miércoles, 18 de julio de 2018

TRAVESÍA HEARTBREAK PLAYA LEVANTE BENIDORM 2018


Como os comentaba, hubo doblete acuático el pasado fin de semana. Tenía prevista esta travesía, la Heartbreak playa de Levante de Benidorm, pero también me dejé convencer (soy facilón para estos temas, carreras o travesías) para nadar el día anterior la travesía de la playa del puerto de Sagunto, así que el domingo, habiendo dado todo el sábado con resultados bastante buenos, no se podía esperar un resultado similar. Tocaba ser precavido y dosificar muy bien el esfuerzo, al menos los primeros metros de los 2900 de que constaba la travesía.

No hubo que madrugar tanto como el sábado para llegar con tiempo a Benidorm. Me acompañaban de nuevo los amigos de mi club, CN Aquatic Alicante, J.Antonio, Alejandro B., Pascal, y poco después nos reuniríamos en la playa con el resto del equipo, Eva y Silvia.

Preparándonos
Aunque la previsión era buena la tarde anterior, el mar iba agitándose poco a poco según avanzaba la mañana. No era difícil adivinar, desde fuera, una corriente que favorecería el primer largo del circuito pero que iba a dificultar, y mucho, el segundo, de mayor longitud que el primero, teniendo que nadar con la corriente en contra hasta el mirador que separa las playas de Poniente y Levante.

3 travesías seguidas con mar movido. El día que salga mar plato voy a alucinar ja, ja, ja
En la primera toma de contacto con el mar, calentando un poco, parecía que a pesar del oleaje el agua estaba transparente. Cerca de la orilla la visibilidad era perfecta y más de una vez me crucé en el camino de peces de varias especies. Por desgracia, con algo más de profundidad, todo se volvía mucho más turbio y tocaba nadar un poco a ciegas (ooooootra vez, y van tres seguidas :(  ¡ay, el día que salga mar plato! ja, ja, ja)

Echando un vistazo a la zona y calentando


Mientras escuchábamos las indicaciones de los organizadores sobre el recorrido y la forma de nadar alrededor de las boyas tuve clara la estrategia a seguir. Salir atrasado en el grupo, no dejarme llevar por la emoción de la salida ni por una teórica ventaja en el tramo inicial con corriente a favor, controlando la velocidad, y sobrevivir como pudiera a contracorriente después del giro hacia playa de Poniente. Con la travesía ya planificada mentalmente, solo quedaba empezar a nadar después de la salida, que se daba con algo de retraso por un fallo de un generador y que estaba indicada por el comienzo del estribillo de Highway To Hell de AC/DC por megafonía.


Todavía no recuerdo de qué narices nos reíamos
mientras esperábamos la salida
No costó demasiado llegar a la primera boya y durante los primeros metros me sentí cómodo. Probablemente la corriente ayudaba, pero como había planeado, no pensaba forzar demasiado. Me desorienté un poco y al paso por la plataforma de juegos que había unos 600m después del inicio, en lugar de dejarla a la izquierda, faltó poco para que me tocara bucear por debajo. Me había dejado llevar por el grupo que tenía delante y no lo vi venir. Rectifiqué hacia la derecha y avancé, pero una vez más me desvié, llegando casi a la línea de boyas que marcaba el camino de vuelta. Tocaba corregir de nuevo el rumbo. La velocidad, a pesar de todo, no era demasiado lenta. El ritmo medio creo que era ligeramente más rápido que 2'/100m hasta las cercanías del 1200, momento en el que tocaba girar y pelear contra la corriente.

El mar no empujaba en sentido contrario con demasiada fuerza (de haberlo tenido así en la travesía del sábado habría podido con él, creo) pero sí la suficiente como para que empezara a notar el esfuerzo de la mañana anterior en Sagunto. Al contrario que allí, en aquel momento era yo el que no paraba de ser adelantado y los choques con otros nadadores eran constantes.
Me esforcé los primeros metros a contracorriente y tuve la (equivocada) sensación de estar nadando rápido, pero el Garmin marcó un 200 lentísimo que me devolvió a la realidad. Había mucho camino todavía hasta la boya que indicaba el giro hacia la meta, cerca del mirador, así que lo prudente era reservar energía.

Hasta aquel punto el camino fue difícil. Me costaba encontrar referencias, localizar la siguiente boya, y más de una vez fue necesario parar intentando situarme y no desviarme demasiado del camino correcto. No tardé, además, en quedarme prácticamente solo, por lo que la sensación de que tal vez estaba en el pelotón que cerraría la competición me desanimaba un poco. Entrenamiento, nada más. Es tu segunda travesía en dos días. Acaba, acumula km y listo. Olvídate de marcas y clasificaciones, me repetía.

La llegada al último giro se hizo eterna. Una vez alcanzada la boya que indicaba el camino en diagonal hacia el arco de meta pude nadar con más comodidad. Ya no peleaba contra la corriente, al haber menos profundidad empezaba a ver un poco el fondo y algo de vida submarina y me animé a tratar de mejorar un resultado que ya no había forma de arreglar. Nadé más rápido, pero la marca final iba a ser mucho más modesta que el sábado, estaba claro.

Paré el reloj en 1:02:43, con algo más de 3000m registrados en el Garmin (malditos desvíos y falta de orientación), terminando en la posición 141 de unos 223 nadadores y 46 de algo más de 60 en mi categoría. Lejos de la media y de los puestos del día anterior pero satisfecho, en realidad, con el resultado. Dos travesías en menos de 48h y más de 5000m acumulados, con una clasificación bastante buena (a mi nivel, obvio) en una de ellas, era para estar contento, como se ve en la foto de meta:



En la llegada ya estaban hacía tiempo mis compañeros de Aquatic. Pascal reventaba su marca del año pasado, sin acusar lo más mínimo el esfuerzo de la travesía que compartimos el sábado, Silvia subía al podio de nuevo, Alejando B. se quedaba a un puesto de podio (para alguien como él, capaz de nadar Denia - Ibiza, solo puede haber palabras de admiración) y J.Antonio hacía tiempazo también. Como digo siempre, mucho que aprender todavía de todos ellos.

También pude hablar un rato con otros habituales en las travesías. Cecili, de mi club pero que participaba con RC7 esa mañana, David Pomares, Pablo y Sara, haciendo sus ya habituales tiempazos ... (pendiente del acuatlón que montáis en Almansa, Pablo ;) Buena gente, siempre.


¡Equipazo!
El avituallamiento final era correcto, aunque escaso si se comparaba con el del día anterior (¿habrá alguna travesía que lo iguale o supere?), pero suficiente para recuperar fuerzas y líquidos. En cuanto a la organización, tal vez un par de boyas más, una en cada lado largo del rectángulo del circuito, ayudarían a no perder el rumbo en días de mar movido como el que tuvimos, pero por lo demás, nada que criticar. Tengo claro que el año que viene vuelvo a tomarme la revancha y a por marca. Quedarme tan cerca de bajar de 2'/100m en 3000m es, para mí, algo muy positivo, más si tenemos en cuenta el estado de la mar y el cansancio por el esfuerzo en Sagunto. Sigo avanzando, que es lo importante.





Ahora le llega el turno al acuatlón de El Campello. El año pasado lo disfruté muchísimo y después del entrenamiento de piscina de ayer creo que para la parte acuática llego en mejores condiciones que en el 2017. Corriendo por la arena, descalzo, no creo que haya mejorado de forma significativa pero los dos miles a nado de la prueba del próximo domingo creo que son mejorables este año. Motivación no falta, desde luego.

Os cuento cómo ha ido en la siguiente entrada del blog.
Gracias por estar ahí.
Saludos.

lunes, 16 de julio de 2018

TRAVESÍA PLATJA PORT DE SAGUNT 2018



Fin de semana a remojo, este que acabamos de dejar atrás. Corriendo no he sido nunca de hacer dobletes, de participar en carreras el sábado y el domingo un mismo fin de semana. Lo habré hecho un par de veces, como mucho, desde que empecé a correr en el 2008. Termino tan cansado en cualquier carrera que no suelo plantearme otra competición al día siguiente, pero en el caso de la natación la cosa cambia. La fatiga después de una travesía a nado la siento diferente. Llamadme loco, pero para mí tiene algo agradable, un no sé qué extrañamente placentero, así que cuando además de la travesía que ya tenía prevista para el domingo, la Heartbreak de Benidorm, tuve la oportunidad de hacer grupo en un coche para ir el sábado a la travesía de la playa del puerto de Sagunto no me lo pensé demasiado y me junté con Pascal y Silvia, de CN Aquatic Alicante, como yo, y nos pegamos el madrugón para llegar con tiempo de sobra a la costa saguntina.



Teníamos por delante 2200m, siguiendo un recorrido en forma de rectángulo perfectamente señalizado por boyas, nadando en sentido contrario a las agujas del reloj. Poco antes de la salida de nuestra competición la organización estrenaba otra travesía, llegando a los 5000m, una prueba que según vimos puede ser interesante y que no descarto nadar el año que viene.



Revisando el recorrido con Pascal, "culpable" de que me liara al final para el doblete ;-)


El mar estaba en calma cuando llegamos, pero mientras desayunábamos fue cambiando y mientras nos preparábamos para la salida vimos ondear la bandera amarilla. Iba a ser una travesía entretenida.

No tenía claro cómo dosificar el esfuerzo el fin de semana. ¿Reservaba fuerzas para la travesía del día siguiente en Benidorm, más larga? ¿Nadaba a tope la del sábado y el domingo me olvidaba de tiempos? Decidí tomar la decisión según avanzara la travesía de aquella mañana. Cuando llevara 400-500m valoraría.

Inicio de la prueba

Después de las explicaciones de la organización sobre el recorrido arrancamos. El mar seguía bastante movido y no había mucha visibilidad bajo el agua, pero nadaba bastante cómodo. El giro hacia el pantalán y el cambio de sentido hacia Canet pasaron sin mucho esfuerzo. Me notaba ligero y tenía la sensación de que adelantaba nadadores constantemente. Decidí esforzarme en aquella travesía y el día siguiente en Benidorm ya vería cómo me encontraba. Me apetecía intentar nadar rápido.

Aunque la marea podría haber dificultado la visión de las boyas señalizando el recorrido, había un número suficiente, muy próximas entre ellas, y era fácil seguir el trazado correcto. En alguna ocasión el Garmin marcaba ritmos más lentos de los que yo pensaba que llevaba y admito que me desanimé un poco. Aquello no encajaba con mis sensaciones de rapidez y ver que no dejaba de adelantar a otros competidores. No pensé, error por mi parte, en lo obvio, que el estado de la mar condicionaba el ritmo de todos. Seguí dándolo todo, a pesar de los datos del Garmin. Me sentía con fuerzas para acelerar y guardé algo de energía para el segundo cambio de sentido, el que nos llevaría hasta una boya con un globo de helio que indicaba el giro final hacia la playa y la meta (esto de los globos de helio es una maravilla para torpes de la orientación como yo. Ya podrían poner más en otras travesías)



Aceleré todo lo que pude en el último tramo en paralelo a la playa, siempre con la referencia de la boya y el globo de helio a lo lejos. El reloj seguía avisando de mi ritmo cada 200m y no siempre era superior a los 2'/100m, mi ritmo a batir siempre en travesías de 2000m aproximadamente. No le di más vueltas a la cabeza. Me esforzaba al máximo y aquello me valía. Si nadaba más lento de lo esperado (error de apreciación, en realidad, sin tener en cuenta una vez más el estado del mar) tocaba aceptarlo deportivamente, pensaba.

Un último esfuerzo en el tramo en perpendicular a la costa, después del giro por la boya del globo, y me ponía en pie en la arena para echar a correr y parar el reloj en 45:25.






No necesitaba hacer muchos cálculos para saber que eso significaba que había nadado más lento de 2'/100m y habiendo visto la clasificación del año pasado aquel tiempo me dejaría seguramente por debajo de la media, o eso creía yo.

La sorpresa llegó cuando vi las listas con la clasificación poco después. Como era de esperar, aunque yo no lo supe ver, el mar tan movido había hecho complicada la travesía para todos y eso hacía que no se pudieran comparar tiempos del año pasado con los de aquella mañana.





Mi marca resultó ser más que buena, seguramente la mejor hasta la fecha en ninguna travesía. Había 6 páginas en el tablón de las clasificaciones, pero no tuve que pasar de la segunda para encontrar mi nombre.
Acabé en la posición 100 de 280 en la clasificación general y 31 de 80 en mi categoría, algo impensable para mí hace un par de años, cuando nadé mi primera travesía y acabé penúltimo.

Pascal había llegado medio minuto antes que yo, sin esforzarse lo más mínimo (se le notaba en la cara, es lo que tiene ser tan buen nadador) reservando fuerzas para el día siguiente en Benidorm y Silvia subía al podio como primera clasificada en su categoría (¡qué espectáculo verla nadar!)



La travesía terminaba con un avituallamiento como no había visto nunca en natación. La pizza de Dominos, los bizcochos, las cocas saladas, la fruta, ¡los donuts!, los bocadillos salados y dulces (¡nocilla!), el agua helada, los refrescos... aquello no parecía tener fin. No necesité comer (muy ligero, eso sí) hasta la noche, así que imaginad el festín post travesía.





Entre esto, la magnífica organización (mi enhorabuena al CN Master Morvedre), con detalles como duchas y masajistas al terminar, el precio y el destino solidario de la recaudación (este año SOS Animales Sagunto) tengo claro que el año que viene, si consigo reunir otra vez acompañantes para compartir viaje (la distancia entre Sagunto y Alicante es el único inconveniente) vuelvo, probablemente a por la versión de 5000m



Salí muy motivado de esta travesía. Si corriendo entre 300 competidores me dicen que acabaré en el primer grupo de 100, como sucedió el sábado nadando, no me lo creería, así que la progresión acuática puede darse por buena hasta ahora.

Al día siguiente, en Benidorm, el esfuerzo de Sagunt pasó factura, pero eso ya os lo contaré en la siguiente entrada del blog esta semana, antes del acuatlón de Campello del próximo domingo.
Nos leemos en un par de días en la crónica de la Heartbreak.
Gracias por estar ahí.
Saludos.

jueves, 12 de julio de 2018

ACUATLÓN PLAYA DE XERACO 2018



El mes acuático sigue avanzando y el segundo domingo de julio tocaba probarse en el acuatlón de la playa de Xeraco. Ya había participado en competiciones que combinan natación y carrera el año pasado cuando corrí el acuatlón de Campello pero la prueba del pasado fin de semana era la primera en que la carrera era por asfalto y había que utilizar dos veces una zona de transición de forma similar a los triatlones. Esto me generaba muchas dudas y suponía, al mismo tiempo, un incentivo más que me animaba a competirlo sin importarme el madrugón ni conducir más de una hora hasta llegar a la playa de Xeraco en Gandía.

Mar en calma al llegar a Xeraco. La cosa cambiaría después...

Allí me reuní con mis compañeras de CN Acuatic Alicante Laura y Cristina y después de echar un vistazo al terreno pude hacerme una idea de cómo transcurriría la competición. El acuatlón comenzaría con 2.5km de carrera casi sin giros y totalmente llanos. Después llegaría el turno de la natación, 1000m recorriendo un circuito en forma de pirámide invertida señalizado únicamente por dos boyas que delimitaban el tramo en paralelo a la playa y la competición terminaría con una vuelta más a la carrera recorriendo los mismos 2.5km iniciales.



Había muy pocos participantes, no más de 140 según pude ver cuando busqué mi nombre en el listado de inscritos para localizar mi dorsal. Mucho triatleta y cuerpos muy trabajados de hombres y mujeres que dejaban adivinar mucha experiencia en este tipo de competiciones. ¿Dónde me había metido? ¿Tocaba pelear por no cerrar la competición?

Mi inexperiencia quedaba clara cuando abrieron la zona de transición para dejar en la caja asignada a mi dorsal todo lo necesario para realizar el paso de la carrera a la natación (y al revés, después) ¿Qué dejaba allí? ¿En qué orden? Cristina me echó un cable en este asunto al tener experiencia en triatlones. Gafas, gorro, unas gafas de repuesto por si la goma decidía jugármela precisamente esa mañana, botellín pequeño de agua y una toalla muy pequeña y fina por si fuera necesario limpiar algo.




Había llegado con tiempo de sobra así que después pude calentar un rato con mis dos compañeras de club, algo muy importante esa mañana, pensé, con solo 2500m de carrera (dos veces) que seguramente serían muy rápidos.
No tardé en empezar a sudar abundantemente. Hacía muchísimo calor y la ropa de triatlón que estrenaba ese día (lo de no estrenar nada un día de carrera...para otra ocasión xD) tenía la sensación de que no transpiraba todo lo que habría querido, aunque aparentemente el tejido era bueno.

Calentando y sufriendo ya los calores de aquella mañana

No tenía clara la estrategia a seguir. ¿Me lanzaba a correr a tope nada más empezar? Solo eran 2.5km, no podía ser tan grave salir muy rápido, ¿no? O, mejor, ¿reservaba? En la línea de salida, con la cuenta atrás en marcha, seguía sin tenerlo claro. La natación era mi punto débil, así que ¿por qué no tratar de ganar tiempo en la carrera?

Arranque de la prueba, con un giro pocos metros después de la línea de salida

Dicho y hecho. Arrancábamos y en pocos metros girábamos a la izquierda para tomar poco después un par de curvas que ya nos dejaban en la larga recta principal del recorrido. Salí muy rápido. Demasiado. En el primer vistazo al Garmin ya tenía claro que seguramente me había excedido. ¿¡Un ritmo superior a 4'/km!? Solté el acelerador, pero no tanto como habría sido recomendable y seguí avanzando muy rápido, tanto que el primer pitido del reloj señalizando el paso del km 1 sonó indicando un tiempo de 4:04. De locos. No correría a ese paso ni un solo mil en una carrera de 5000 y ahí estaba, en un acuatlón corriendo casi por debajo de 4 minutos el km.



La cosa no mejoró mucho en el tramo de vuelta después del cambio de sentido por un parque al final del recorrido. Frené, pero el segundo mil volvió a pasar muy rápido, en 4:15. Todavía quedaban 500m antes de llegar a la transición y ahí sí que me contuve y bajé el ritmo. Tal como iba, si paraba sin frenarme un poco no iba a tener fuerzas para cambiarme rápidamente y salir a nadar.



Completé la carrera en 10:41 dejando el ritmo medio de este primer tramo del acuatlón en 4:12/km y rápidamente busqué mi cajón. Al quitarme las zapatillas una de las plantillas se salió y perdí algo de tiempo dejándolas listas para la siguiente carrera. Bebí un poco (no había avituallamiento hasta terminar la natación) y salí hacia la playa corriendo por la arena.
Iba con el pulso muy acelerado y la carrera hasta la orilla no ayudó a mejorar la sensación de agobio mientras me ponía el gorro y las gafas.

Atención a mi cara saliendo de la primera transición

Echando un vistazo al tiempo en el reloj corriendo hacia el mar

Mar movido para el arranque del tramo a nado

Una vez en el agua pude comprobar que la bandera amarilla no ondeaba sin motivo. Las olas hacían muy incómodo el inicio del recorrido, un triángulo, una pirámide invertida, nadando en sentido contrario a las agujas del reloj. El oleaje había transformado el fondo marino en una superficie muy irregular los primeros metros y no fue posible ni caminar de forma seguida ni empezar a nadar de forma constante hasta que conseguimos avanzar muchos metros.
En este punto de la competición me alcanzó Cristina, que me saludó y a la que todavía no sé si alcancé a devolver el saludo o solo le dediqué un gesto como diciendo "madre mía, que duro está siendo esto. Sigo a lo mío"

Cuando al fin pude nadar de forma fluida no me encontré demasiado flojo, para mi sorpresa. Con la bajada de temperatura estando sumergido en el agua también desapareció un poco el agobio inicial. No había mucha visibilidad, pero tampoco nadaba pegado a muchos nadadores así que rápidamente alcancé un ritmo cómodo y sin desviarme demasiado llegué a la primera boya y giré, nadando entonces en paralelo a la playa. Agradecí el baño y el frío del mar, sintiendo las pulsaciones cada vez más bajas, y me permití acelerar un poco. Por desgracia, en algún momento me desorienté y perdí la referencia de la única boya que habría a continuación, a lo lejos, indicando el giro hacia la playa en diagonal. Tuve que corregir rápidamente el camino pero me encontré con fuerzas para llegar en poco tiempo a la boya y entrar de nuevo en el recorrido oficial. Con la playa cada vez más cerca aceleré, intentando recuperar el tiempo perdido en el desvío, y cuando por fin pisé la arena me di cuenta que tal vez aquel acelerón final sobraba. Quedaba todavía un tramo de carrera por la playa, por arena blanda de nuevo, hasta la zona de transición.

De vuelta al asfalto

Aquello volvió a poner mi corazón del revés. Saludé a Rafa, marido de Laura (varias fotos de esta entrada son suyas :)), me quité algo de arena de los pies gracias a la colaboración de un voluntario que había a la entrada de la zona de transición con una manguera y busqué lo más rápido que pude mi cajón, completando así la parte acuática de la carrera, los 1000m, en unos 20 minutos.
Bebí la mitad de la botella de agua que me quedaba, me coloqué de nuevo el porta dorsal (nota mental: tal vez irías más rápido si no lo desabrochas y te lo quitas y pones por los pies) y, tardando más que la primera transición salí disparado hacia la carrera, cansadísimo y con el pulso demasiado alto.

Todavía 2.5km de carrera por delante.

El agua del avituallamiento, justo al inicio de la carrera, estaba fría (¡menos mal!) y al haber bebido algo en mi cajón pude permitirme echarme la mitad por la cabeza para refrescarme poco después de empezar a correr.
Tal como imaginaba, el exceso de velocidad corriendo en la primera parte ("primer segmento", dirían los que entienden de esto, ¿no? xD ) sumado a un tramo de natación no demasiado malo, peleado al principio a contracorriente y demasiado acelerado al final, más una carrera por la arena hasta la zona de transición pasaban factura en aquel momento.

Las pulsaciones no bajaban de 180, las piernas se sentían pesadísimas y mi sensación era de estar corriendo muy lento y con muchísimo esfuerzo. Tardé en atreverme a mirar el Garmin y cuando lo hice me sorprendí al ver un ritmo de 4:25/km aunque tuve claro que no iba a aguantarlo toda la carrera. El calor resultaba asfixiante y el corazón empezaba a latir peligrosamente cerca de las 190ppm.
Intenté aguantar el ritmo hasta el parque, hasta el cambio de sentido, y lo conseguí pero desde ese punto sentí que era imposible seguir a aquella velocidad.



La recta de vuelta se hizo eterna. Conseguí pasar el primer km en 4:28 (no apostaba ya ni por mantener 4:45/km) pero el segundo estaba claro que iba a ser más lento. En cada esquina o pequeña rotonda esperaba tener por fin a la vista el arco de meta pero parecía que no llegaba nunca.
El Garmin registró el km 2 más lento que el anterior, en 4:39, algo que no me importó pues yo solo me fijé en que eso significaba que, por fin, ya solo quedaba 500m de carrera. Me dije que el ritmo medio del segundo 2500 del acuatlón podía dejarlo por encima de 4:40/km y aceleré. No demasiado, la verdad, solo hasta 4:30/km, pero lo suficiente para llegar antes de 45 minutos, según vi cuando tuve cerca, por fin, la meta.

Al borde del infarto, conseguí cruzar la línea de llegada en 44:35 y sin datos de tiempo real tocaba echar un vistazo a la clasificación (ÉSTA) para ver los tiempos de cada tramo, posiciones durante la competición y cuánto tiempo perdí en cada transición
Acabé la primera carrera bastante rápido, posición 66 de la general, pero perdí muchísimo tiempo cambiándome y salí al agua con casi 40 puestos perdidos (¿¡cómo se puede cambiar uno tan rápido!?) En el mar no se me dio muy mal y cuando llegué a la 2ª transición había recuperado puestos y salía en la posición 78 después de ser, de nuevo, muy lento cambiándome. Recuperé tres posiciones más durante la carrera (éramos muy pocos y ahí sí que fui consciente de estos tres adelantamientos) y conseguí, finalmente, terminar la competición en el puesto 75 de la general entre 131 participantes (pocos, pero era récord de inscritos, dijeron), 27 de 39 en mi categoría.



Con el nivel que vi en la prueba (alucinaba viendo al primero, que en 34' lo tenía hecho) entre tanto triatleta y competidor experimentado en este deporte, haber conseguido quedarme tan cerca de la media y no en el último bloque era para estar satisfecho, siendo mi primer acuatlón.



En cuanto a mis compañeras, Cristina entraba pisándome los talones, medio minuto después (tremendo, lo fuerte que corre) y Laura, que temía ser ella quien cerrara la competición, conseguía un resultado mucho mejor de lo esperado (y, por supuesto, no entraba la última ;) )




El avituallamiento final era muy completo, con bebida de sobra, fruta, dulces... Una prueba, en resumen, para repetir, en la que solo cambiaría, para hacerla casi perfecta, la hora de salida (una hora antes bastaría) , añadir alguna boya más señalizando el recorrido a nado y la posibilidad de usar algunas duchas después, aunque si miramos el precio de la inscripción (he ido a travesías a nado, sin carrera, pagando muchísimo más) en general el balance es muy bueno y convierten el acuatlón de Xeraco en una prueba obligatoria para el año que viene, en el que con algo más de rapidez en las transiciones (ya tengo claro cómo ganar unos segundos respecto a esta primera prueba) y dosificando mejor el esfuerzo, sin el acelerón brutal del primer mil, podré dejar, seguro, el tiempo final más cerca de los 40'. Si el mar acompaña y no está tan movido como esta edición, mejor que mejor.



Ahora toca pensar en la siguiente etapa acuática de julio. Tenía previsto para el próximo fin de semana nadar la travesía Heartbreak Benidorm Playa de Levante, 2900m, y no voy a fallar pero, además, aprovechando mis vacaciones y lo mucho que estoy disfrutando nadando en el mar, me he dejado convencer por mis compañeros de Aquatic Alicante y el sábado también nadaré compitiendo en la travesía Playa del puerto de Sagunt en su versión de 2200m. Obviamente, una de las dos no la nadaré al 100%, pero no tengo claro todavía cuál. Tal vez me reserve para el domingo, por la distancia de la de Benidorm, aunque admito que los 2200 de Sagunt, si el día sale bueno, serán tentadores para probar a nadar al máximo.
Ya veremos cómo me organizo y qué decido al final.

Os lo cuento en la próxima entrada del blog.
Gracias por estar ahí.
Saludos.

lunes, 2 de julio de 2018

II TRAVESÍA DE LA CANTERA


Este mes de julio aunque no estoy apuntado a carreras populares no descanso y voy a participar en varias travesías y acuatlones, más de lo que habría planeado inicialmente, que me apunto a todo lo que se pone por delante y así pasa lo de este mes, que todos los fines de semana tengo lío acuático.
La primera travesía de julio no se hizo esperar demasiado y para el día 1 ya tenía inscripción en la segunda travesía de la cantera, el pasado domingo. La conocía de su primera edición aunque aquella no se atrasó tanto como la de este año al no haber problemas de carabelas portuguesas y se organizó antes del verano, permitiendo el uso opcional de neopreno.
Esta segunda edición ha sufrido dos aplazamientos y ha acabado situándose en pleno verano, por lo que el neopreno, que suponía una ventaja para mí y era algo con lo que contaba al inscribirme, quedaba descartado. ¿4000 metros en el mar "a pelo"? No me notaba muy preparado, la verdad, pero confiaba en las mejoras que he ido viendo este invierno en los entrenamientos.

Mi club colabora en esta travesía junto a la Concejalía de Deportes por lo que, además de nadar, tocaba echar una mano en la organización antes y después de la competición, algo que hacía necesario un madrugón a las 5:50 del domingo si quería llegar a las 7:00 a la salida, en la playa de la Albufereta, para empezar a montar con los compañeros y resto de voluntarios la zona de entrega de chips, consigna, avituallamiento, etc.

Fotografía tomada por el club Medusas Peligrosas esa mañana en la salida

El año pasado hicimos lo mismo y no sentí que me perjudicara después demasiado durante la travesía pero este año el esfuerzo y el estrés han podido conmigo al tener que trabajar a tope para conseguir dejar todo listo antes de la salida (¡trabajazo de todos los voluntarios y organizadores!) Estuve entregando chips y gorros y la posición encorvada por la escasa altura de las mesas que usábamos reavivó una molestia en la zona lumbar que había olvidado ya a principio de semana. Cuando llegó el momento de cambiarse para echarse al agua la molestia iba en aumento y me notaba cansado, así que cuando mi compañera de club Cristina se vio sola para los 4000 y me preguntó si hacía la travesía con ella, una vez vistos los ritmos que pretendía llevar y lo que yo pensé que podría soportar nadando, decidí no dejarla nadar sola y hacer la travesía juntos, olvidándome de marcas. En el fondo sentía que ella podría nadar algo más rápido que yo esa mañana pero me dije que al menos hasta la primera mitad intentaría seguirla.


A las 9:35 nos metíamos al agua de La Albufereta hasta la boya que señalizaba el primero de los dos giros de nuestra travesía. Íbamos a utilizar el canal de nado que se estrenó el año pasado, por lo que todo el camino estaría señalizado por boyas pequeñas en línea recta en dirección a La Cantera en paralelo a la costa. No debía haber problemas de orientación, en principio.

Me quedé algo atrasado, viendo el ritmo que llevaba Cristina y esperando que no fuera demasiado rápido. Nadamos cómodos hasta el giro y una vez en el canal, hasta los primeros 800m, mantuvimos una velocidad bastante buena (demasiado, según vi después en el Garmin, con ritmos más de competición de 2000 que de 4000)

Con la amplitud del canal de nado, perfectamente señalizado, era fácil no agobiarse por el contacto con otros nadadores y mirando siempre al frente y de reojo a Cristina, que cerca del primer 1000 rebajó un poco el ritmo, avancé sin mucho esfuerzo sintiéndome muy cómodo. Como el año pasado, el mar estaba muy turbio pero, al contrario que el 2017, estaba mucho más calmado. Cuando vi a lo lejos la boya roja que señalizaba el cambio de sentido, los primeros 2000m, me sorprendí de lo bien que me encontraba físicamente. No me costaba seguir a Cristina, tirar incluso un poco de ella, y la primera mitad de la travesía se había hecho muy corta. ¿Estaríamos en condiciones de hacer una segunda mitad algo más rápida? Hablé con mi compañera un momento, durante el giro, y no me pareció que lo llevara muy mal, así que tiré un rato yo, pero la vuelta me resultó algo más complicada que el primer dos mil en cuanto a orientación. Me costaba encontrar las boyas pequeñas y durante un buen rato estuve nadando algo separado de Cristina y de la línea de boyas. Cuando me puse a su nivel de nuevo me comentó que se encontraba cansada y que si yo me sentía bien y quería ir más rápido que me marchara si quería, que no quería ser un lastre. ¡En absoluto! La travesía me estaba resultando muy entretenida estando pendiente de su ritmo y no se me estaba haciendo nada larga. No iba a dejarla tirada con casi medio camino por delante todavía.

La vuelta, siendo mi lado izquierdo "el bueno" para respirar, permitía, gracias al cambio de sentido, ver durante el segundo largo el paisaje de la cantera y los edificios de la costa, algo que me entretuvo en más de una ocasión mientras seguíamos acercándonos de nuevo a la Albufereta.
El mar parecía empezar a moverse un poco y según nos acercábamos a la playa el agua estaba más y más turbia, costando muchas veces tener a la vista a mi compañera de travesía.
Cuando por fin se vio cerca la boya del giro hacia la meta hablé con Cristina, nos vimos con fuerzas y subimos un poco el ritmo. Yo seguía nadando muy cómodo, sin tener ni idea de tiempos, distancias o ritmos aunque el Garmin lo iba registrando todo. Estaba disfrutando muchísimo aunque las lumbares protestaban un poco todavía. Si me desviaba del recorrido tenía fuerzas de sobra para acelerar y volver al trazado correcto al nivel de mi acompañante. ¿Era posible aquello? ¿En serio me notaba con fuerzas para hacer 1000 metros más si los hubiera? ¡Qué sensaciones más buenas!
La suciedad de la Albufereta cuando se mueve un poco el mar junto a la presencia de muchas algas pequeñas y alargadas que asustaban a veces al engancharse en las manos (¡carabelas! ¡no!) entorpecieron un poco el final de la travesía pero cuando fue posible poner los pies en la arena (sin rampas esta vez, no como en Pins i Mar) vi que habíamos acabado muy enteros y después de posar un momento para la cámara de mi hermana, fotógrafa improvisada, cruzábamos la meta en 1:26:31 , 146 de 164 en la general, 46 de 53 en mi categoría.





De los últimos, sí, pero os aseguro que no me importó en absoluto. El ritmo no había sido mucho más lento del que habría seguido yo por mi cuenta esa mañana (Cristina está muy fuerte, diría que reservó más de la cuenta a pesar del momento de flojera poco después del 2000), acababa antes de 1:30, algo que me había propuesto este año, terminaba 10 minutos antes que el año pasado nadando esta vez sin neopreno y acababa con la sensación de que podría haber subido el ritmo al final y nadar sin problema 1km más. Y si, además, había ayudado a nadar mejor y más confiada a la compañera, a que fuera más segura, pues no podía pedirse más a aquella mañana. Ojalá hubiera hecho alguien por mí lo mismo cuando empezaba hace algo más de un año y me quedaba tirado en los últimos puestos de las travesías, pensé. 

En la meta pude ver que el resto de nadadores del club que competían habían hecho tiempazos y había caído algún trofeo que otro. Mi hermana, que también nadaba pero en la versión de 2000, también terminaba contenta alejándose poco a poco de los puestos de cola. Gran mañana deportiva :)





Jornada redonda, en resumen, si no fuera por las molestias en las lumbares que hicieron que me retirara pronto y no pudiera ayudar en la organización después (perdón, equipo :( )

Ahora toca pensar en la próxima competición. Si la espalda no da guerra (después de una noche de descanso ya me noto muchísimo mejor) el próximo fin de semana toca probar mi primer acuatlón del año, el de la playa de Xeraco. 2'5km de carrera, 1000m nadando y, de nuevo, 2'5km corriendo.
Temo la segunda vez que toque calzarse las zapatillas en esta prueba pero, no sé si por la novedad, por las buenas sensaciones del simulacro que hice el mes pasado nadando 2000 en piscina y corriendo 5km después, por el viaje con compañeros del club... Algo tiene esta prueba que me atrae muchísimo y que me motiva. Le tengo muchas ganas, así que espero no excederme en el primer tramo de carrera y salir bien de la natación para no morir en la carrera final. También creo que me liaré un poco en las transiciones, algo nuevo para mí, pero intentaré dejarlo todo bien preparado para no perder demasiado tiempo.

Os cuento cómo ha ido todo en la próxima entrada del blog.
Gracias por estar ahí.
Saludos.