miércoles, 19 de julio de 2017

II ACUATLON EL CAMPELLO

El pasado domingo tocaba estrenarse en competiciones multideporte probando el Acuatlon de El Campello en su segunda edición. Mi entrenamiento específico para esta prueba había sido más bien escaso, con un par de días entrenando con el club tramos cortos de natación seguidos de carreras breves por la arena y vuelta al agua para nadar otra vez, y un día dedicado solo a cambios de ritmo y series cortas, sin natación, en la playa de San Juan.
Aunque la distancia de la prueba no era excesiva, 4km divididos en varios tramos de natación y carrera, 2km en total para cada elemento, mi falta de experiencia corriendo por la arena y la dificultad de las transiciones agua-arena arena-agua hacían que afrontara esta competición con bastante respeto.

Buenísima mañana para competir


Nos juntábamos en la playa de Carrer La Mar de El Campello muchos nadadores del club, muchos novatos en esto de mezclar carrera por arena y natación y otros experimentados y fuertes que ya conocían este tipo de pruebas e incluso habían subido ya al podio en otras ediciones. El clima y el estado de la mar eran perfectos para la prueba: Unos 600m de carrera para empezar, 1km de natación, 1km de carrera otra vez por la arena, 1km de natación y sprint final de 400m hasta la meta.

Recorrido de la vuelta que debíamos dar dos veces esa mañana.


El km de arena que tocaba correr se veía muy largo y pesado antes de empezar. No sabía cómo iba a reaccionar el cuerpo después del primer tramo de carrera, al meterme al agua, así que decidí ser muy cauto desde el principio.
Me situé bastante atrasado en el grupo de salida y el arranque me lo tomé con calma. Esperaba ser adelantado rápidamente por muchos corredores, que suponía que en su mayoría eran triatletas, más que habituados a combinar deportes en una misma prueba, y me sorprendí ganando posiciones cómodamente a muchos corredores en esta primera etapa. Me encontraba fuerte y en un tramo de unos 100m la arena estaba más compacta y se podía correr con comodidad.
A pesar de los ánimos y buenas sensaciones iniciales reservé fuerzas, pensando en lo duro que iba a ser (o eso esperaba yo) la vuelta a la arena 1km después de entrar al agua.
Inicié el primer tramo de natación tranquilo, sabiendo que todo lo ganado en la carrera iba a perderse al no estar ya en mi elemento. La natación no se me da muy bien todavía, soy muy lento,  es un hecho, así que me lo tomé con calma mientras, tal como esperaba, empezaba a ser adelantado por muchos nadadores.
La primera transición de la arena al agua no fue demasiado dura y me encontré con fuerzas durante toda la primera etapa a nado de la prueba. La señalización del recorrido era correcta y era fácil no desviarse. Superábamos el primer espigón y buscando el segundo ya en dirección a la orilla solo teníamos unos 500m de natación por delante.
Eché un vistazo al reloj un par de veces y vi que el ritmo no era mucho más lento de lo que yo consideraría "bueno" en un 2000 solo de natación, algo cercano a los 20 minutos el km. Nadaba a ritmo de unos 22 el 1000 y me encontraba cómodo. La salida del agua la hice acompañado de un grupo de 4 o 5 nadadores. Eché la vista atrás y vi varios grupos de competidores más atrasados. No debía ir tan mal, pensé.
Al pisar la arena por primera vez no me noté demasiado débil. Parecía que había acertado en la elección del ritmo del primer kilómetro a nado. El 1000 a la carrera que me encontraba en ese momento lo inicié animado, adelantando a varios corredores de mi grupo. En el paso por el arco de meta me detuve unos segundos a beber agua en el avituallamiento y rápidamente inicié la carrera.
Sabía que llegaba en breve en tramo de arena compacta y cómoda y en ese punto aceleré un poco más. Noté que podía ganar algunos segundos al crono en esta parte de la carrera y ya no me frené hasta llegar de nuevo al agua.

Segunda etapa a la carrera


A mitad del tramo de 1km de arena

En esta segunda transición de la arena al mar sí que me sentí algo más frenado. Las pulsaciones iban disparadas y así lo comenté con otro participante con el que hasta ese punto llevaba un pique sano, dándonos relevos tanto en el agua como en la carrera. Él estaba más fuerte y rápidamente desapareció delante de mí hacia la primera boya.
Yo me tomé con mucha calma el inicio del segundo km a nado y descubrí que, sorprendentemente, mi cuerpo se recuperaba muy rápido del esfuerzo de la carrera. No llevaba ni 500m nadando cuando decidí que podía recuperar el tiempo perdido en la primera mitad de esta segunda etapa a nado. Aceleré y conseguí volver de nuevo a la arena casi en el mismo tiempo que en el primer 1000, a pesar de haber ido mucho más lento en la primera mitad en esta segunda entrada al mar.

De vuelta a la arena sí que me sentí algo más cansado pero pensé que para 400m que quedaba había que darlo todo. A lo lejos vi un nadador con el que había estado tira-afloja todo el segundo 1000 a nado y pensé que podía alcanzarlo. Con este pique absurdo en la cabeza aceleré a tope y lo rebasé pero la meta aún estaba muy lejos y el esfuerzo fue excesivo. A 50 metros de la meta volví a ser superado por el corredor y entré desfondado unos metros después en 56:28 , posición 61 de 84 en la clasificación general (lo que cuesta ir despegándose poco a poco de los últimos puestos...) y 19 de 24 en mi categoría, veterano-B.

Meta, al fin


Con mi liebre improvisada, justo vencedor en el último sprint dos segundos por delante de mi


Qué duro esto de correr por la arena...


Estaba cansado pero muy contento con la experiencia. Por allí andaban los cracks del equipo, que habían entrado antes que yo incluso consiguiendo podio, como Alex y Cecili (¡grandes!) o con tiempazos como los de Jaime, Bea, Jose, Victor... Poco después llegaban Roque y Pepelu, todos contentos con el resultado.


Buena mañana y mejores acompañantes. ¡Equipo! :)

Creo que una vez comprobada la reacción del cuerpo ante los cambios de medio, pasando del agua a la arena y viceversa, puedo afrontar una prueba de este tipo con menos reservas. Los tramos a la carrera fueron aceptables pero creo que en la natación podría haber apretado un poco más. No salí tan cansado del agua las dos veces que tocaba hacerlo y posiblemente podría haber llevado un ritmo algo más rápido, más cercano a 2'/100m. En la misma meta ya tenía claro que volvería el próximo año para comprobarlo :) 

Mi primer acuatlon :)

No son tiempos para echar cohetes y entrar en celebraciones, pero estoy muy satisfecho :)

En cuanto a la prueba, organización excelente. No acabo de comprender el motivo de la escasa participación, con tanto triatleta en la provincia que podría disfrutar de una competición de este tipo. Se nos dio toda la información necesaria, la entrega de dorsales fue correcta, la señalización suficiente para no perderse, barcos, kayacs, motos de agua etc. en todo momento vigilando, avituallamiento excelente al final, duchas para quitarnos la sal... Parece que a pesar de ser casi 100 competidores este año la participación ya ha crecido respecto al año anterior. Ojalá el año que viene vengan muchos más.

Hasta el año que viene

Ahora toca pensar en la siguiente competición a nado. No va a haber carrera a pie hasta septiembre pero en natación voy a apuntarme a todo lo que pueda. Me mantiene en forma, no agonizo con los calores de mi ciudad en verano, evita la sobrecarga de tanta carrera alejando el fantasma de las lesiones y, lo principal, disfruto como un enano en el agua y cada pequeña mejora que noto me da una inyección de moral increíble que me anima a seguir entrenando con el equipazo que formamos en Aquatic bajo la dirección de Alex. ¡Qué gran descubrimiento este, el de la natación!

Próxima parada, la que seguramente será la travesía a nado más antigua de mi ciudad, en la edición que celebra su centenario: la clásica vuelta a la escollera.
Os cuento cómo va todo en la próxima entrada del blog.
Gracias por estar ahí.
Saludos.
 


miércoles, 12 de julio de 2017

XXII TRAVESÍA A NADO TABARCA-SANTA POLA

Un momento Jordi... ¿el blog no se llama 'Corre sin parar'? ¿qué es esto de la natación? Vale, cierto, pero creo que después de casi un año intentando ser nadador y después de la travesía del domingo que os cuento en las próximas líneas es buena idea ir dejando constancia por escrito de mis experiencias acuáticas, al igual que hago con las carreras. Creo que en el futuro poder leer cómo fueron los inicios, mis sensaciones en el agua, puede ser interesante y, por qué no, por si alguien lee esto y se encuentra en mi misma situación, de novato, y le sirve de ayuda, o algún nadador experimentado lee y quiere comentar y criticar (constructivamente, espero). Pero sobre todo, escribiré por lo importante que se ha vuelto la natación en mi día a día en los últimos meses.



Aquí os dejo la crónica del que seguramente ha sido hasta hoy el reto deportivo más "serio" que he afrontado, una experiencia que en mi humilde opinión está casi al nivel de conseguir la meta de un maratón, por esfuerzo y tiempo empleado en completarla. Y es que..¿qué mejor forma de celebrar mi casi primer aniversario como nadador que intentado completar la espectacular travesía Tabarca-Santa Pola?


Los nadadores más experimentados del gran club del que formo parte, Aquatic Alicante, están acostumbrados a estos esfuerzos y hablan de esta travesía como algo fácilmente asumible. Yo, solo viendo la imagen previa a este párrafo, alucinaba con el reto cuando me lo planteé por primera vez. Conseguir unir a nado la playa de la isla de Tabarca con playa Varadero en Santa Pola me parecía un esfuerzo titánico cuando me inscribí hace meses, llevado más por la emoción de poder participar al haber conseguido plaza en el sorteo que creyendo en mis posibilidades reales de finalizarla. En mayo ya había nadado 6200m en el Half Oceanman de Tabarca, más distancia de la que debía afrontar en esta travesía, de "solo" 5900, pero en mi inexperta opinión había diferencias importantes:
  • En Oceanman nadé con neopreno: Esto que a muchos les supone problemas con la brazada, por una supuesta falta de libertad de movimientos, siento que a mí me proporciona cierta ventaja respecto a la natación "a pelo". Me corrige la posición en el agua, floto mejor (obviamente) y hace que mi gesto técnico "menos pobre", la brazada, sea más efectivo. Nadé más rápido, entonces. El domingo tocaba nadar sin traje así que menos velocidad, menos eficiencia, mayor desgaste físico.
  • Aguas abiertas Vs. Costa: En Oceanman la travesía bordeaba la isla, rodeándola por completo, siempre cerca de la playa. En Tabarca-Sta.Pola, como se ve en la imagen anterior, hay un punto en el que la zona de tierra más cercana, en casi cualquier dirección, es de casi 3km. No había nadado nunca en mar tan abierto y el estado de la mar, corrientes, oleajes, etc. seguro que serían muy diferentes a cualquier travesía anterior.
  • Entrenamiento: Factor clave, destacando sobre los dos anteriores. En Oceanman llegué mucho mejor preparado. Hubo más entrenamientos de volumen previos y más palizas de series. Trabajé mucho más. Para el domingo tenía la impresión de que llegaba más flojo y menos preparado.
 Con todas estas dudas y miedos, a pesar de todo, decidí seguir adelante y el domingo me pegué un madrugón que ni para los maratones. Se empezaba a entregar dorsales a las 5:40 en el puerto de Santa Pola, embarcando hacia Tabarca hasta las 6:40, por lo que,viviendo a media hora de allí, era obligatorio no levantarse más tarde de las...¡¡4:50AM!!
Gracias a la magnífica labor de comunicación del club organizador, Alone, y la charla del día anterior, en la que pude ver y escuchar a dos grandísimas nadadoras como Tita Llorens y Selina Moreno (buscad, buscad en google y veréis de qué son capaces...) tenía claro cómo proceder antes del arranque de la travesía.

Con una fluidez asombrosa los más de 1400 nadadores (que alguien me corrija si me equivoco, pero creo que es la travesía más concurrida de España) nos hacíamos con el gorro, el chip, la bolsa para llevar a la Isla... Todo estaba estudiado y preparado a la perfección. El primer guardarropa nos permitía dejar una mochila allí en el puerto y subir al barco con otra bolsa más pequeña, con las chanclas, gorro, vaselina, boya...lo mínimo necesario, que dejaríamos en un segundo guardarropa en la isla.

Gesto serio. Había muchos km por delante y todavía no había subido al barco.
El ambiente deportivo, el compañerismo, inundaban la cubierta del barco camino a Tabarca. Todos comentábamos nuestras sensaciones previas, los nervios, dudas... Mi compañero en el trayecto, un nadador que no había salido jamás al mar, pues vivía en el interior y siempre nadaba en pantanos, ríos, etc., estaba tanto o más acojonado que yo ante el inicio de la prueba.

El camino hacia la isla nos  permitía ver un mar que parecía en calma, el trayecto marcado por las boyas en línea recta y según nos acercábamos a Tabarca, ser conscientes de lo lejísimos que parecía estar Santa Pola de la isla si tocaba llegar nadando.

Me deshice rápidamente de mis pertenencias una vez revisado todo: Gorro en perfecto estado, gafas bien ajustadas, vaselina en las zonas críticas, dátiles guardados en el bañador por si me despistaba del avituallamiento... Solo quedaba echarse al agua.

Hice un intento de calentamiento en la playa, pero el agua estaba muy fría y yo muy destemplado. Aquello no estaba ayudando. Salí, me puse en el final del inmenso pelotón de nadadores, y esperé nervioso la señal de salida, después de saludar a mi compañero de club Jaime, una joven bestia tanto a nado como a la carrera.
Y llegó el momento, a las 7:30, como se ve este vídeo ( https://youtu.be/Z8th29Y7seE )



Tenía frío y era fácil dejarse llevar, acelerar buscando entrar en calor, pero quise ser muy conservador desde el principio. Solo pensaba en superar los que yo consideré dos principales obstáculos iniciales: sobrevivir a la masificación de la salida, algo que no costó demasiado ya que me abrí muchísimo respecto al trazado oficial y no tuve que pelear demasiado con otros nadadores, y no pasar demasiado cerca de las rocas de la isla antes de tomar la línea recta hacia Santa Pola, conseguido por el mismo motivo que ya he comentado, demasiada apertura respecto al trazado del recorrido.

En los primeros metros iba estudiándome, viendo como respondía, y tratando de no agobiarme demasiado pensando en todo lo que había por delante. El mar parecía en calma aunque por desgracia, las vistas del fondo marino que esperaba tener durante la travesía desaparecían en un agua cada vez más turbia, que apenas permitía ver unos metros delante de mi brazada.

Llegó sin dificultad el km 1 y viendo en el reloj el ritmo, a 2:30 el 100, di por bueno el comienzo. Me sentía con fuerzas. Iba siempre acompañado de muchos nadadores y la disposición de las boyas era sencillamente perfecta. Creo que cada 200m había una, la de los puntos kilométricos era más grande y con el número bien claro pintado en ella y muchas tenían un globo que las hacía siempre visibles. ¡Un globo! Desde el desconocimiento...¿tan difícil es poner esto en cualquier travesía?

Mantuve el ritmo pensando siempre en el km 3, el del avituallamiento. Miraba el reloj con frecuencia tratando de no ser más lento nunca, de media, que en el oceanman de Tabarca de mayo.
Esto fue un error, pues no tuve en cuenta que el mar cada vez hacía más difícil la travesía.
Empezaba a estar cada vez más movido, golpeando por mi izquierda, mi lado "bueno" para respirar, y frenando poco a poco la travesía.

Fui consciente del exceso en el km.3, llegando al barco donde nos dieron agua, plátanos y, además, comí los dátiles que llevaba guardados en una pequeña bolsa. Estaba cansado y todavía tenía por delante media travesía. Las gafas empezaban a molestar, pero no quise aflojarlas porque pensé que era mucho peor nadar con el agua molestándome en los ojos. Empezaba a sufrir antes de lo que había previsto.

Con los ánimos del resto de nadadores parados como yo en el avituallamiento salí dispuesto a ver pronto la boya con el número 4 pintado. 4000m, pensé, como en la travesía de la Cantera, y sólo faltaría la distancia de la travesía de hogueras, me dije.

Pero el km 4 no llegaba. El mar estaba peor que nunca (o eso me pareció a mí, tal vez un nadador experimentado vería aquello casi como mar plato) y yo empezaba a estar muy cansado. Mentalmente cambié la estrategia, centrándome solo en contar las boyas intermedias. Metas cortas. Pensamiento maratoniano es lo que tienes que tener ahora, me repetía. ¡Cabeza!

No fui capaz durante mucho tiempo y llegué a plantearme seriamente el abandono. El cansancio podía conmigo y la cabeza fallaba. Mala combinación. Miraba a lo lejos y Santa Pola me parecía que estaba todavía muy lejos y que era muy pequeño.
Por suerte, supongo que el haber soportado esfuerzos de larga duración y poner al límite el cuerpo como lo hace un maratón conseguí superar el primer gran bache de la travesía. Llegué al km 4, animado por un piraguista que llevaba agua que no dudé en aceptar, siendo consciente en ese momento de lo deshidratado que estaba a pesar de haberme recompuesto un poco en el avituallamiento.
Paré cerca de la boya, me ajusté las gafas y hablé unos segundos con el grupo que estaba parado allí, esperando a juntarse con un compañero rezagado para seguir juntos.
Mentalmente aquello me dio oxígeno, me despejó, y permitió iniciar la búsqueda del km. 5 algo más animado.

Por desgracia, el físico seguía ahí, desgastado, y los buenos propósitos duraron apenas 400m. Seguía yendo muy lento, estaba cansado y un piragüista confirmaba que el mar no acompañaba, pues nos corregía la dirección, indicándonos que fuéramos hacia una boya lejana porque la que debíamos seguir a continuación se había movido muchos metros a la derecha por la corriente y el oleaje.

El camino se me hizo eterno, pero cuando por fin apareció la boya del km 5 vi la luz. Me detuve de nuevo para ajustar las gafas otra vez (me pasé de presión y dolían) y pude hablar de nuevo con el mismo grupo del km4. La chica que lideraba su travesía terminó de animarme: "quedan 900m y mucho antes de acabarlos ya estás con los pies en la arena. Hemos terminado ya"

Cómo nos la juega la cabeza. Metros atrás valoraba mandarlo todo a paseo y salirme, sentía que el cuerpo no daba para más y sin embargo aquellos 900 metros los nadé más rápidos que cualquiera de los 2000 anteriores. Escuchaba a lo lejos la megafonía de la meta (¡civilización, al fin!), veía cada vez más cerca las banderas de la llegada y para mis adentros no podía dejar de gritarme "¡joder, que ya está!¡conseguido!"

Mucho antes de lo que pensaba, centrado en llegar lo antes posible a la playa, conseguí hacer pie. Me parecía increíble. Llevaba más de 3 horas flotando en el agua y la última vez que había pisado arena era en Tabarca. En aquel momento, por fin, me levantaba en la playa de Santa Pola. Estaba rendido, no podía correr hacia la meta y malditas las ganas que tenía de hacerlo. Me tomé con calma la llegada a la alfombrilla que indicaba el fin de la travesía, disfrutando el momento. Lo había conseguido, en 3:12, 3:10 reales. No hay palabras para describir aquello.














A pie de meta estaba el gran Pascal, compañero de Aquatic, que no había participado pero que se había acercado a  la playa para ver a los nadadores del club y echarnos una mano en la meta. Me dio una botella de agua fría que agradecí infinitamente e inmortalizó mi entrada en meta con su cámara (mil gracias por todo :) )

Un pasillo bajo una carpa en la que aspersores de agua en el techo nos permitían quitarnos la sal del cuerpo nos llevaba a la zona del avituallamiento. Comí y bebí de todo, como si fuera a prohibirse, recargando las baterías de mi maltrecho cuerpo que pedía a gritos relax y cama recuperadora.

Pude ver a otro compañero, Fran, que había hecho como el resto de nadadores del club, un tiempazo y me confirmaba que el mar no estaba para grandes marcas aquella mañana.

Pues será de broma, pero en esta foto con Fran yo me sentía como si hubiera ganado la travesía :)
Creo que no voy a quitarme este polo ni para dormir jjaja


 Había tardado mucho más de lo esperado (contaba con llegar en 2:50 máximo) pero no me importaba. Ser el 40-50 por la cola tampoco era algo que me preocupara. Llegar a la meta, haber conseguido salir de la isla de Tabarca y llegar a la playa de Santa Pola lo valía todo, independientemente de la marca o el esfuerzo. Aquello revivía en mí las sensaciones de cruzar la línea de llegada de un maratón. Felicidad en estado puro.

Hoy, con más calma, veo el esfuerzo invertido para conseguir terminar la travesía y tengo claro que por ahora mi límite de distancia a nado este, 6km. Con lo lento que soy no puedo permitirme esfuerzos de más duración, no creo que pudiera con ellos y psicológicamente no estoy preparado. Mi segundo año como nadador, que se inicia a finales de julio, se centrará en mejorar técnicamente y ganar velocidad, con travesías de menor distancia por el camino. El año que viene, si el sorteo me da de nuevo la oportunidad de volver a esta travesía, intentaré (será sencillo, vista mi marca xD) bajar todo lo que pueda el crono final.

En cuanto a organización de la travesía, de 10. Siempre acompañado por kayaks, siempre con barcos a la vista, constantemente rodeado de nadadores a pesar de mi pobre nivel. Boyas visibles siempre, una sensación de seguridad asombrosa durante todo el recorrido. Creo que cualquier travesía debería aspirar a ser como esta Tabarca-Santa Pola: Sobresaliente.


Ahora que he decidido incluir las crónicas de las travesías en el blog, no dejar fuera lo referente a natación, la próxima entrada será la relativa al acuatlon de Campello del próximo domingo: 500m de carrera, 1km de natación, 1km de carrera, 1km a nado y 500m de carrera (siempre por arena blanda)
Promete ser "divertido"

Os lo cuento en la próxima entrada del blog.
Gracias por estar ahí.
Saludos.

PD: Como en los maratones, es de obligado cumplimiento un párrafo al menos de agradecimientos: Como siempre, la familia animando ha sido pilar básico (mención especial a mi hermana, con la que espero algún día hacer esta travesía que ha tenido que perderse aún teniendo plaza). Por descontado, gracias mil también al club, animando siempre, a Pascal por vivir tan intensamente este deporte y cuidarnos tan bien y a Alex Asensi, que siempre cree en mí mucho más que yo mismo y sabe que sus entrenamientos me van a permitir lograr estos retos y siempre afirma rotundamente que podré con ello. Por descontado, los ánimos y felicitaciones de los amigos más cercanos son impagables también y un simple mensaje de whatsapp antes o después de la travesía ha sido un chute de moral impagable. Mil gracias a todos.

domingo, 2 de julio de 2017

XXXVII CROSS POPULAR DE MATOLA "LA CARRERA DEL INFIERNO"


Ayer volví a una de las primeras carreras que conocí cuando empecé a participar carreras populares allá por el 2009-2010. El cross de Matola, apodado "la carrera del infierno" por los calores propios de las fechas en que se suele organizar y el clima de la pedanía ilicitana en verano, puro fuego, lo recordaba duro, a pesar de constar "solo" de 5km a dos vueltas iguales. Mis dos últimas participaciones en la carrera, 2011 y 12, las recordaba muy sufridas y ahora que en teoría ando más fino había ganas de comparar y probar de nuevo una carrera más explosiva y rápida que las que suelo correr habitualmente.
A las 17:30 me reunía con mi amigo Ramón que aunque todavía está en proceso de recuperación de su lesión de rodilla y no puede correr quiso acompañarme hasta Matola para disfrutar del ambiente sano de las carreras populares y animarme durante el recorrido, además de hacer la mayoría de fotos de esta entrada del blog (gracias amigo :) )
Llegábamos con tiempo de sobra y pude recoger el dorsal y la camiseta sin agobios, viendo que la participación aquella tarde estaba lejos de los 300-400 corredores que recordaba en años anteriores. Una lástima, pensé, siendo una clásica de la provincia con casi 40 ediciones a sus espaldas.

Recién llegado

Pude calentar unos 5-10 minutos y sin mucho agobio me situé en el pelotón de salida buscando estar más bien atrasado en el grupo. No sabía cómo iba a correr 5000 metros. Debían ser, pensé, más rápidos que mi típico 10000 pero salir muy rápido podía pagarse caro demasiado pronto ¿Qué haría?

Salida
Rápidamente llegó la respuesta. Arranqué rápido. Muy rápido comparado con lo que suelo correr últimamente. Demasiado, sin duda. En los primeros metros de la carrera había tramos en suave bajada seguidos de otros muy llanos y eso, unido a que estaba fresco todavía y con ganas de correr, hizo que cuando miré el reloj por primera vez, antes de pasar el primer kilómetro, fuera consciente de mi malísimo inicio de carrera. Antes de empezar había comentado con Ramón que debía salir cómodo, y él bromeó: "claro, si sales a 3:50m/km pues irás mal jajaja" ¿Qué marcaba mi Garmin? 3:50. Iba a 3:50 el 1000. Muy mal.

Primeros metros ( (c)Galdrán Photo)
Reduje la marcha, traté de tomármelo con calma, pero debí salir muy fuerte, porque incluso con la frenada el primer km pasó en 4:05. El daño ya estaba hecho.
Me conozco y sé que no puedo remontar un exceso de ese calibre, y menos ahora en verano que ya estoy más lento y cansado.
Intenté regular y seguir algo más lento y no sentí demasiado cansancio en la única rampa del circuito, apenas 10 metros. Me había quedado junto a una corredora que por el nombre en su camiseta, Larred, reconocí que era Nuria Larred, habitual en los podios femeninos de la provincia. Su ritmo habitual no me pareció malo y aunque sufría intenté seguirla.

Cerca del final de la primera vuelta
 La vuelta hacia la meta y el fin de la primera vuelta tenía algún falso llano casi inapreciable que seguramente iba a hacerse notar en la segunda vuelta, con las fuerzas casi al límite. En este punto me encontré animando a Ramón, algo que agradecí pues me permitió aunque fuera por un momento olvidarme del sufrimiento físico y mental que empezaba dejarse sentir. Se confirmaba lo que había sentido en el primer km. Me había pasado de vueltas y tocaba pasarlas canutas en la segunda mitad.

Mi cara lo decía todo





Primer paso por meta
Seguía intentando no dejar el grupo de Larred, que después descubrí que era la 2ª mujer de la carrera, seguido muy de cerca de la 3ª. Me mojaba en los arcos con aspersores de agua que encontraba y bebía en los avituallamientos, más frecuentes de lo habitual, pero no podía aguantar el ritmo inicial y cada vez iba más lento. El suave descenso que ya había visto en la primera vuelta no ayudó a recuperar el aliento y vi como mi grupo empezaba a adelantarme y me descolgaba de mi liebre improvisada e involuntaria. También me adelantó rápidamente la 3ª mujer, mientras una ligera sensación de ardor aparecía en la boca del estómago. ¡Qué sufrida estaba siendo la carrera!

La segunda vez que subí la mini rampa de la carrera volví a frenarme y tardé un poco en recuperar el ritmo. Había bajado a velocidades por encima de 4:25m/km y en ese punto me tomé unos metros de respiro. Quise guardar fuerzas para intentar acelerar un poco al final y dar caza a la 3ª fémina si era posible. 
Pasado de nuevo el último arco de agua aceleré de nuevo. Estaba en las últimas pero me dije que podría subir el ritmo hasta la meta. Poco a poco cumplí el objetivo y alcancé a la 3ª mujer y a dos corredores que me habían dejado atrás en mi primer momento de flojera y aunque sufría de lo lindo ya no quise bajar el ritmo hasta la meta.



Paraba el reloj oficial en 21:42, 21:37 en mi Garmin, en la posición 82 de 172 de la clasificación general y 21 de 30 veteranos-a , espoleado por los ánimos de Ramón metros atrás. Salía una media de unos 4:21 o 22 el 1000, así que en realidad era para estar contento, pues no contaba con poder correr ni a 4:30. Este ritmo en pleno pico de forma lo habría aguantado otros 5km más, Ahora, en verano acabando la temporada, era para estar contento. En el 2012 la cosa acababa por encima de 24 minutos así que incluso flojo iba mejor que entonces. Era un buen fin de temporada :) (Podéis ver el circuito, perfil y algún dato más en el vídeo que saca Relive con los datos de Garmin aquí: https://youtu.be/F4Nnaz-B_Kw )



En la meta pude recuperar fuerzas y líquidos rápidamente, gracias al agua, la sandía y los montaditos de salchichas que ofrecía la organización. Pude saludar a José Luís, que hacía podio para seguir con sus buenos hábitos, y a Dimas, que aunque en ese momento no lo pudo celebrar por errores de la empresa cronometradora (muchas críticas he escuchado por este tema... ojalá cambien al año siguiente y no se carguen una carrera tan buena como esta) conseguía tercer puesto y copa.

Me quedé con Ramón un rato largo en Matola, recuperando fuerzas y más líquidos, comentando la jugada y los próximos retos y saludando a más corredores conocidos y amigos. No podía pasar mejor la tarde :)


La temporada termina, ahora sí, "de verdad". No va a haber más carreras hasta septiembre. Tengo por delante varias travesías a nado y el "experimento" de nadar y correr en una misma prueba, en el Acuatlon de El Campello del día 16, pero creo que toca dejar descansar las piernas en verano. La natación me mantiene en forma y no me hace sufrir con los calores veraniegos como sí lo hace correr. No voy a dejar de entrenar la carrera, obviamente, pero sí que le voy a dar prioridad, aprovechando además las vacaciones que están al caer, a la natación. La "vuelta al cole" en septiembre llegará con las pilas cargadas y dispuesto a pelear por acercarme al 42:30 en 10000 y la hora treinta y siete en media, ahora que voy a darme un año libre de maratones, mínimo hasta el 2019.

Os cuento cómo va todo en la próxima entrada del blog, que será seguramente en la que os cuente el acuatlon campellero.

Gracias por estar ahí.
Saludos.

viernes, 16 de junio de 2017

VI 10K NOCTURNA LA NUCÍA


Han tenido que pasar dos meses, como os comentaba en la última entrada del blog, para que me decidiera a ponerme de nuevo un dorsal. Acabé tan saturado de km después de París que en este tiempo aunque he seguido entrenando para mantener la forma y que no se me olvidara demasiado esto de correr me he centrado un poco más en la natación. Esto ha permitido no perder mucho fondo y me ha dado varias alegrías, como conseguir nadar las dos distancias más largas que he probado hasta ahora, los 5000m del Half Oceanman Tabarca (mal medidos por segundo año y que siguen siendo en realidad 6200) y los 4000m de la travesía de la cantera. Animado por mi club de natación, Aquatic Alicante también he participado en dos competiciones en piscina, probando 50, 100 y 400m libres, una experiencia muy divertida y adictiva, para mi sorpresa. Me gusta mucho más la natación en aguas abiertas y no contaba con pasarlo tan bien compitiendo en pruebas tan cortas y en piscina, así que no veo el momento de repetir :)

Como os decía, el pasado domingo tocaba volver a competir y la carrera elegida fue el 10k de La Nucía, una vieja conocida, de las primeras que corrí cuando empecé a aficionarme a este deporte. Recordaba haber estado por allí en el 2011 y también el 2012 y viendo el perfil del circuito y el calor de estas fechas iba mentalizado: iba a ser duro.

Perfil de la vuelta de 5km del circuito, dos vueltas para mi carrera, el 10k

En el 2012, mucho más pesado que ahora (no se aprecia bien en la siguiente foto, pero me sobraba muuucho peso), casi llegué a los 54 minutos, pasándolo muy mal en la segunda vuelta y con una humedad y temperatura que hacían la carrera muy difícil.
Este año, mucho más ligero y mejor entrenado, no me sentía demasiado fuerte y solo confiaba en poder estar en menos de 50 minutos. No aspiraba a más que disfrutar la carrera y no sufrir demasiado. Habían cambiado la fecha de la carrera respecto al 2012, pasándola de finales de  julio a  comienzos de junio, así que la temperatura al menos iba a ser más suave que entonces.

Foto de la salida en el 2012. No se aprecia bien lo fondoncillo que estaba xD

 Llegué a La Nucía con tiempo de sobra y aparqué sin problema en un descampado pegado al polideportivo desde el que se daba la salida. La recogida de dorsal y camiseta fue algo más lenta de lo que habría esperado para una carrera que entre las dos pruebas de ese día, 5 y 10km, juntaba a 312 corredores.

Algo de calentamiento, estirar un poco, y después de saludar a Martín de camino a la meta me situaba en el centro del pelotón de salida.

Autofoto 5 minutos antes de la salida
Mi inicio de carrera fue, para no variar, demasiado rápido, aunque por suerte fui consciente del error rápidamente y corregí el ritmo a tiempo. Salíamos desde una calle a las afueras del polideportivo y en un par de giros ya estábamos camino a la larga avenida que repetiríamos, ida y vuelta, dos veces los corredores del 10k.
Me había acelerado demasiado en el arranque y aunque regulé el primer km pasó demasiado rápido, en 4:17. Antes del primer punto kilométrico ya habíamos empezado a subir y el ascenso duró hasta poco después del 1.5. Me sentía fuerte y el calor no me molestaba en exceso pero quise ser conservador. Mejor tener controlada la primera vuelta y apretar si se podía en la segunda, me dije.

Bajábamos de nuevo por la misma avenida, cómodamente hasta el km. 3, en un giro por la zona de la iglesia después de un último tramo de bajada muy inclinado que hacía prever que el camino de vuelta iba a ser duro.
De vuelta a la avenida en sentido contrario se iniciaba el ascenso durante 1km, siendo algo más cómoda la última parte de este tramo, aunque en constante subida.
La llegada a la zona del polideportivo iba precedida de una bajada rapidísima que  nos dejaba de nuevo en la recta de salida, pasando por el avituallamiento y comenzando la segunda vuelta.

No llegaba a 23 minutos en el paso del 5k y me notaba con fuerzas y ánimos para la segunda vuelta, conociendo ya el circuito, así que intenté no perder demasiado tiempo en la primera rampa, refrescándome cabeza y cuello con lo que me había sobrado de la botella de agua, y traté de llevar el mismo ritmo todo el rato.
Cuando tocó empezar a descender de nuevo hasta la iglesia noté que no iba tan sobrado como había pensado inicialmente y la vuelta cuesta arriba se hizo mucho más pesada y lenta que la primera vuelta.
Aún así, cerca del tramo final, me sentí con fuerzas y viendo en el reloj que si apretaba me podía quedar cerca de los 46 minutos, buena noticia con la que no contaba,  aceleré todo lo que pude, sacando el km más rápido de la carrera, a 4:13,  y crucé la meta dentro del polideportivo en  46:30, a unos sorprendentes e inesperados  4:39m/km de media, posición 60 de 170 en la clasificación general, 12 de 26 en mi categoría (primera carrera como veterano-B cuarentón xD ) y 57º hombre.





En la meta pude saludar a Nicole Kronsbein y Mike Portugués, que habían hecho unos carrerones en tiempos que ya querría yo para mí, y echar unas fotos antes de volver a Alicante.


 



Carrera muy entretenida, en resumen, no tan dura como yo la recordaba, excepto por un par de cuestas, la de salida del polideportivo hacia la avenida y la vuelta de la iglesia, y que os recomiendo si no la conocéis. En cuanto a mis sensaciones, iba tan mentalizado para sufrir, para aguantar un calor y unas rampas que recordaba durísimos, que cuando eché a correr no me lo parecieron tanto y  acabé la carrera disfrutando como un enano. Volveré :) (Podéis ver el recorrido de mi carrera en https://youtu.be/0MRmV94fFGI si no carga a continuación)




Aunque terminé contento, viendo que el año pasado en estas fechas los 10km de Santa Pola, totalmente llanos, nada que ver con las suaves cuestas y falsos llanos de La Nucía, los hacía en peor tiempo, creo que hay que ir cerrando la temporada de carreras. Acabo más rápido y fuerte que el año pasado y creo que a la vuelta del verano la temporada que viene va a ser interesante y divertida y aún podré arañar tiempo a mis récords personales. Por ahora voy a seguir entrenando para que no se le olviden a las piernas esto de correr y  tal vez participe este verano en los 5k de Matola o los 5k de las fiestas de San Gabriel, pero en estos meses de calor voy a centrarme en la natación. Hay varias pruebas de 2k repartidas entre julio y agosto y tengo a la vista dos retos que motivan e imponen por igual, la travesía Tabarca-Santa Pola, 5.8km (sí, la distancia ya la he superado con los 6.2 de Ocenaman pero me sigue pareciendo duro, y esta vez será sin neopreno a diferencia de la vuelta a Tabarca) y mi primera participación en pruebas que combinan deportes, el acuatlón de El Campello, que promete ser duro también, con varios pasos por carrera en Arena y natación seguidos.

Os cuento cómo va todo en la próxima entrada del blog.
Gracias por estar ahí.
Saludos.

sábado, 15 de abril de 2017

SCHNEIDER ELECTRIC MARATHON DE PARIS 2017

¿Cuántas veces en la vida se puede pensar, saber, ser consciente, de que se está viviendo un momento, una situación, una experiencia, que van a ser inolvidables, que te van a marcar para siempre (para bien), que son una parte de tu vida que no vas a olvidar nunca? Los tres días que pasé en París hace una semana forman ya, sin duda parte de esas experiencias vitales imborrables, por lo que significaron en lo personal y lo deportivo, y son merecedores del ladrillazo que vais a tener que soportar si decidís seguir leyendo la crónica del maratón de París que queda debajo de este vídeo que os pongo para que os hagáis una idea del recorrido y de la grandeza de esta carrera.

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El camino al maratón ha sido un trayecto duro, cargado de kilómetros y de batalla mental, luchando contra la pereza y el cansancio, sobre todo en las últimas semanas, pero toda la preparación me parecía incluso escasa al final, porque de nuevo, enfrentarme otra vez a la distancia reina de las carreras en ruta aunque ya tuviera cuatro maratones en mis piernas me parecía un reto casi imposible, una meta que aunque los test y los entrenamientos ponían, en teoría, a mi alcance, incluso en mejores condiciones que en años anteriores, yo no acababa de tener claro que pudiera conseguir.



Con estas dudas y temores en mi cabeza llegó por fin, el pasado jueves, el momento de salir hacia París. Cuando hace un año comenté la idea de correr el que sería mi primer maratón fuera de España no tuve que insistir mucho para conseguir acompañantes, y allí estábamos en el aeropuerto de Alicante, 365 días después, amigos de toda la vida, Ramón, Rafa, MªJosé  y yo, dispuestos a afrontar el reto de correr 42197m.

Haciendo tiempo en el aeropuerto antes de salir hacia París
La elección de vuelos, transporte, alojamiento, todo salió a pedir de boca y en poco más de 2 o 3 horas ya estábamos en la capital francesa, con el tiempo justo para acomodarnos y dormir, pues teníamos dos días por delante para hacer algo de turismo antes de echar a correr el domingo.
El viernes nos despertamos pronto y aprovechando la cercanía, apenas 15 minutos, de la feria del corredor a nuestra casa, dimos nuestro primer paseo por París para hacernos con el dorsal.
Estar en la puerta del recinto 15 minutos antes de la apertura de la feria nos permitió recoger todo con comodidad y visitar una feria que no me pareció tan grande como habría esperado de una carrera tan importante.




Estuvimos el tiempo justo para recoger todo, comprar geles, y hacernos con algo de ropa de la que probablemente era la única marca española de la feria, Hoko. Había ganas de descubrir París, pero esto es algo con lo que no os voy a aburrir aquí y que resumiré con las fotos que os dejo a continuación.

Comiendo algo en Montmartre

Sacré Coeur


Vas caminando, los comercios de la avenida empiezan a ser "diferentes" y... ¿¿Moulin Rouge??

Vistas desde lo alto del Arco del Triunfo

La salida de la carrera, a mi espalda





Vistas desde los casi 300m de altura del mirador de la Torre Eiffel



Notre Dame...


Louvre

Comilona nada recomendable el día anterior a la carrera
El pateo turístico los días previos al maratón era obligatorio. No habíamos ido a París a estar quietos hasta el día de la carrera y estaba claro que el descanso lo íbamos a dejar para la última hora de la tarde del sábado, pero esto era algo con lo que yo no había contado. El primer día caminamos muchas horas y muchos kilómetros y el segundo día por la mañana notaba que el cuerpo no había descansado bien de la caminata del viernes. Me puse un calzado más cómodo para el segundo día pero el mal ya estaba hecho. La noche previa a la carrera notaba los gemelos cargadísimos y algo me decía que el descanso de aquella noche no iba a ser suficiente para recuperarme por completo. Dormir fuera de casa, madrugar (tocaba levantarse poco antes de las 6)... todo jugaba en mi contra.

Y llegó el gran día. Como en los cuatro maratones anteriores la noche antes de la carrera fue malísima. A las 4:30 abrí los ojos y mal dormí un poco más hasta las 5:45. Tal como me temía, los tendones detrás de la rodilla seguían protestando y creando una tensión inquietante en los gemelos.
Conocedor ya de cómo se las gasta mi estómago no improvisé en el desayuno y no faltaron el café, los plátanos y las tostadas con pavo habituales en mi dieta diaria. Había echado a la maleta algo de voltarén y me lo apliqué repetidas veces en la zona en la que había molestias, pero estaba claro que el remedio llegaba muy tarde. ¿Qué pasaría después en la carrera?



Unas cuantas paradas de metro, trasbordo, más paradas de metro y salíamos cerca del arco del triunfo, junto a la avenida de los Campos Elíseos, salida del maratón. Habíamos llegado con mucha antelación por lo que hubo tiempo para un café y visita al WC allí mismo, en una cafetería de la avenida y poco después ya estábamos metidos en nuestro cajón, alucinando por la magnitud del evento.

¡Preparados!
Aquello era impresionante. La inmensa avenida desde la que salíamos descendía suavemente y desde nuestra posición se podía ver con claridad la marea humana que teníamos por delante, hasta el arco de salida. Íbamos escuchando la cuenta atrás de los cajones más rápidos que el nuestro, por megafonía, mientras íbamos acercándonos poco a poco a la salida.

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Partieron los del cajon de la élite, los de 3:15...No tardó en escucharse la que sería nuestra cuenta atrás: cinq, quatre, trois, deux, un ...
y arrancábamos. Allí estábamos, en la misma avenida que tantas veces había visto en televisión, en la llegada del Tour de Francia, dispuestos a recorrernos París de punta a punta junto a 46000 corredores

Imagen de la salida de aquella mañana.
El inicio de la carrera invitaba a acelerar, a correr rápido. Cuesta abajo, con la emoción de estar por fin en el maratón, de estar corriendo por París, había que regular un poco el ritmo y no dejarse llevar. Las vistas no podían ser mejores en los primeros kilómetros. Dejábamos la plaza de la Concordia atrás en el km 1, veíamos el Louvre poco después... Intentaba no pensar demasiado. Había decidido intentar correr al ritmo de Rafa y Ramón, olvidándome de las malísimas sensaciones de las piernas, pero veía que incluso a 5:15 / 5:20 de media las piernas protestaban. Me intenté olvidar del asunto convenciéndome de que una vez entrado en calor aquello iría a mejor (eeerrroorr!)
La llegada a la plaza de la Bastilla coincidía con el primer avituallamiento y nos permitió descubrir el que sería uno de los mayores problemas de la carrera. Habituados a avituallamientos largos, a ambos lados de la calle, no contábamos con encontrarnos una zona de bebidas cortísima, situada únicamente a la izquierda y además en la zona más estrecha de las cercanías a la plaza. Hubo que frenar, casi pelear, para conseguir la primera botella de agua y también para poder retomar el ritmo.
Poco después de este contratiempo, camino a una de las dos zonas boscosas que había en la carrera, una en cada extremo del circuito, las calles empezaban a subir suavemente.

Menudo paseo por París nos íbamos a dar
Había estudiado el perfil de la carrera y contaba con ello, pero en el papel no me dio la sensación de que la subida fuera tan dura. Tal vez no lo era, pero en ese momento no quise asumir que las piernas no estaban para muchos excesos esa mañana, así que animado por la charla con Rafa y Ramón y por el público mantuvimos el ritmo, que seguía siendo más lento del que yo tenía previsto, aunque muy en el fondo ya empezaba a olvidarme de marcas.

Seguíamos subiendo una vez metidos en el bosque de Vincennes, al este de París, viendo a lo lejos el castillo del mismo nombre, y mis piernas iban sufriendo cada vez más. Cuando pasamos el castillo decidimos hacer una parada en los setos que había cerca de los árboles, que permitían aliviar la vejiga discretamente. En mi interior agradecí esta parada, más por el descanso de las piernas que por la descarga de líquido, y empecé a sentir que definitivamente no era mi día.
Aún así decidí pelear hasta el medio maratón. Sabía que en el giro del km 15 empezaba una larga bajada seguida de llano así que no debería haber problema en mantener el ritmo que llevaba hasta el momento. Se iba a paseo la idea de reventar mi marca personal pero aún contaba con poder acompañar a Rafa y Ramón, y acabar con ellos me parecía incluso mejor que cualquier tiempo en el crono.



No tardé demasiados metros en darme cuenta de que, como me temía, había problemas. Ni cuesta abajo podía mantener el ritmo. Avisé a mis amigos y les dije que tiraran sin mí, sin buscarme. Poco a poco los vi adelantarse mientras empezaba mi lucha interna por mantener la cabeza fría. No llevábamos ni media carrera y un ritmo mucho más lento del esperado era imposible para mí. Los gemelos, lejos de haber mejorado al entrar en calor, seguían sintiéndose tensos y duros como piedras. Estaba en problemas, sin haber llegado tan siquiera al km 21.

Me intenté distraer, seguir adelante si pensar mucho, animado por incontables allez Jordi! que gritaba el público francés a mi paso, al ver mi nombre en el dorsal, chocando las manos a los chiquillos que me la ofrecían, agradeciendo el aliento de los parisinos como podía. Llegué incluso a ponerme de nuevo al nivel de Rafa y Ramón, pensando en ese momento que si había llegado otra vez a su paso tal vez ir acompañado me permitiría correr algo mejor y olvidar lo que seguía esperando que fuera un bache temporal.

No fue así. Pasado el medio maratón, sin haber llegado todavía de nuevo a la altura de la plaza de la Bastilla en sentido contrario, tomé la mejor decisión que podía en aquel momento. Tocaba frenar, y mucho. Ya no era una cuestión de marcas, de hacer más o menos tiempo. El problema, preocupante, estaba en mis gemelos. A aquel paso sentí que seguir forzando me llevaba de cabeza a la lesión, a ser por primera vez parte del grupo de lesionados que me encontraba en los maratones a partir del km.28.

Era muy pronto para tener aquellas malas sensaciones. 21km nada más, y las llevaba sintiendo 6km atrás. ¿Qué pasaría en las proximidades del muro del km30?

Me dije que el ambiente, el paisaje, las vistas (¡joder, que estás corriendo en París!, me repetía) me permitirían llegar en condiciones al menos hasta la zona de la Torre Eiffel, que ya tenía estudiada y que coincidía aproximadamente con el km28 o 29.
En mi cabeza sonaban los comentarios de Ramón de la noche anterior. Él aspiraba simplemente a terminar, fuera en 3:45, 4 o 4 horas y media. En aquel momento lo di por bueno, acabar sin más. ¿Tocaba frenar? Perfecto, se soltaba el acelerador, pero no habíamos volado tantos km, no había entrenado tantos meses para salirme en ese punto, para rendirme o para forzar y quedarme fuera de la carrera. No esa mañana.

Empezaba en ese punto el tramo de maratón más sufrido que recuerdo. Las vistas del Sena o Notre Dame apenas me hacían olvidar las malas sensaciones de las piernas. Un larguísimo y caluroso túnel que empezaba en el km 25 y acababa en el 26 contribuía aún más a mi sensación de agobio, añadiendo, además, cuestas al recorrido (¿quién me dijo que era una carrera llana?)



Seguía con la meta volante de la Torre Eiffel en la cabeza. Pensaba en llegar allí y después que viniera lo que tuviera que venir. Los avituallamientos seguían siendo un maldito desastre organizativo, agravado además por la cantidad de fruta que caía al suelo, lo que unido al agua convertía algunas zonas en verdaderas pistas de patinaje en las que no dudé en frenar más todavía para evitar alguna lesión.

A la salida de un túnel, cuesta arriba, lentísimo, tuve por fin a la vista la Torre Eiffel. El ritmo se había desplomado a casi 6m/km pero en aquel momento ya me daba igual todo. Solo esperaba que los gemelos no reventaran y no ser yo de repente uno de los muchos corredores que empezaba a ver caminar o estirar, lesionados.

Escuché en ese punto entre el público los ánimos de MªJosé, que había quedado allí con Rafa, y aunque no la vi levanté la mano indicando que la había escuchado, agradeciendo una voz conocida a esas alturas de la carrera.

¿Qué está pasando aquí? parezco decir en esta foto xD
Los kilómetros comenzaron a hacerse eternos. Recordaba el plano del circuito y sabía que estaba, con diferencia, en la zona menos atractiva de la carrera, aunque había muchísimo público y en ocasiones se estrechaba tanto la calle que solo podíamos correr en paralelo dos personas y frenándonos (algo que agradecía, en el fondo).

Dicen que el km 30 es el del famoso muro, el punto del maratón donde se empieza a sufrir de verdad, donde empieza en realidad la carrera. Yo, que llevaba sufriendo de lo lindo desde el km 15, no me tomé ese punto de la carrera como nada especial. Choqué la mano al DJ que había en la marca del muro, agradeciendo que me animara por mi nombre por megafonía, y seguí adelante.

Mur du 30, como se leía en la marca de este punto kilométrico. Tocaba aprentar los dientes y seguir.
Mi siguiente meta volante, mi objetivo más próximo, fue llegar entero a la entrada del bosque de Bolonia, en el km. 34. Recordando la altimetría sabía que tenía por delante la peor de las cuestas del circuito pero que pasado ese punto llegaban 7km que debían ser cómodos, en suave descenso o llanos.
El ritmo medio por km era cada vez más lento. Tomar geles o beber en los avituallamientos hacía que se perdieran muchos segundos pero parecía que las piernas, aún sufriendo, seguían enteras, que era lo único que me importaba, así que intenté seguir con la cabeza fría.

Comencé a recordar trayectos conocidos en Alicante, entrenamientos de distancia parecida a la que todavía tenía por delante, para autoconvencerme de que aquello estaba casi hecho ya.
El bosque de Bolonia era más bien el bosque de The Walking Dead. Cada vez más corredores caminaban, se quedaban tirados en los laterales, lesionados, solicitando asistencia, o corrían con gesto torcido, con caras que reflejaban mucho cansancio y sufrimiento por un calor que cada vez era más molesto (unos 26 grados, en aquel punto, creo).

Tuve momentos en los que pensé que había remontado, pues me daba la impresión de que no iba tan mal como en otros puntos del circuito, pero la vista del ritmo en el Garmin, a 6m/km pelados, me devolvía a la realidad. Un ritmo que no fui capaz de remontar ni cuesta abajo.

Estaba siendo muy duro, como nunca. Me noté tan flojo que en el avituallamiento del km.35 no dudé en jugármela y en lugar de tomar geles comí frutos secos y gominolas. Había tomado kms atrás pastillas de sales para que el exceso de sudoración no me la jugara en forma de calambres en unos gemelos ya de por sí maltrechos y en aquel momento, viendo que empezaba una bajada muy cómoda, sentí que el peligro de lesión había terminado.
No había más cuestas, no iba a forzar (no podía y malditas las ganas que tenía de acelerar) y con el km 38 a la vista la carrera estaba mentalmente ya terminada. 4 km no eran nada.
A mi infra-ritmo pude empezar a imaginarme la meta. Sabía que después de ver el edificio de la fundación Louis Vuitton el km 40 estaba cerca y de ahí a la salida del bosque y a la meta no había nada.



Estaba muy animado, para mi sorpresa. Peleando km a km, buscando pequeñas metas, poco a poco, había avanzado casi toda la segunda mitad del maratón y la línea de llegada estaba cada vez más cerca. Saludé a un corredor del Cartagena que empezaba a flojear en el el 41, y ahí sí, intenté acelerar un poco y miré el reloj por primera vez en mucho tiempo. Iba a pasar de las 4h y decidí intentar que no fuera por muchos minutos o segundos apretando todo lo que pudiera en el tramo final (pensamiento estúpido, lo sé xD)
Antes de llegar al km42 salíamos por fin del maldito y eterno bosque de Bolonia y por fin se volvía a ver la ciudad. Miraba a lo lejos pero no conseguía ver la meta hasta que después de un pequeño giro por fin tuve a la vista el arco de la meta.
No me lo podía creer. Había aguantado sin lesión, iba tocadísimo desde antes del medio maratón pero ahí estaba, viendo el arco del triunfo a lo lejos y gritando de alegría, camino de la línea de llegada.

Explosión de alegría y endorfinas
Mi cara al más puro estilo John Rambo lo dice todo xD
Completaba el maratón en 4:03:26, lejísimos del objetivo, de las 3:40 previstas, pero en aquellas circunstancias, viaje, sensaciones, etc. lo daba por bueno, aunque fuera mi 2º peor tiempo en maratón. Me reunía poco después con Rafa y Ramón, que también habían sufrido de lo lindo, llegando en 3:53 y 57 si no recuerdo mal. Joder, me volvía a echar a las piernas los 42197m de un maratón y era el de París, una carrera solo superada en participación por NY y después de dos días de turismo con los mejores amigos que se puede tener. ¿Podía quejarme?¿En serio?

Momento impagable

Quién me lo iba a decir, en el km 15 :)

Poco después pude echar un vistazo a las clasificaciones y aunque mi tiempo me parecía muy flojo, para aquella carrera no debía serlo tanto: posición general 16858 de 42456 corredores (unas 3000 bajas hubo...), 14872 de 32110 hombres y 5218 de 10673 en mi categoría. Ligerísimamente por encima de la media, para mi sorpresa.

La carrera me dejó con las baterías al 1%, con las defensas tan bajas que al día siguiente el labio superior reventaba de lo que comunmente se conoce como "fiebre", y la fatiga tardó unas 48 horas en desaparecer. Había sido durísimo pero había podido con ello. El maratón me golpeaba duro pero una vez más no me tumbaba.
El viaje, la compañia de los amigos, todo fue perfecto. Como os contaba al principio (¡la leche!, releo y eso son muchísimas líneas por encima de esta xD ¡perdonad!) han sido tres días de pura vida, un regalo que nos hemos encontrado en el camino que a saber cuándo podremos disfrutar al mismo nivel y con la misma intensidad.
No hay palabras de agradecimiento suficientes para todos los que en su momento animaron o se interesaron por esta sana locura de correr que se ha apoderado de mí a la vejez (menos de un mes para los cuarenta. Sí, me empiezo a sentir mayor :-/  ) para amigos, familia, compañeros de trabajo, todos los que han tenido palabras de ánimo o de felicitaciones por haber superado el reto. Mil gracias a todos, pero sobre todo a mi grupo de viaje. Hacía años que no lo pasaba tan bien amigos. Sois los mejores.

Llegado a este punto, en otros maratones siempre digo que tengo claro que repetiré, que una experiencia así crea adicción, que el chute de endorfinas es tan adictivo que necesitas más y más... Pero en esta ocasión algo debe haber cambiado. Estoy muy contento y orgulloso de mí mismo por poder haber terminado el maratón. No hay decepción por no lograr la marca esperada. Asumo que dos días de turismo cansan y tengo claro que de no llegar tan bien preparado como lo hice quién sabe si hubiera podido terminar. No cambiaría absolutamente NADA de mis 3 días en París pero admito que estoy algo quemado. El desgaste que supone preparar esta carrera condiciona gran parte de la temporada. El reto lo merece, por supuesto que sí, pero tal vez ahora que acabar el maratón es algo que me he demostrado varias veces que puedo cumplir, puede que la búsqueda de un mejor crono en esta distancia no me motive tanto como la de mejorar en carreras más cortas, de 10 o 21km.
No hay NADA comparable con terminar un maratón, está claro, pero creo que esto de correr un maratón al año va a cambiar. He disfrutado esta temporada corriendo más carreras cortas que la anterior, y esa sensación también me parece muy agradable. Quiero poder competir muchas carreras, participar al menos. He recordado lo adictivo que es también el "efecto dorsal" y aunque buscar mejoría en 10k o medio maratón también es muy exigente creo que ahora mismo me apetece mucho más eso que pensar en un maratón a medio o largo plazo.

Quién sabe. Otro viaje con amigos, otra ciudad extranjera, seguramente no hará falta demasiada insistencia para hacerme "caer" de nuevo, pero ahora mismo creo que es más que probable y necesario un año "en blanco" en cuanto a maratones. ¿Aguantaré todo el 2018 sin probar de nuevo?

Ahora llegan un par de meses de relax. No pienso en competir, solo en ponerme en forma para los dos grandes retos de natación que tengo por delante. Half Oceanman Tabarca (5000m) el día 7 de mayo e intentar llegar en condiciones a Tabarca-Santa Pola (6500m), palabras mayores, en julio (no tengo claro si estaré a punto para esa fecha)

La carrera, mientras tanto, como complemento a la natación y por puro y sano disfrute, como debe ser siempre.

Os cuento cómo va todo en la próxima entrada del blog.
Gracias por estar ahí y soportar el tochazo que acaba ya xD
Saludos.