martes, 24 de febrero de 2015

MARATÓN DE SEVILLA 2015

Cuando hace menos de año y medio, después de Valencia 2013, os contaba que repetiría la experiencia del maratón, no imaginaba que iba a tomarmelo tan en serio, que correr, algo que comenzó hace más de seis años con el propósito de ayudarme a bajar de peso, podría llegar a convertirse en una parte tan importante de mi vida. No me habría imaginado nunca en una clínica deportiva, en una prueba de esfuerzo, siguiendo un planning programado, una dieta... y debo admitir que después de tanto tiempo sigo sorprendiéndome de mí mismo.

Igual que en noviembre de 2013, os invito a que, si queréis seguir leyendo sobre cómo ha sido este maratón de Sevilla, toméis asiento y reservéis tiempo, porque igual que entonces, la experiencia merece todas las líneas que le voy a dedicar. Empecemos....


Los últimos días de entrenamiento antes de la carrera no fueron mal, pero la sensación de piernas cansadas no desaparecía completamente por lo que, el miércoles, hice mi último entrenamiento y descansé. Los nervios iban en aumento según se acercaba el día del viaje, el viernes y aumentaron más aún con la mala noticia, en el último momento, del abandono de mis acompañantes. Las enfermedades infantiles, embarazos, gripes... pudieron con todos ellos y a las 9:00 del viernes descubría que tenía que afrontar el gran reto en solitario.
Tenía por delante seis horas de viaje en coche hasta Sevilla pero, a pesar de la mala noticia de la baja de Rafa, que no me acompañaría de nuevo como hizo en Valencia, me animé y lo afronté como parte del reto. Iba a ser más duro hacerlo en solitario, pero podría con ello, me repetía.

El viaje fue mucho más ameno de lo esperado y la alegría al ver el cartel de entrada a la provincia de Sevilla y, poco después, en el asfalto, las líneas verdes que señalaban el trazado de la carrera, dispararon la adrenalina en mi cuerpo. Ya estaba allí.

Sevilla, ¡al fin!

Poco más de 24 horas para seguir esa línea verde
No tardé mucho en ocupar la habitación del hotel, aunque habría tardado muchísimo menos si la famosa cadena hotelera no me hubiera dejado de regalo un servicio de limpieza lamentable que no se dio cuenta que sobre la mesa de la cama había un preservativo usado (os ahorro la visión de la fotografía que hice...) y no hubiera tenido que trasladarme a otra habitación muchísimo mejor deshaciéndose en disculpas.
Olvidé rápidamente el incidente y me dirigí a la feria del corredor, en el palacio de congresos y exposiciones de Sevilla, donde recogí sin problemas el dorsal y la bolsa del corredor. La emoción por  la carrera hizo que no pudiera resistir hacerme con toda la ropa promocional del maratón que pude. Además del excelente cortavientos que incluía la bolsa, compré una camiseta técnica y otra de algodón. Quería todos los recuerdos posibles de aquel fin de semana.

Consumismo puro, pero no me arrepiento :)
En la feria del corredor, con mi dorsal recién adquirido
Ya solo faltaba regresar al hotel a descansar del viaje e intentar evadirme un poco de los nervios de la carrera el día siguiente, haciendo algo de turismo.
No os voy a aburrir contando cómo fue la jornada del sábado. Visité todas las zonas típicas de Sevilla que fui capaz, teniendo siempre en cuenta que lo último que necesitaba el día anterior a un maratón era una caminata de muchas horas. Os dejo unas fotos:






Alicante, en la Plaza de España




El túnel de acceso al estadio de La Cartuja, meta del maratón
Y por fin llegó el 22 de febrero. Meses de preparación iban a ponerse a prueba en las calles de Sevilla a partir de las 9:00. Aunque el despertador estaba programado para sonar poco después de las 6:00 no necesité escucharlo para ponerme en pie a la hora prevista. Ducha, desayuno, revisión de ropa y accesorios y a la calle. Un paseo de algo más de 30 minutos me separaba del guardarropa, en el estadio de La Cartuja, y de la salida, a algo menos de 1km, en la avenida Carlos III.
Dejé en el guardarropa un chandal, dinero y batería para el teléfono, en apenas 3 minutos, gracias a la excelente organización y gran trabajo del voluntariado en este servicio, y me dejé puesta una sudadera antigua para no enfriarme demasiado antes de empezar a trotar y calentar un poco.

Carrera arriba, carrera abajo por la avenida, estirando, la fortuna quiso que entre los más de 10000 corredores que nos dimos cita allí yo me cruzara con otro miembro de Urbans que participaba en la carrera, la bestia blanca Luís Benito, que iba a por un objetivo de infarto (¡2:50!)


Apenas quedaban diez minutos para el comienzo de la carrera y ya estaba en mi cajón.Por error debí marcar un tiempo objetivo superior a las cuatro horas cuando me inscribí, lo que hizo que saliera en una posición demasiado atrasada, pero tenía la sensación de que la avenida era lo suficientemente amplia y larga como para soportar una salida tan numerosa sin provocar muchos retrasos.

Autofoto en el cajón de salida
A las 9.00 pude comprobarlo. Se daba la salida al ritmo de AC/DC, la sudadera quedaba colgada en una valla (Cáritas se hizo cargo de la ropa después) y comenzaba la aventura. Unos tres minutos escasos separaban el tiempo oficial de mi tiempo real, así que pensé que por muy mal que se pudiera dar la carrera, bajar de cuatro horas en el tiempo oficial era algo que iba a conseguir sin problema, aunque mi objetivo, una vez arranqué, decidí que iban a ser las 3 horas y 45 minutos.
Esto suponía no fallar, ser regular rondando los 5:20 m/km, y tan emocionado estaba, tan fuerte me sentía, que el primero de los kilómetros lo completé en apenas cinco minutos.
El susto al ver el ritmo medio en el Garmin hizo que frenara rápidamente. No creo que se deba jugar, inventar, en los primeros kilómetros del maratón. Es una carrera larguísima, y recordaba lo duros que fueron los últimos kilómetros en Valencia.
De nuevo, todavía cerca de la salida, otra alegría al encontrarme a otro corredor alicantino ilustre, el gran Alberto Costilla, El Sombrilla, que me animó y me hizo una foto con su inseparable cámara.


La carrera continuó al ritmo previsto desde ese momento, con pocos segundos de diferencia, por encima o por debajo, respecto al ritmo objetivo.
El día había amanecido despejado, la temperatura empezaba a subir poco a poco desde los 9 grados iniciales y todo parecía presagiar la carrera soñada.

Los primeros kilómetros, bien por la situación de esos tramos del circuito, bien por la hora (tal vez muy pronto para el público, en domingo), transcurrieron en relativo silencio, con poca animación.
Apenas miraba el paisaje, solo pensaba en ser regular y que las piernas respondieran. Intenté autoconvencerme durante varios kilómetros, pero era un hecho, no podía negarlo: las piernas no iban tan sueltas como yo habría querido, no las notaba tan descansadas y relajadas como en otras carreras y era demasiado pronto para tener esa sensación, me decía.

Me repetía constantemente que había entrenado para este día y que, si las piernas no iban tan ligeras como quería, el entrenamiento de resistencia que llevaba hasta el momento haría que pudiera sobreponerme al cansancio, si llegaba el momento.
Poco después del km.13, cerca de La Macarena, si no recuerdo mal, después de una curva cerrada la calle se llenó de público. Aparecían pancartas sin destinatario, en varios idiomas: "cada km., una victoria", "se puede!" o una que me hizo mucha gracia: "¿por qué no dejas de leer carteles y corres de verdad?" Me grabé lo de "cada km., una victoria" en la cabeza y seguí adelante. Me veía capaz de llegar al medio maratón al ritmo deseado, a pesar de que las piernas no estaban muy finas esa mañana.

No dejé pasar ningún avituallamiento, y me sorprendí de que, además de los típicos, cada 5kms, hubiera otros, a medio camino de los demás, con más agua y más isotónico, durante toda la carrera. No recordaba que hubiera sido así en Valencia.

Poco a poco seguíamos avanzando por las interminables avenidas que componen el recorrido de este maratón y la temperatura y la creciente animación del público en las calles hacían algo más agradable el camino. Al pasar por el medio maratón tomé el primer gel que llevaba conmigo y me sentí fuerte. Estaba pudiendo con la sensación de pesadez de las piernas y mantenía el ritmo que quería, siendo necesario a veces frenarme porque la emoción por ver que tal vez se podría conseguir el objetivo hacía que acelerara más de la cuenta.

Empezaban a verse los primeros corredores caminando, con problemas musculares. Yo intentaba no pensar en qué podría pasarme a mi kilómetros después, y me animaba pensando que hasta el momento todo iba según lo previsto, independientemente de las sensaciones.
La vejiga llevaba un rato avisando, aunque ya había hecho una visita a los servicios antes de empezar la carrera. No vi los aseos que se situaban en varios puntos kilométricos (estaban allí, según me confirmaron otros corredores después) y decidí que la mitad de la carrera era buen momento para parar hacer un breve paréntesis en la carrera, aunque fuera entre matorrales (mil disculpas a los sevillanos y su servicio de limpieza)

Ya estaba cerca del km.30 y la carrera seguía atravesando avenidas amplias que se hacían cada vez más y más largas. Aún así, recordaba lo mal que fue mi tirada larga de 30kms entrenando esta prueba y sentirme mejor que aquel día, manteniendo un ritmo bastante más alto y regular, me animaba a seguir, constante y sin miedo, tanto que me dejé llevar demasiado y en el km.31 pasé a 5:13m/km.
Frené, porque notaba que podía ser peligroso tanto exceso, pero el cuerpo y la cabeza empezaron a decir "basta".

En el km.30 había gritado para mis adentros "¡no hay muro!", pero empezaba a ver claro que el famoso "tío del mazo" había llegado para quedarse conmigo hasta el final de la carrera.
Los avituallamientos líquidos y sólidos no hacían efecto. El gel del 30 tampoco daba fuerzas a las piernas,que protestaban y pedían a gritos parar. El corazón se mantenía a unas pulsaciones aceptables, pero no había quien se hiciera con el control de los cuádriceps fatigados y un tendón de aquiles derecho que ya daba guerra hacía varios kilómetros y ahora se quejaba más que nunca.
El tiempo medio por kilómetro se desplomó más de 20 segundos de media.
No quería parar, no quería tener la sensación que tuve en Valencia al detenerme y ver después que la orden de mi cabeza para que se movieran las piernas no era seguida por los músculos y se perdía antes de llegar a la cintura, pero me detuve.
Tomé aliento, bebí, y reanudé la marcha, con miedo de no encontrar respuesta en mi piernas, que se movieron inmediatamente, por suerte.
Traté de pensar con claridad, animarme: "sólo queda el paso por el centro de la ciudad, por la Plaza de España, por el Parque de Mª Luisa..." , "los ánimos del público te llevarán", "cada km., una victoria"...




Sufriendo, por la Plaza de España

No había luz al final del tunel, por más que lo intentara. Paré 10 segundos en más de una ocasión, haciendo que los kilómetros, a partir del 35, fueran a ritmo de 6m/km o algo más. Incapaz de quitarme de la cabeza que echaba por tierra todo lo avanzado hasta ese momento, que el sueño de 3:45 se iba al traste, no podía dejar de pensar que ahora, en ese momento, tal vez tenía que enfrentarme a pasar de 4 horas en el tiempo final, suponiendo que la increible tensión que notaba en las piernas no estallara en forma de lesión y no me dejara fuera de la carrera definitivamente.
Intentaba automotivarme, pensando que apenas 8 kms me separaban de la meta, que esa distancia estaba harto de correrla, como cuando hace años salía desde casa de mis padres a la Universidad y volvía corriendo.
En más de una ocasión, corredores y público al ver que paraba me gritaban y animaban y, entre unos y otros, y sacando fuerzas de no sé muy bien dónde, fui avanzando metro a metro, zancada a zancada.
Me puse una meta volante, imaginaria. No pensé en el km.42, si no en el 40, aquel que en Valencia me dio ánimos, pues ya se veía el final de la carrera, con la Ciudad de las Artes a lo lejos.

Llegué al 40 y me animé, pero no logré subir el ritmo. Mucho más cerca de 6 que de 5m/km seguí avanzanzo al ritmo que permitían mis maltrechas piernas y, al fin, lo vi.
El Estadio de La Cartuja estaba ahí mismo. Los 8kms más largos de toda mi vida iban a terminar. La cabeza funcionó esta vez, las piernas revivierony el último kilómetro fue rápido, más que los 7 anteriores.

Recuerdo que en Valencia me emocioné en cuanto pisé la pasarela que llevaba a la meta.
En esta ocasión, tanto sufrimiento casi me desborda sin llegar a entrar al estadio, y costó muchísimo no deshacerse en lágrimas cuando, por fin, vi el túnel de entrada a la pista.

Cuesta abajo, pocos metros, escasa iluminación y dejando a la vista el tartán y haciendo eco del público y la animación por megafonía, el túnel me dejaba a 3 cuartos de vuelta del final, ya dentro del estadio, entre los gritos de ánimo del público y el speaker.
Un pequeño giro... otro giro... otro más...y ahí estaba la recta final y un reloj que marcaba un crono oficial por debajo de 4 horas. Levanté los brazos, muchos metros antes de la meta y pasé por el arco de llegada en 3:58:54, 3:55:34 real ( como demuestra este video :) -últimos segundos, izquierda del 03 )







Aunque había podido con la carrera, había superado el mayor bajón físico y mental que recuerdo corriendo, y sí, estaba contento...no podía ocultar, en ese momento, la frustración por haberme quedado tan lejos del objetivo. Tardé horas en rehacerme y ver la realidad, en ser consciente del mérito de aquello.
Ya en el hotel, y después de comer con el gran Luís (tiempazo, ¡crack!) y sus acompañantes, asimilé todo lo que había dejado atrás aquella mañana.

No había conseguido el objetivo, pero había logrado mi mejor marca en maratón, bajando siete minutos el tiempo de Valencia 2013. Además, ser capaz de acabarla, después de estamparme contra el famoso muro del maratón, era algo de lo que había que sentirse orgulloso, pensé. La emoción y buenas sensaciones fueron en aumento según pasaba el día y al final, por la noche, me acosté muy orgulloso de mí mismo, dolorido pero contento porque cada latido que sentía en las rodillas, pies, talones... me recordaban la realidad, la hazaña de aquella mañana: Que una vez más había podido con los 42195 metros del maratón.



La clasificación final me sitúa el 5451 de 8651 en la general, 5121 de 7844 en la clasificación masculina y 1339 de 1925 en mi categoría. Por debajo de la media de la carrera, sí, pero primero en satisfacción personal y lider indiscutible de mi liga personal, compuesta únicamente por mí. Me he superado de nuevo, y eso lo vale todo, como muy bien supieron hacerme ver todos los que tuvieron "el honor" de aguantar mi mal humor con la carrera recién terminada.
Esto me lleva a la sección obligada de agradecimientos, porque un maratón es muchísimo más que correr zancada tras zancada 42kms en solitario:
- Mil gracias a mi familia: Padre, madre y hermana, siempre ahí cuando hace falta, aunque pueda parecer que no es necesario. Aguantar la locura que le ha dado a vuestro hijo/hermano a la vejez es admirable.
- Ramón, Rafa (Raafa...) Sera, vuestro apoyo en todo momento, ver cómo sentís mis alegrías como vuestras, los ánimos durante la preparación y después de la carrera, nunca podré agradecerlos bastante. Rafa, te eché muchísimo de menos ¡joder! Me la debes...y lo sabes ;) Gal, necesitaba muchísimo la charreta del lunes por la tarde, aunque fuera por teléfono.
- Urbans y Skyrunners en general, siempre atentos y animándome, en persona o por whatasapp: Gracias.
- Chema, Salva, Ana, JJ, gracias por el apoyo y los mensajes personales.Chema, la conversación post carrera ayudó muchísimo, al igual que la tuya, Ana. Sois grandes. Me muero de ganas de estar en Madrid con todos vosotros.
- Clínica CEADE: Vuestra preparación, ser mi guía, ha hecho de mi un corredor muchísimo mejor. Gracias
- Esta carrera ha sido un camino de varios meses y ha dejado muchas cosas buenas en el trayecto: MMP en Aspe en diciembre de 2014, en medio maratón; MMP en 10K en Elche, en enero;MMP de nuevo en medio maratón en Santa Pola, también en enero y, hace dos días, MMP en maratón. Mejor marca en casi todas las distancias (sólo ha faltado un 5k y una milla o algo similar). Es para estar contento. El último agradecimiento, puede que el más especial, por su aparición inesperada en el camino, por importante, porque merece ser nombrado al final de la lista, como quedan para el final tantas cosas buenas de la vida (los desenlaces de las grandes películas, los postres,los besos después de una larga discusión, los orgasmos...) Para el final, mi agradecimiento a la que desde hace pocos meses es mi motor emocional, soporte de frustraciones, amiga en fatigas y alegrías y nueva compañera de viaje. Tú lo sabes, Raquel, mejor que nadie, cuánto ha significado esta carrera y cuánto has tenido que ver en su éxito ( y si no, te lo digo yo :-b ). Por mucho que hayan sido mis piernas las que me han llevado a la meta, tú tienes gran parte de "culpa" de que mi cabeza haya aguantado en su sitio, sabiendo decir (o no decir, según tocara) las palabras adecuadas y estando ahí cuando ha sido necesario. Mil gracias cariño.

Volviendo a la carrera, en cuanto a organización creo que es intachable. El voluntariado de este maratón merecería un monumento. Tantos ánimos, tanto esfuerzo, de forma voluntaria y desinteresada... No hay palabras suficientes para agradecerlo. Respecto al circuito...Sí: Es el mas llano de las maratones de Europa, de acuerdo. Vale que recorre zonas históricas y que no callejea en exceso y que tiene avenidas largas y amplias... Pero, tal vez esto, unido a mi bajón físico al final de la carrera, es lo que más pesado me ha resultado. Demasiado monótono. Excepto las zonas más céntricas (muy bien situadas en el circuito, casi al final), la sensación de que el paisaje apenas cambiaba cada vez que entraba en una avenida resultó muy agotadora mentalmente. Quién sabe si tocará repetir alguna vez para saber si es realmente así ;)

Ahora toca seguir pensando en carreras. El cuerpo parece que se recupera. Los ligamentos de rodillas y tobillos aún protestan y los músculos siguen muy cansados, pero tengo la impresión (toquemos madera) que no hay nada roto. Como os dije hace poco, en plena euforia por las marcas personales, me apunté al maratón de Madrid a finales de abril. Quedan 2 meses y pocos días, así que habrá que descansar bien y no aflojar demasiado el ritmo. Por el camino, las carreras de Benijofar y medio maratón de Elche.

¿Habéis llegado hasta el final de la crónica?¡Gracias!
Mil gracias por estar ahí.
Saludos.

7 comentarios:

  1. Me has dejado sin palabras cariño...Estoy muy orgullosa de ti y formamos un equipazo :) enhorabuena campeón.

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    1. MIl gracias, de nuevo :) Muchos kms de este maratón son tuyos

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  2. Eres un pedazo de crack, que buena crónica, me ha molado mogollón. Y aún más me ha gustado ver que vas a Elche. Amuuuunt!

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    1. Gracias Ramón. En Elche coincidimos, si las lesiones respetan. Vamos! :-)

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  3. Felicidades Jordi!!
    El mayor triunfo es terminar, mejorar es siempre el objetivo y conseguirlo una satisfacción. Me alegro por tu triunfo.
    Saludos!!!

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  5. Querido Jordi:
    No sé qué tiene Sevilla pero nos ha hecho sufrir de lo lindo, aún así, yo guardo un gran recuerdo, y sin dudarlo volveré a correrlo en cuanto tenga ocasión, esa vez mejor hidratada, para evitar los calambres que casi pueden conmigo.
    Enhorabuena, lo has logrado y has crecido como maratoniano. A por el siguiente.
    Un fuerte abrazo

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