevo al grupo y aceleré el ritmo sin mucho esfuerzo, pero poco después me serené y pensé que no valía la pena forzar, que faltaba poco (pasaba ya por el km.37, en la subida interminable del fin de la carrera) y no había que jugarse una lesión, viendo lo bien que me encontraba hasta el momento. 

Corrí de nuevo al ritmo que habíamos llevado hasta el momento, algo triste al pensar que me perdía el momento de la llegada con el grupo, la emoción de entrar todos juntos. Al menos me echaba otra maratón a las piernas, pensaba, que no era poco, independientemente del ritmo que llevara.

Con estos pensamientos seguía avanzando, ya sin evitar los charcos, completamente empapado por una lluvia que caía con fuerza y sin pausa y que nos acompañaría hasta el final de la carrera. Veía muy cerca el 39 y pensaba ya que 3000 metros más no eran nada, que ya lo tenía hecho aunque fuera todo cuesta arriba y que en el 40 vería la meta muy cerca.

Dándole vueltas a la cabeza, algo decaído por tener que acabar solo, casi llegando a la calle Goya recién pasado el km. 39 vi de nuevo a mis tres acompañantes, gritándome y animándome. Os juro que estuve al borde del llanto en ese momento. No estaba solo, al final. Habían reducido la marcha, llegando a parar incluso, teniendo fe en mí, pensando que no me había retirado y que había acelerado para buscarlos, y ahí estaban, esperando mi llegada para avanzar juntos hacia la meta.

No puedo describir con palabras lo emotivo de ese momento, en el que entre abrazos y gritos nos lanzábamos de cabeza hacia la meta, viendo al fin los últimos kilómetros por delante. El 40 y girábamos dejando atrás la calle Velázquez, 41 viendo a lo lejos la arboleda del Retiro ( ¡y subiendo!¿No se suponía que después del 40 era llano?!), 41.5 entrando en el Parque, sabiendo que el Retiro es el fin de la carrera...

Gritos y más gritos, abrazos, choque de manos entre los cuatro. A lo lejos ya se veía el arco de meta. A nuestra izquierda, las chicas del grupo, que habían acabado la media hacía un buen rato, nos gritaban animándonos (me di cuenta tarde y apenas pude verlas bien, pero las escuché). Unos cuantos metros más y ya era una realidad. La meta del maratón de la capital era nuestra. Buscamos las manos, la cintura, el cuello, cualquier forma que nos permitiera entrar juntos.
Ya estaba hecho. Cruzábamos la meta 4 horas y 23 minutos después del arranque (4:31 oficial), con un nudo en la garganta de la emoción por finalizar la más épica de las maratones que he hecho hasta el momento, las más emotiva, la mejor (podéis ver la llegada a meta AQUÍ ,pasado el segundo 30 del vídeo)

Objetivo cumplido, una vez más :-)


La clasificación ese día era lo de menos, muy retrasados en la general y en nuestra categoría. Esa llegada, los abrazos y la alegría de compartir todos el momento, ESO, era lo importante, aquello daba sentido a todo, por esos momentos es por los que no puedo vivir ya sin esta afición.
Salva no parecía ser consciente aún de lo que había hecho, como si no lo hubiera asimilado aún (días después no ha parado de agradecernos la compañía para que cumpliera su gran reto personal), pero no podía disimular la alegría. Luís estaba fresco, y daba la impresión (seguro que sí) que podría darle otra vuelta al circuito. Chema tampoco cabía en sí de gozo, contento por acumular otra maratón en las piernas y disfrutando al máximo como nosotros de esta experiencia. Yo... lo pasé en grande.
El transcurso de la carrera fue divertidísimo (anécdota escatológica incluída, que sé que voy a tener que aguantar bromas de por vida, ¡maldit@s! ), no flojée en ningún momento, disfruté de esta forma nueva de hacer turismo (42kms. por Madrid sin repetición dan para muchísimo) y guardo en la memoria varios recuerdos que no creo que pueda olvidar nunca.

El primero, el momento en que descubrí que no me había quedado solo, en el km39, al juntarme de nuevo con el grupo y acelerar camino al Retiro. Después, la entrada a meta, acompañado, una vez más, nada que ver con la soledad de mi maratón sevillano dos meses atrás, compartiendo la emoción de haber superado de nuevo el gran reto junto a Chema, Salva y Luís. Finalmente, después del reencuentro con la "sección femenina", que había corrido el medio maratón y nos esperaban para abrazarnos y darnos ropa seca y felicitarnos en la meta, el primer momento en mi "carrera deportiva" en que hay alguien especial esperándome después de un maratón. Allí, entre los abrazos, besos y ánimos de Ana, Marian, me esperaba Raquel, con mi ropa seca y una sonrisa en la cara, contenta por su resultado y animándome y felicitándome por mi carrera. Me quedo con ese abrazo y esos besos finales de mi chica, ese calor humano y ese cariño tan desconocido para mi al acabar un maratón, tan nuevo y tan gratificante. Es por todo esto que os he contado, como comprenderéis, por lo que es imposible no AMAR este deporte.

La tercera de...¿cuántas serán al final?
No voy a poneme muy pesado con lo de siempre, agradeciendo a todo el mundo su interés y ánimo hacia mí en esta carrera. Como siempre, el apoyo familiar (¡gracias padres!) ha sido importantísimo, y ya echo de menos a mi hermana en uno de estos "fregaos". Barcelona será nuestra, hermana querida :)
Se agradece también, como es habitual, los ánimos de mis compañeros y amigos de trabajo.Mil gracias por cada vez que os habéis interesado, Raúl, Pepelu, Sergio, Fito, Ximo...
Obligatorio, como siempre, agradecer el apoyo de los amigos de siempre, Ramón y Rafa en especial, con los que espero compartir maratón algún día, y gracias mil gracias, a mis acompañantes en Madrid. Gracias Chema por los ánimos y los buenos ratos que hemos pasado allí (quién nos lo iba a decir hace más de 15 años en el intituto a los dos). Mil gracias Salva y enhorabuena por tu estreno. Correr no puede ser más divertido cuando se hace contigo. Gracias también, Luís, por echar por los suelos tu ritmo infernal habitual para unirte a los mortales y animarnos y compartir risas y experiencias. Gracias también, equipo de Urbans y Skyrunners, especialmente a los Urbans que vinieron a Madrid y más en especial a vosotras, Anita, Marian & Co. , por mimarnos tanto en la meta. (menos mal que no iba a ponerme pesado con los agradecimientos, ¿verdad?). Finalmente, como en Sevilla, gracias a ti, Raquel, por tanto cariño y ánimos, por ese momento tan especial que conseguiste crear tan solo con tu presencia en la meta.

Hubo un momento, días antes del maratón de Madrid, en que pensé que aquí acabaría todo, que no habría más maratones en mi vida, que el asfalto y los 42kms empezaban a cansar. Como podréis adivinar, nada de esto es verdad, y ya tengo muy claro cuál es el siguiente gran objetivo: Barcelona 2016, 4º maratón para mis piernas y otra gran ciudad por correr.
Mientras tanto, la carrera de fondo empieza ya mismo y me preparo para ser mejor corredor de 10km, más veloz, y volver de nuevo al peso y estado de forma que me permitió en enero estar cerca de bajar de 1:40 en medio maratón y superar por fin los 45 minutos en un 10k.

Bajar en lo posible hasta 1:35 en medio maratón, estar cerca de 40 minutos en 10.000 metros, maratones cercanos a 3:40...  todas estas metas ya están clavadas en mi cabeza pero, por encima de todas, sólo un objetivo: Seguir disfrutando de este deporte como hasta ahora y gozar de la compañía de los amigos en el trayecto que llevará al cumplimiento de mis metas.

Próxima parada, salida tranquila y a disfrutar en el medio maratón de Almansa el día 16 de mayo, el siguiente a mi cumpleaños.

Como siempre, mil gracias por estar ahí.
Nos leemos en la próxima entrada del blog.
Saludos.

PD: MarathonFoto.com sigue actualizando las fotografías, así que añadiré alguna más al blog (espero que la de meta esté disponible) cuando las tenga.


4 comentarios:

  1. Envidia sana es lo que das, una gozada leerte. Voy q cambiar VLC por San Sebastián. Jajaja

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    1. Espero que coincidamos en alguna de estas pronto, Ramón

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  2. Pensaba " mofarme" pero durante el finde ya nos hemos reído bastante ( vaya grupo de taraicos ;) ) correr me gusta, pero tú mucho más. Eres genial cariño.

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    1. Encontrarte en la meta fue increíble cariño ;)

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