jueves, 12 de abril de 2018

MEDIO MARATÓN MADRID 2018


Cumpliendo con lo que parece haberse convertido ya en tradición, juntarse con amigos una vez al año al menos para salir a correr más allá de la Comunidad Valenciana, Murcia, o ciudades vecinas, el pasado fin de semana le llegó el turno a la media de la capital y allí fuimos Ramón y yo (Rafa falló pero tiene cita obligada por estas fechas el año que viene con nosotros...).
Después de tantos viajes a diferentes carreras juntos ya es un hecho que solo por la compañía la aventura deportiva va a merecer la pena pero es que además, el circuito y la ciudad elegidos este año prometían no defraudar.

Conocía la dureza de las carreras madrileñas después del maratón del 2015 pero al haber corrido entonces sin presión por marcas, a un ritmo mucho más lento del habitual para acompañar al resto del grupo, este año intentar correr rápido por la capital era todo un reto. Sobre el papel era fácil comprobar lo complicada que era la carrera. 10 km de subida casi constante desde el comienzo y después bajada en teoría cómoda que debía permitir rodar rápido si se había dosificado bien el esfuerzo en la primera mitad.


¡Pedazo circuito oigan!
El sábado por la mañana, poco más de dos horas de viaje y llegábamos a Madrid con tiempo de sobra para dejar la mochila en el lugar elegido para dormir (elección acertada según vimos, por situación, comodidad y precio) y acercarnos a la feria a por el dorsal.



No era tan pobre como algunas ferias que conocía (recuerdo alguna de la media de mi ciudad que daba mucha lástima) pero esperaba algo más de la media de la capital. Un paseo rápido soñando con carreras en otros países que anunciaban agencias especializadas en este tipo de viajes, compra de calcetines que necesitaba y encontré a muy buen precio y vuelta al centro de Madrid a comer y hacer algo de turismo rápido aprovechando que la lluvia que nos acompañaba desde primera hora nos daba al fin algo de descanso.


Relaxing paseo in la Plaza Mayor (Botella inglis estail)
El jueves había corrido por el monte con mi amigo Rafa pensando que hacer algo de cuestas para la carrera del domingo podría venir bien. Me dejé llevar por lo bien que me encontraba físicamente y por lo a gusto que iba hablando con Rafa después de mucho tiempo sin coincidir en carreras o entrenamientos y fui más rápido de lo debido. Esto lo noté al día siguiente en forma de agujetas en los cuádriceps y todavía lo sentía un poco mientras caminábamos por Madrid el sábado. El recuerdo del cansancio antes del maratón de París del año pasado venía rápidamente a la memoria, estando de nuevo fatigado y muscularmente algo tocado el día anterior a la carrera pero confié en que el descanso de aquella noche arreglaría un poco el problema.


Después de acostarnos muy pronto y dormir todo lo bien que se puede cuando no lo haces en tu cama habitual amanecimos descansados y animados ante lo que teníamos por delante. Sentía que las piernas se habían recuperado. No estaba al 100%, pero tampoco notaba los cuádriceps tan reventados como los dos días anteriores.

La mañana parecía que iba a permanecer soleada, descubierta, sin lluvia ni viento, pero la temperatura era muy baja para alguien como yo, acostumbrado al clima suave de Alicante y que ya vivía con días de casi 20ºC. No llegábamos a los 5 grados y el café previo a la carrera no consiguió cambiar la sensación de frío intenso. La braga al cuello y los cubre brazos ayudaban pero al haber dejado los guantes en la mochila las manos dolían y costaba sentir los dedos.

El ambiente, espectacular. La carrera juntaba, entre la media y la carrera ProFuturo de 5km, a unas 20000 personas en el Paseo del Prado. Fiesta del deporte y motivación por las nubes al menos de cara al inicio de la prueba.

Inspeccionando la salida


Intento de calentamiento breve que al menos a mí no acabó de quitarme el frío, entrada sin problema en el cajón de 1:40 pensando que tal vez fui demasiado optimista al elegir mi ubicación en la salida y arrancábamos puntuales. La salida, a pesar de la cantidad de corredores que participábamos en la media, fue bastante fluida. Intenté, como siempre, salir controlando el ritmo pero el perfil de la carrera ya se encargaba de frenarme. Pocos metros después del arranque un giro a la derecha nos dejaba ver la Puerta de Alcalá  y, con ella, una rampa que me hizo pensar que si el primer 10000 iba a ser así ya podía olvidarme ni de acercarme a 1:45 en la meta.



El camino se suavizaba en los dos siguientes km. Llegaba incluso a bajar rápidamente unos pocos metros allá por el 2.5 y con el Garmin marcándome ritmos muy rápidos todavía pensaba que podría hacer una buena carrera a pesar de que las piernas no las notaba finas del todo. Todo cambió rápidamente dejando atrás la calle Serrano, donde el perfil volvía a ser como se esperaba en una carrera por Madrid. Subíamos poco a poco y en todo momento tenía a la vista el globo de la hora cuarenta pero notaba que costaba muchísimo mantenerme a ese ritmo. Por un momento vi a Ramón pegado al globo y me animé a seguirle pero algo me decía que yo no estaba esa mañana para acabar antes de 100' y que Ramón seguía imparable en su mejora física y subiría todavía más el ritmo en la segunda mitad de la carrera.

En el 5000 lo tuve claro. Corría con dificultad a ritmo de 5' el mil y según avanzaba la carrera el perfil me parecía cada vez más duro. La llegada al Paseo de La Castellana, donde se iniciaba la segunda mitad del recorrido, más cómodo en teoría, parecía muy lejana todavía.

Escuchaba a los corredores cercanos comentar que en Bravo Murillo tocaba apretar los dientes un poco. "¿Más?" , pensé. Camino del km 9 el ritmo seguía por debajo de 5'/km por muy poco y cualquier pensamiento relacionado con conseguir alguna marca en concreto me parecía absurdo ya.
No corría nada cómodo. Aquellas cuestas picaban pero estoy seguro que más descansado no me habrían parecido tan largas y pesadas. No era el día, estaba claro.

Poco después del km 9 ya se podía ver Plaza Castilla y a la izquierda asomaban las famosas torres inclinadas de la Castellana. Corríamos nuevamente, por fin, en llano y poco después del km 10 cambiaba el sentido de la carrera y se iniciaba el que en principio debía ser el tramo cómodo y rápido de la carrera.


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Las piernas, por desgracia, no estaban para muchos acelerones en este punto del circuito. Había pasado el 10000 en casi 49', muy muy lejos de lo que en el fondo habría esperado en esta carrera y la marca final podría irse tal vez a más de 1:45, 50 incluso si seguía flojeando, pero tocaba olvidarse de tiempos, me repetía una y otra vez. No había ido a la media de Madrid a agonizar en los últimos metros y jugarme incluso la retirada por forzar.

Me animé recordando el perfil de la carrera (bajada constante creía haber visto) y hasta el km 12 conseguí bajar el ritmo a menos de 4:50 el km por fin. Llevábamos muchos km detrás ya y una de las pocas pegas que le puedo poner a la carrera, la escasa animación de público  desde el 5000 hacía necesario ser fuerte mentalmente. Costaba distraerse y olvidar las malas sensaciones y poco antes del km 13 una rampa con la que no contaba (miré en las paredes de la avenida para recordarla después: Avda.Pío XII) terminaba de dejarme chafado moralmente durante unos metros.  ¿Más cuestas?

El momento de crisis duró hasta poco después del km 15, por la interminable Príncipe de Vergara. En este punto, en otras medias, suelo mirar el reloj, tomar gel, y valorar la carrera, pero el estómago amenazaba con jugármela, con malas sensaciones desde el km 1, y si en la segunda carrera que corría por Madrid se repetían los problemas de la primera (los que me conocéis y sabéis "mi historia" del maratón madrileño del 2015 os estaréis partiendo de risa ahora, malditos xD) no podría arreglarlos tan discretamente como hace 3 años. En cuanto al tiempo, quise no mirar el reloj, pero me pudo la curiosidad: 1:12 aproximadamente. No iba a terminar tan mal como esperaba, después de todo, si conseguía acelerar un poco y si el perfil se volvía de una (maldita) vez tan cómodo como había previsto.



No me equivocaba. Acercándonos al Retiro hubo un suave repecho que me trajo el mal recuerdo de Pío XII pero fue breve y cuando pasábamos por el km 18, dejando el gran parque madrileño a la derecha, se iniciaba por fin una bajada larga "de verdad", para lanzarse a tumba abierta.



Este momento de la carrera coincidía con el inicio (¡por fin!) del tramo más animado del circuito. El primero de los 3 miles restantes no fue tan rápido como habría querido, a 4:42, pero ya en el paseo Reina Cristina y después en el Infanta Isabel las piernas respondieron y fue fácil correr a menos de 4:30 el km.
Disfruté la bajada, chocando la mano a los chiquillos que la ofrecían entre el público, escuchando los ánimos de los espectadores y viendo que un último acelerón me podría dejar (¡quién me lo iba a decir en el km 6 o el 13!) en la meta antes de 1:42.

La entrada al Paseo del Prado permitía ver al fin la meta a lo lejos. Un último esfuerzo y el reloj oficial estaba ya a la vista. Sprint para terminar y cruzaba la línea de llegada parando el crono oficial en 1:42:26, 1:41:23 real, 3343 de la general entre unos casi 20000 corredores y 1440 entre 4950 de mi categoría.

Difícil encontrarse en la meta, con una participación tal elevada
Pocos metros después me encontraba con Ramón, que había hecho el carrerón que sabía que haría, y después de la foto de rigor para inmortalizar el momento, a la ducha (de nuevo, qué acierto el alojamiento) y a celebrarlo comiendo un bocadillo de calamares, qué si no en Madrid xD







Dadas las condiciones de la carrera y mi estado de forma podía darme por satisfecho con el resultado de la carrera. Conociendo ya la segunda mitad creo que si el domingo llego a plantarme en Madrid descansado y en forma como en Guardamar todavía podría haber hecho una marca mejor que allí. Llegando fino al km 10 el resto del recorrido permitía lanzarse y recuperar a tope, desde luego. Si alguna vez coincidiera con amigos de nuevo y se planteara la posibilidad de correr la media ( o el maratón, aunque es durísimo) , creo que no diría que no.
Ha habido quejas sobre el tapón que se formó en la meta poco después de mi llegada, sobre colas para grabar medallas o esperas de más de media hora en el guardarropa. Yo no sufrí ninguno de estos problemas y mi experiencia en la media, a pesar de la flojera, creo que fue muy buena. Otra más que no me cuentan y otro viaje deportivo más disfrutado con mi gran amigo Ramón.




Ya no quedan más medias por disputar esta temporada. Me planteé la de Pilar de la Horadada pero al final me he apuntado a su 10000. No es que me encuentre especialmente rápido, la verdad. No me veo bajando otra vez de 44' ni mucho menos bajando los 43:36 de Valencia 2017 pero quiero darle un par de oportunidades al 10k antes de dedicarme ya por completo a la natación y algún aquatlon aprovechando que deben llegar mejores temperaturas en breve.

Pasaré, por lo tanto,  por Pilar el 22 de este mes y después, el 5 de mayo, Almoradí, ambos 10000m, para ver cómo responden las piernas a estas alturas de la temporada. Con la marcaza de la media de Guardamar, inesperada y con la que no habría soñado nunca, ya me doy por contento este 2017-2018, así que si por casualidad me salen bien estas dos carreras, bienvenidas sean.

Os cuento cómo va todo en la siguiente publicación del blog.
Gracias por estar ahí.
Saludos.

viernes, 6 de abril de 2018

5K VILLA DE EL CAMPELLO


No tenía previsto participar en ninguna carrera desde la media de Guardamar hasta el medio maratón de Madrid pero cuando mi hermana me pidió que la acompañara a los 5k de El Campello del pasado Viernes Santo no dudé y me inscribí a la prueba. Tenía buen recuerdo del circuito desde mi última carrera por la zona en el 2013 (el recorrido en realidad era distinto este año y desde hace tiempo), corría en "territorio amigo" al ser la localidad en la que viven grandes amigos y compañeros de carreras y participar en una carrera como me pedía mi hermana, de liebre, marcándole el ritmo y olvidándome de mis tiempos y mi competición también me parecía interesante. Carrera en familia :)





Nuestra carrera salía una hora antes que la de 10km así que tocaba madrugar un poco, algo que agradecimos ya que el día prometía ser caluroso y correr a las 10:30 habría picado. Me reuní en Campello con mi hermana Irene y Pepelu, que correría el 10000, y de camino a la recogida del dorsal y después, de vuelta pudimos saludar a Ale y Neus, Sera, espectadores,  y a Pili y a Juanan, que corrían el 10k después.

Salida de la carrera



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Un poco de calentamiento y después, bien situados en el pelotón de salida,  arrancábamos puntuales la carrera desde la zona cercana al Ayuntamiento. El inicio fue rápido, aprovechando que durante poco más de un km bajábamos constantemente hacia la playa en una pendiente muy cómoda. No hubo problema para correr a 4:17 el primer mil, pegados a la que seguramente iba a ser la 3ª o 4ª mujer de la categoría. Una vez en el paseo de la playa, tocaba correr en llano ida y vuelta casi todo el recorrido de la prueba hasta la vuelta a la meta por una rampa de aproximadamente 1km.

Primeros metros

Corría a unos 10m como máximo delante de Irene, pendiente de su respuesta en llano después del acelerón de bajada. No iba mal, y traté de mantenerme siempre a una distancia constante y si bajaba un poco el ritmo bajarlo ligeramente yo también un poco, para después volver a subir ligeramente la velocidad intentando tirar un poco de ella.

Parecía que daba resultado y todo el tramo del paseo lo hicimos a un ritmo muy bueno. En las zonas en las que veíamos la carrera en sentido contrario echaba un vistazo a las mujeres que teníamos delante y parecía que podríamos terminar entre las 10 primeras mujeres de la categoría de Irene. El podio tal vez quedaba lejos, pero un último acelerón tal vez nos dejaría ver la 4ª o 5ª plaza, calculé.

Mis sensaciones en la carrera eran muy buenas. Me lo estaba pasando en grande haciendo carrera para otra persona, sin pensar en mí. Veía con claridad el ambiente del circuito, podía observar cómo llevaban la competición otros corredores (corredoras sobre todo, que para algo acompañaba a mi hermana esa mañana, para superar  todas las que pudiera) y estando pendiente de los ritmos de Irene, avisándole de los pasos por km, ya que no había ninguno marcado en el asfalto, el tramo del paseo marítimo terminó casi sin darnos cuenta.

Avisé a mi hermana del paso por el último km, tal como habíamos acordado, y según lo previsto el siguiente aviso sería a falta de 500m para dar el último sprint.
El circuito hasta ese momento había sido muy agradable, cómodo. Corríamos con el mar a pocos metros, con público en los locales de playa animando, y admito que me planteé apuntarme al 10k de después, aunque mantuve la cabeza fría y me limité a ponerme una nota mental para correr esta prueba en próximas ediciones.

A falta de unos mil metros tocaba realizar un último esfuerzo. Se iniciaba la subida hacia la meta y al principio tuve que frenarme un poco porque parecía que Irene se quedaba ligeramente atrasada. Dos corredoras que teníamos cerca parecían alejarse pero aún era posible darles caza si había fuerzas en el tramo llano final.

Avisé a mi hermana del paso por el 4500 y noté que, incluso cuesta arriba todavía, subía el ritmo. Dejé que se acercara un poco a mí, pensando que así aumentaba un poco su sensación de velocidad y casi llegando a la última recta previa al giro hacia la meta aceleramos. Irene corría dándolo todo y tuve que hacer un gran esfuerzo para quedarme delante de ella y seguir tirando todo lo posible pero el acelerón llegó antes de tiempo y todavía lejos del giro hacia la meta noté que dejaba atrás a mi hermana. Se había adelantado un poco en el ataque final para superar a las dos competidoras más cercanas y no hubo fuerzas para aguantar el sprint hasta la meta.

Bajé ligeramente el ritmo en el último giro hasta tenerla más cerca y aprovechando la suave bajada aceleré hacia la meta, notando cerca a mi hermana y animándola a echar el resto los últimos metros.

Cruzábamos la meta en las posiciones 127 y 128 entre 347 corredores, ella 7ª de su categoría entre 39 y posición 15 entre las mujeres, en 24:44, y yo un segundo antes, 16 de 38 en mi categoría y 113 en la clasificación masculina, aunque mi tiempo obviamente no era lo importante aquella mañana.



A pocos metros de la meta, seguido de cerca por mi hermana

Conseguido

El objetivo estaba cumplido. Había conseguido que mi hermana corriera sin flojear (ella misma admitió que muchas veces apretó solo para poder mantenerse cerca de mí) a menos de 5' el km después de mucho tiempo parada por lesiones y casi casi nos quedamos pegados al podio de categoría, pues las dos principales competidoras solo nos sacaron unos 10 segundos, algo que seguramente habría sido posible superar de haber dejado el último sprint para más tarde porque, como comentaba, ese último acelerón fue muy rápido y estoy seguro que no habría dado posibilidad de reacción a las corredoras con las que peleabamos al final (he mirado el Garmin y en ese tramo mis pulsaciones se fueron por las nubes por la sorpresa del cambio de ritmo y el ritmo que llegamos a mantener).



Ahora toca pensar en la media de Madrid, la carrera estrella de la temporada, aunque seguramente no lo será por marca, ya que a pesar de los cambios del circuito a última hora, haciéndola, dicen, algo más suave, no deja de tener un inicio de 10km en ascenso constante, algo que no sé como afectará a los 11 siguientes, aunque sean de bajada o llanos. Estoy muy motivado, eso sí. Vuelvo a correr a Madrid después de 3 años, me acompaña mi amigo Ramón, tacho de mi lista otra de las medias grandes del país que creo que hay que correr (la siguiente...¿Barcelona?) y solo pienso en disfrutarla, sin más. Lo vamos a pasar en grande, seguro.

Os lo cuento en la siguiente entrada del blog.

Gracias por estar ahí.

Saludos.


martes, 20 de marzo de 2018

II MEDIO MARATÓN DAMA DE GUARDAMAR


Después de la carrera tan floja de la semana pasada en San Juan tocaba descansar un poco y bajar la intensidad del entrenamiento si quería llegar en mejores condiciones al siguiente fin de semana. La carrera que tenía por delante, la media de Guardamar, así lo exigía. Habiendo corrido su primera edición el año pasado tenía claro que tocaba llegar muy descansado si no quería agonizar en la subida desde la playa al centro de Guardamar por la zona de la pinada y las dunas, la parte más complicada de un recorrido que no tenía nada que ver con los circuitos casi planos de mis últimas medias.

En el 2017 corrí esta prueba preparando el maratón de París , aprovechándola para hacer la tirada larga que tocaba esa semana, corriendo 7km antes de la salida. Me pareció una grandísima carrera, con organización de 10, una atención al corredor excelente y un circuito tan atractivo como exigente, a dos vueltas, con un perfil que ya entonces me pareció duro aunque lo corrí a un ritmo inferior al de competición. Este año, correrla "en serio" me parecía  complicado y con tanto sube-baja me parecía  difícil pensar en marcas. La única carrera con la que tal vez podría comparar para hacerme una idea de cómo podría acabar era la de la Base Aérea de Alcantarilla , por distancia y desnivel, pero aunque aquella fue muy bien correr 7km más me parecía una diferencia importante.

Habiendo cumplido, como os digo, con un planning semanal de entrenamiento más relajado y sin tocar la piscina en seis días para guardar todas las reservas de energía para la media, llegué al domingo muy animado y descansado, sintiéndome con fuerzas. Había recogido la tarde anterior el dorsal y la gran bolsa del corredor para no perder tiempo el día de la carrera y llegué con mucho tiempo de antelación a Guardamar, sin prisas.



Recién aparcado me crucé con Dimas y aprovechando que pasaba una especie de mini-tren turístico que iba hacia la salida nos subimos y pudimos comentar un rato las sensaciones previas a la carrera y próximos objetivos. Una vez en la zona de salida pude sentarme unos minutos con Serafín, que venía de espectador mientras se recupera de su lesión (mil gracias por los ánimos durante la carrera), saludé también a Jaime y a la grandísima Gemma Ann Selby y fui haciendo tiempo hasta la hora de volver al coche a cambiarme y a calentar.

El vendaval del día anterior parecía amainar y el cielo permanecía cubierto de nubes. La temperatura, perfecta para una media así que me pareció más que suficiente protección una braga al cuello por si había zonas en las que el viento pudiera molestar y camiseta de manga corta en lugar de tirantes.

Entre el trote de ida al aparcamiento y la vuelta, más rápida porque se me echaba el tiempo encima, conseguí llegar a la salida con el calentamiento hecho, algo que sentí que mi cuerpo agradecía. Autofoto antes del pistoletazo de salida y... ¡a correr!


El ambiente festivo y correr entre casi 1000 participantes me animaba a salir fuerte pero en mi cabeza estaba siempre presente la subida de la pinada así que intenté ser conservador. Y digo "intenté", porque supongo que entre el efecto dorsal y alguna zona de falso llano en casi inapreciable bajada el inicio fue bastante más rápido de lo esperado. Desde la salida, por la avenida Cervantes, hasta el extremo sur del circuito, en una zona que recordaba mucho a los límites del recorrido de la media de Santa Pola por las montañas de sal, con casas bajas cerca de la playa y después de vuelta pegados al mar, el ritmo medio inicial aparecía en mi Garmin a 4:30 el 1000, 4:35 el 2000 y 4:40 el tercer km.



No iba forzado pero con todo lo que había por delante era mejor frenarse y ser precavido, me dije, aunque las piernas pedían guerra y bordeando la costa hasta que nos aproximamos a la entrada de la zona de dunas y pinos, allá por el km 5, el ritmo siguió muy alto, nunca más lento de 4:40/km.
Un cambio brusco de sentido poco después, en una zona animada por músicos y después del avituallamiento del 5000 se iniciaba la larga subida de vuelta al casco urbano.



La memoria no me fallaba y tal como recordaba del año pasado aquello era una cuesta en toda regla, nada de falsos llanos. La recta, larga y despejada, permitía ver a lo lejos cómo cada pocos metros el recorrido subía constantemente y el ritmo, como era de esperar, bajó, pero menos de lo que había imaginado. 4:50 el primer km cuesta arriba y 500m después ya estábamos fuera del parque, todavía subiendo, atravesando la calle Mayor hasta la plaza de la Constitución, donde terminaba por fin el ascenso iniciado casi 2km atrás.

El ritmo no había bajado demasiado al final, 4:44 en el 7000, y comenzaba un tramo que recordaba cómodo, atravesando Guardamar por la avenida del País Valenciano en llano o bajando muy poco a poco. En esta parte del circuito no aceleré tanto como habría esperado pero conseguí mantener un ritmo medio rápido, 4:39/km. Antes de llegar al km 8 el reloj ya marcaba los km a mucha distancia de los que había señalizados en el circuito así que me centré en mis sensaciones y de vez en cuando echaba un vistazo al ritmo medio total, que seguía siendo muy bueno. Tocaba olvidarse del Garmin un poco, algo que ya había ido muy bien en Alcantarilla, por ejemplo.

El tramo del 8 al 9000 engañaba, con una bajada rápida seguida de un falso llano traicionero muy animado en la zona comercial cercana a la avenida que separaba los parques Reina Sofía y Alfonso XIII pero teniendo a la vista ya la bajada que atravesaba este último hasta la playa y recordándola muy cómoda y rápida me lancé dispuesto a completar una buena primera mitad de carrera.

Como anécdota, comentar que en el arranque de la carrera me había parecido ver a Abel Antón haciendo fotos y en el tramo final de la primera vuelta, al verlo de nuevo, no pude evitar acercarme y chocarle la mano (no sé si hice esto o simplemente le toqué el hombro) bromeando diciéndole que a ver si se me pegaba así algo de él ja ja ja (mira que si no era él y simplemente era alguien que se le parecía...)

Pequeña subida antes de girar hacia la meta y comenzar la segunda vuelta

Mi reloj marcaba un tiempazo en el 10000, 46:20 (y la semana pasada agonizabas con 45:59 en un 10k, me decía), cerca de la meta, subiendo una pequeña cuesta que ya recordaba y que seguro iba a ser dura en el último tramo de la carrera. ¿Estaba pecando de exceso de confianza? Me notaba fuerte, pero después de cruzar el arco de la meta tuve dudas. No esperé al km 12 como en otras ocasiones y en el 11 me tomé el primer gel, esperando que, de hacer efecto, lo hiciera cerca del 15, donde se iniciaría de nuevo la subida por las dunas.

Agua para el gel y a por la segunda vuelta

Entre este breve momento de debilidad anímica y mi poca habilidad tomando gel y bebiendo a la vez el ritmo bajó hasta casi 5:00/km, algo que no me importó demasiado, pues en la vuelta por la playa, incluso con el viento en contra, empecé a sentir que la carrera podría terminar bien.

El reloj seguía a lo suyo, marcando los km cuando le daba la gana, pero yo sentía que la velocidad era la adecuada y mirando el ritmo medio que marcaba empezaba a alucinar con el crono final que tenía a tiro. Cabeza fría, me seguía diciendo, de todos modos. Aún quedaba la que consideraba la peor parte del recorrido, la subida por segunda vez por el camino de dunas y pinos, que en esta segunda vuelta se iniciaba con 15km en las piernas.

Cerca de la entrada al parque de dunas y pinos por segunda vez
(foto de Alberto Costilla AKA El sombrilla)


Poco antes del comienzo de la subida busqué en el cinturón el segundo gel pero lo había perdido. ¿Sería decisivo o, como alguna vez he pensado, un segundo gel en el km 15 no llega a hacer efecto y sus beneficios otras veces eran más "efecto placebo" que otra cosa? Tocaba comprobarlo.


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Arrancaba el km 15 haciendo ya mis primeros cálculos. Bajar de 100 minutos, de hora cuarenta, estaba más que conseguido incluso corriendo a 5'/km desde ese momento, pero... ¿cuánto conseguiría bajar?
Como había imaginado, esta segunda subida fue mucho más lenta que la primera y supuso ver en el Garmin el único km por encima de 5 minutos pero mentalmente estaba fuerte como nunca. Sabiendo lo que había por delante ya tenía claro que la carrera iba a acabar muy bien.

El camino hasta la plaza de la Constitución se hizo larguísimo y el inicio de la esperadísima bajada al final de la larguísima recta que cruzaba el centro de Guardamar se hizo eterno pero tenía la moral por las nubes. Después del km 18 había calculado a conciencia mi situación en la carrera y la que podría ser mi marca final. Sorprendentemente, con aquel recorrido y ese perfil, sin esperarlo, el récord personal estaba a mi alcance, y además la bajada del parque Alfonso XIII me esperaba todavía para arañar más segundos a la marca final.

Las piernas iban solas. El público cercano a la zona comercial de los parques y en la misma pinada animaba y una vez cuesta abajo me dije que no pensaba mirar el reloj. Corre. No pienses. Llévate la sorpresa al cruzar la meta viendo el reloj oficial y después el real en el Garmin.

No sé que velocidad llegué a alcanzar hasta bajar al nivel del mar nuevamente pero cuando tocó correr en llano de nuevo las piernas se resintieron como nunca. Aún así, el último giro a la derecha, a lo lejos, ya estaba a la vista, y después de esa vuelta en cuesta, un giro más a la izquierda y aquello estaría hecho.

Hubo fuerzas para mantener el ritmo más rápido de toda la carrera, me frené un poco en los 300m de subida que ya conocía, con las pulsaciones por las nubes, pero al girar a la izquierda y encarar la meta vi los números del marcador y todavía pude acelerar más, gritando para mis adentros mucho antes de cruzar el arco de llegada.

Estaba hecho. 20 metros más y lo tenía. Puro gozo.


Terminaba la carrera (LA CARRERA, debería escribir, en mayúsculas), en 1:38:10 oficial, que ya era récord personal sin mirar tiempos reales, pero ¡ay amigo!, me dije ¿qué marcaría el Garmin? Y ahí estaba: 1:37:45, 21097m a 4:38-4:39 por km dejando atrás mi récord anterior de mi querida Torre Pacheco en 1 minuto y 1 segundo.
Pude compartir la alegría del momento abrazado a Serafín, que estaba en la meta viéndonos llegar, a mí y a Pili y a su cuñado, y de camino al avituallamiento no podía dejar de mirar el reloj, alucinando todavía. El tiempo oficial, por otra parte,  me situaba bastante bien en las clasificaciones: 244 de 824 corredores en la general, 69 de 183 en mi categoría y 234 de 707 hombres.



Hubo tiempo para charlar tranquilamente con Dimas (enhorabuena, y cuídate que te sales en Valencia, seguro), Eutropio y Diana, desvirtualizar a María Mainez (¡enhorabuena!), charlar con Rebeca (ole esa MMP también :) ) y Tomás y comer la magnífica paella que preparó la organización allí mismo junto a Goyo, comentando maratones pasados y futuros.

Las redes sociales, que también tienen sus cosas buenas,
como poder desvirtualizar a María Mainez :)

Una vez en casa, todavía no acababa de hacerme a la idea. No hace mucho el ritmo de aquella media lo daba por bueno en un 10k y después de tanto entrenamiento y haber llegado a pensar que el límite estaba cerca, me sorprendía a mí mismo de nuevo llegando a ritmos inimaginables hace años.
Le di vueltas, soy así, a la distancia que había medido mi reloj. Unos 200m menos. Tanto, que miré después el recorrido grabado y pude ver que en el centro de Guardamar y por la pinada el trazo del recorrido recortaba suavemente sobre el circuito oficial (por edificios y bosque), más que suficiente como para restar los metros que faltaban si se daba dos vueltas. Recorridos más precisos grabados con otros dispositivos y visibles por cualquiera en Wikiloc, sin los recortes del mío, sí que registraban la distancia exacta, así que con este asunto aclarado me quedé ya estúpidamente tranquilo xD



Era marca personal en toda regla. No podía estar más contento ni más orgulloso de mí mismo. Estar a medio camino del 1:40 y el 1:35 era algo que jamás habría imaginado y conseguirlo en una media tan exigente como la de Guardamar le daba, en mi opinión, mucho más valor al resultado de aquella carrera, una prueba que ya os digo que si el año que viene pone el límite de inscritos en 1500 en lugar de 1200 volverá a colgar el cartel de "todo vendido" nuevamente, porque es casi imposible hacerlo mejor, en cuanto a organización, recorrido, y trato al corredor. Va ser de las más grandes de Alicante, recordad lo que os escribo hoy.
Y por mi parte... soy feliz corriendo, no puedo decir más. Correr me salvó y me dio la vida hace años y hasta hoy no ha habido carrera que no me recuerde lo grande que es este deporte y todo lo que me aporta en muchísimos sentidos. Ojalá pueda disfrutarlo hasta que haya que inventarse categorías para mí (¡veterano Z!)



La próxima cita es en la prueba estrella de la temporada, la media de Madrid el 8 de abril. Con un circuito tan exigente, a pesar de los últimos cambios, no pienso en marcas. Lo único que espero esa mañana es disfrutar de la oportunidad de correr otra vez por Madrid y pasarlo bien, aprovechando además que vuelve a acompañarme en otro viaje deportivo mi amigo Ramón. Creo que no será difícil cumplir el objetivo.

Os lo cuento en la siguiente publicación del blog.
Gracias por estar ahí.

Saludos.

jueves, 15 de marzo de 2018

IV CARRERA SOLIDARIA FACULTAD DE MEDICINA UMH


    
Con la primavera cerca, a menos de diez días, el domingo tocaba probarse por última vez en un 10000 invernal y tratar de acercar el tiempo final a los dificilísimos, casi imposibles, parece, 43 minutos, una marca que se resiste esta temporada, con muy pocas carreras por debajo de 44 (dos, si no me falla la memoria).
La elegida para despedir los diez miles de invierno fue la prueba que organiza la facultad de medicina de la Universidad Miguel Hernández en San Juan, que destina todo lo recaudado a varias asociaciones y organiza una gran jornada de deporte popular rodeada de muchísimas actividades para todos los públicos, en paralelo a las diferentes carreras que se pueden elegir  (relevos, marcha, 5 y 10km...)

Al elegir esta carrera y no la gran prueba de Benijófar, más dura y más corta, el mismo día con mi amigo Ramón, me dije que todavía sería posible arañar segundos al sub.44, aunque no llegara a récord personal, pero durante toda la semana previa a la competición tal vez no supe reducir la carga de entrenamientos, dejándome llevar por la emoción de tener a la vista retos deportivos muy interesantes (acuatlones de TriWhite en Alicante, San Javier y Carboneras y próximas travesías a nado), lo que hizo que nadara y corriera más de lo habitual , juntando entrenamientos un par de veces, y llegara al domingo no tan descansado como habría sido necesario.

El clima y el horario parecían jugar en mi contra también, pues amanecía una mañana despejada, calurosa y con mucho viento, y la salida oficial no se daba hasta las 10:45, algo más tarde en realidad para poder finalizar los relevos previos al inicio de la prueba de 5 y 10km.

¿Dónde hay que firmar para llegar a la edad de Jaime y correr a su nivel?

Después de aparcar sin problema, tomar un café rápido y calentar un poco, saludé a Jaime y a Mario, mi acompañante del Maratón de Barcelona de hace 2 años, y me situé a la mitad del pelotón de salida. Trotando suavemente antes de echar a correr ya notaba que no acababa de estar fino para competir a tope 10km. Me dije que intentaría correr la primera de las 2 vueltas del circuito a ritmo de 44 y pico y ya veríamos en la segunda mitad si me mantenía o había fuerzas para apretar y correr más rápido.

Concentración, en los primeros 20m de la carrera

Salida rápida y en pocos metros ya estaba subiendo por primera vez (circuito a dos vueltas) la avenida principal de San Juan, en una subida que recordaba más dura de la última vez que corrí por allí, en el 10k de Brotons en el 2013, pero que en realidad era un casi inapreciable ascenso que nos alejaba de San Juan hasta casi el km 3 en dirección a Muchamiel.


Primer paso por la avenida principal de San Juan. Todavía muy entero y animado.

Primer 1000 controlando el ritmo, 4:30, y demasiado optimismo tal vez al haber conseguido no empezar rápido, pues el segundo km pasaba a 4:13 aprovechando la velocidad ganada en un ligero descenso de 300m. Llegaba a la zona más alejada del centro, la más solitaria también, pasando el tercer 1000 en 4:25 y comenzaba, según recordaba de los mapas que consulté, una suave bajada hasta completar la primera  vuelta.

Cerca del final de la primera vuelta, saludando a Mariví, la fotógrafa

No corría cómodo. Empezaba a tener mucho calor y a sentir que iba forzado. Las pulsaciones, disparadas, y terminaba el cuarto km a 4:32. Los últimos 500m camino a la zona de meta, donde nos separaríamos los corredores del 5 y 10k, se pegaron bien a las piernas, de nuevo en suave subida, y tuve la tentación de tomar el desvío del 5000. El paso por la mitad de la carrera indicaba un último km a 4:43 y 22:25 en mi Garmin.

Me dije que el sub.45 seguía a tiro, pero el el fondo notaba que era imposible repetir la segunda vuelta al mismo nivel y cuando tomé de nuevo la avenida principal lo tuve claro. El ritmo caía casi a 5'/km y no había fuerzas para remontar. Todavía trataba de engañarme y pensaba que en los km de suave bajada podría recuperar, pero el ritmo varió poco o nada, aunque intentara distraerme con el paisaje san juanero (pocos espectadores fuera de la avenida principal o la zona de meta) o los ánimos de los voluntarios universitarios, entregados a su trabajo.


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Ritmo de 4:52 en el 6000 y 4:47 y 46 los dos siguientes. Aquello no tenía remedio ya. Eché un vistazo al tiempo y calculé que si seguía bajando el ritmo ni siquiera acabaría antes de 46 minutos. Entrenamiento de calidad para la media del próximo domingo, pensé, tratando de no darle muchas más vueltas a la cabeza.

Se iniciaba un tramo largo de suave bajada, unos 10-12m desde el km 8 al 9.5, por la avenida de Benidorm, que se veía muy larga en mi lamentable estado físico de aquel momento. Pensé que aprovechando el descenso podría arañar segundos a todo lo que había perdido kilómetros atrás, pero las piernas no daban para más. Los cuádriceps se sentían duros y pesados y el ritmo a penas subió a 4:40 cuando pasaba por el km 9.


Mi cara lo decía todo, en el segundo paso por la avenida de Benidorm.

Mentalmente seguía fuerte, a pesar de todo, y esto debió ser la clave en el último km, pues al calcular que podía entrar en menos de 46 si aceleraba aumenté el ritmo a todo lo que daba y a pesar del último mini-repecho de 500 metros cercano a la meta de nuevo, en el parque de L'Ordana subí la velocidad y pude ver de nuevo un ritmo de cuatro treinta y algo.

Sufriendo en la recta final, a pocos metros de la meta.

Con el arco de meta a la vista y siempre animado por los voluntarios de la carrera aceleré a tope viendo que el sub.46 real podía escaparse por poco y conseguí acabar la carrera en 46:08, 45:59 real, posición 52 de 158 en la clasificación general, 16 de 44 en mi categoría y 51 de 123 hombres (estadísticas de tiempos, categorías etc. AQUÍ ), siendo el 10000 más flojo de la temporada y uno de los peores que recuerdo en mucho tiempo, en cuanto a marcas.






A pesar de esto (sería facil desmoralizarse pensando que las dos últimas medias pasaba el 10000 solo 30-40s más tarde como mucho), anímicamente no me ha afectado demasiado. Como ya pensé durante la carrera, me tomé la mañana como entrenamiento de calidad para la media de Guardamar del próximo domingo y, bien mirado, con todo lo que llevaba acumulado esa semana, el tiempo conseguido era para estar contento. Además, los 10€ de mi inscripción servían para ayudar a las asociaciones que recibían lo recaudado por la carrera, una prueba que, por otra parte, os recomiendo. No debía quejarme, en realidad.




Esta semana ha sido más suave en cuanto a entrenamientos. He sacrificado velocidad y sesiones de mi querida natación para llegar al domingo más descansado y menos cargado muscularmente y poder correr la media de Guardamar en condiciones. El año pasado corrí su primera edición haciendo antes una tirada de 7km para completar en total 28, usando la carrera como tirada larga para el maratón de París, sin pensar en marcas. Este año toca competirla "en serio" y sufrir a tope la larga subida por las dunas dos veces. La organización y el ambiente del año pasado eran espectaculares y el boca a boca ha hecho que esta segunda edición llegue casi a 1000 inscritos. La cosa promete y llego muy motivado. Veremos cómo acabo.

Os cuento cómo ha ido en la próxima publicación del blog.
Gracias por estar ahí.
Saludos.