miércoles, 23 de mayo de 2018

15KM MASSAMAGRELL


Con la llegada del calor toca ir despidiendo la temporada de carreras y el pasado fin de semana, después de escuchar hablar mucho de ella desde que empecé a participar en carreras populares (¡hace casi 10 años ya!), me acerqué a Massamagrell para correr sus 15km y cerrar el 2017-18.

Durante la semana las sensaciones no fueron buenas y nada parecía presagiar una buena carrera el sábado. Cansancio, poco entrenamiento, alimentación muy descuidada que hizo que llegara con más de 1kg extra... Según se acercaba el día de la competición mis ganas de correr desaparecían poco a poco.

La situación mejoró entre el viernes y el sábado. El día libre anterior a la carrera me permitió dormir mejor tanto la noche del jueves a viernes como la víspera del 15k y de camino a Valencia, acompañado de nuevo por mi amigo Ramón, las sensaciones fueron mejorando.

No me notaba para competir a tope, de todos modos. Llegué a plantearme correr sin reloj, pero conociendo mis arranques descontrolados preferí tener vigilado el ritmo al menos los primeros kilómetros para no penar después.

El viaje pasó rápido, de charreta con Ramón, y nos plantamos en Massamagrell casi sin darnos cuenta. Nada más bajar del coche pudimos confirmar que una de las características más conocidas del circuito, además de la dureza del perfil, era cierta: el calor. Mucha diferencia respecto a Alicante. La temperatura a las 17:00 llegaba a los 25 grados como poco y aparcados en una zona cercana al recorrido de la prueba vimos que no había mucha sombra en la que resguardarse. Ojalá en la zonas de callejeo y con algo de viento el calor aflojase un poco, nos decíamos.

Postureo indispensable xD


Con el dorsal recogido y una bolsa del corredor que solo por el pantalón corto y la camiseta ya compensaban sobradamente los 10€ de la inscripción nos tomamos un café rápidamente y calentamos un poco de camino a la salida.

La avenida desde la que arrancábamos estaba abarrotada de corredores. 2000, a ojo, calculamos. Se notaba que es una de las carreras más populares de la zona y que después de más de 15 ediciones el inicio de la prueba lo tienen más que controlado. Cajones para todos los gustos y velocidades, ambientazo festivo, muchos metros de asfalto a lo largo y a lo ancho de la salida para evitar agobios y un speaker dándolo todo para anirmarnos hicieron que terminara de motivarme.

Preparados

Un pequeño retraso de 10 minutos mientras la policía terminaba de revisar el circuito hizo que la sensación de bochorno aumentase, de plantón bajó el sol, y que, incluso en reposo, las pulsaciones fueran más altas de lo normal. Iba a ser una carrera dura, sin duda. Más aún si teníamos en cuenta lo que se decía del aquel circuito. Un recorrido rompe piernas que no daba descanso y en el que la cosa se ponía seria en la segunda mitad. Tocaba ser precavido y no lanzarse...

Y para qué hacer caso a mis propios consejos y presentimientos. Para qué. Empezábamos a correr, por fin y los primeros kilómetros pasaban a 4:40 como muy lento. ¿Flipada extrema tan pronto? ¿No me había prometido salir tranquilo y reservar para la parte más complicada?

Salida. Busquen a Wally cerca de la corredora de 1:15 ja ja ja


Había dejado atrás a la corredora que marcaba el ritmo de 1:15. Esa era mi única meta en principio, no correr más lento de 5' el mil, pero me dejé llevar y viendo cerca al corredor de 1:10 pensé que podría intentar tenerlo a la vista y atacar (ja ja ja, ¡atacar, yo!) en la segunda mitad.

El primer 2000 se completaba después de algo de callejeo y subiendo sin parar, con alguna rampa que ya hacía intuir cómo iba ser toda la carrera, dejándonos después en un tramo algo más cómodo (y feo, para que negarlo) desde el km 2'3 aproximadamente hasta casi el 5.

Corría a buen ritmo pero las pulsaciones iban en aumento sin remedio y el calor me agobiaba muchísimo. En la larga recta hacia el 5000, que sería después la que llevaría a la meta la segunda vez que la recorriéramos, tuve claro que tocaba frenar. Era una zona con mucho público y era fácil dejarse llevar y acelerar pero tenía el plano y el perfil del circuito bien aprendido y sabía lo que estaba por venir. La carrera "de verdad", empezaba poco después.

Cerca del 5000


No me equivocaba. Desde el km 5.5 se iniciaba una subida constante en la que acumularíamos metros en otra zona bastante aburrida y monótona en las cercanías del pabellón y el polideportivo. Era un falso llano, no demasiado duro, en realidad, pero entre lo cansado que empezaba a sentirme, el calor, y lo larga que se me hacía la carrera casi sin llegar a la mitad del recorrido empecé a bajar el ritmo y ya no volví a recuperarlo hasta casi el final de la carrera.

Sobre el km 7.5 escuché a un corredor comentar con su compañero que en aquel momento "empezaba lo bueno" y algo me decía que no se equivocaba.
Yo corría sin mirar demasiado el paisaje, bastante triste y solitario, por otra parte, y el rampón que ya había pasado cerca del km 2 me pilló por sorpresa en el km 9, después de un largo tramo de subida suave. El ritmo, que ya empezaba a no subir de los 4:50/km pasó durante 2km de los 5 minutos el mil, pero todavía quedaba la parte más dura del circuito. Avenida Serra. km 9.5 aproximadamente.
Por si no hubiéramos subido y bajado suficiente hasta ese momento, en aquel punto tocaba recorrer ida y vuelta una avenida de 1km en dirección al polígono industrial cercano en la que, con el recorrido despejado y visible muchos metros por delante, se podía ver claramente el ascenso y lo que tocaba subir.

No quise entretenerme mirando a los corredores en sentido contrario. Por un momento, adelantado por un grupo numeroso de participantes llegué a pensar que eran los que acompañaban al globo de 1:15 (al de 1:10 ya casi no lo veía), el límite que me había impuesto absurdamente. No fue así, por suerte, y avancé paso a paso, cabizbajo, esperando llegar a la parte más alta de la avenida, esperando el cambio de sentido y una bajada cómoda después, de vuelta.
El circuito castigaba otra vez moral y piernas en el tramo más alto de la avenida, dejando ver el giro muchos metros más abajo, en una pequeña rotonda. Tocaba bajar un poco para después (¡oh, sorpresa!) volver a subir de nuevo otra rampa.


 
Aquello estaba siendo duro y el ritmo no bajó a los 5'/km por muy poco hasta que llegué otra vez a la parte más alta de la avenida pero algo cambió en ese punto de la carrera. El calor daba descanso, por fin. 5000 metros por delante no parecían tantos con todo lo que dejaba atrás. Pasaba el 10000 de vuelta por la eterna avenida y un vistazo al reloj me dejaba ver 47 minutos largos. No estaba tan mal, después de todo, y el recorrido desde aquel tramo del circuito se volvía muy cómodo, según recordaba en el plano, hasta casi el final. Me animé un poco, después de muchos metros de sufrida pelea contra el calor, el perfil y los pensamientos negativos.


No hubo fuerzas para correr mucho más rápido de 4:50/km, con algún momento de flojera en una pequeña subida (ooootra más...) en el km12, y el camino hasta el último kilómetro fue pesado y aburrido. Poco público, campo y descampados por todas partes... Al menos ya corríamos frescos hacía tiempo, pensaba. Las piernas no daban para muchos excesos ya cuando al fin entramos en la avenida de Valencia, con unos 1000m por delante en línea recta hasta acabar la carrera. En varias ocasiones los isquiotibiales me dieron algún susto durante la carrera, notándose muy tensos, así que no quise forzar demasiado.
No había ido a Massamagrell a buscar marca y al final parecía que iba a poder estar cerca de la hora diez, para mi sorpresa, así que solo pensé en disfrutar en la recta final.

Choqué la mano a todos los chiquillos que la ofrecían entre el público y busqué con la mirada a lo lejos el reloj oficial y el arco de meta. Miré mi reloj y vi que era posible parar antes de ver 1:11, algo con lo que no habría contado y que, sin ver hacía tiempo al globo oficial de 1:10, era algo totalmente inesperado. Un acelerón en los últimos metros y conseguía parar el Garmin en 1:10:56.


Palizón de cuestas y calorazo



El tiempo oficial era de 1:11:26, 1:10:57 reales (¡¿pues no me había salido el ritmo medio al final a 4:43/km ?!), posición 506 de 1500 en la general, 213 de 534 en mi categoría y 486 de 1244 hombres (más datos y estadísticas en TopRun ) No estaba nada mal, teniendo en cuenta las características del circuito y el clima. Pensando en distancias que controlo mejor, medio maratón por ejemplo, incluso bajando el ritmo desde el km 15 a 5'/km  hasta el 21, el tiempo en una media allí habría sido, seguramente, más que bueno, así que tocaba estar contento.






Me reuní poco después con Ramón, que hacía un carrerón corriendo a menos de 4:30/km de media, llegando unos 3-4 minutos antes que yo, y pude comprobar que los dos habíamos tenido prácticamente la misma experiencia en la competición. Había sido muy dura, de las carreras más sufridas que recuerdo. El calor inicial, las constantes subidas y bajadas, un paisaje más bien aburrido en el 80% del recorrido... Más allá del reto deportivo por lo exigente que era la carrera y por completar una clásica de la Comunidad Valenciana, no vimos motivos para volver por allí a repetir.





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Hay que ser justos, eso sí, y reconocer a la organización su excelente trabajo. Avituallamientos bien situados, voluntarios más que suficientes, recorrido controlado en todos los puntos que podrían causar algún problema, recogida de dorsal fluida, llegada sin colas y amplia, avituallamiento final correcto... Es una carrera que hay que conocer y probar al menos una vez y que, tal vez, si estuviera más cerca de casa, no a dos horas de viaje en coche, podría volver a correr. En mi situación actual...diría que por allí no me vuelven a ver.




Como comentaba al comienzo de la crónica, con esta carrera echo el cierre de la temporada asfaltera. Un cambio de última hora en la fecha de la travesía de la cantera ha dejado libre el último fin de semana de mayo y ha convertido junio en un mes totalmente acuático para mí. Acuatlón de Alicante el día 2 de junio, travesía de Hogueras el día 10 si el trabajo lo permite, Cantera el 17 y Pins i Mar el 24. Mucha natación y poca carrera, como veis.

Excepto clásicas de verano como la bajada Hondón Aspe, Matola y creo que ninguna más, toca dar descanso a las piernas y buscar mejorar un poco la natación, que tengo mucho trabajo pendiente todavía en el agua.

Os cuento cómo va mi primer acuatlón "largo" (2000m nadando, 5000 corriendo) en la próxima entrada del blog.

Gracias por estar ahí.

Saludos.

domingo, 6 de mayo de 2018

10 KM VILLA DE ALMORADÍ 2018


Hacía tiempo que escuchaba hablar muy bien de los 10km de Almoradí, la carrera en la que participé ayer sábado 5 de mayo. Un circuito rápido, decían, pocos giros (solo uno de 180º) y a dos vueltas iguales, algo que suele gustarme y que me viene bien para tener claro cómo correr la segunda mitad de la prueba y evaluar mejor mi situación en la carrera pasado el 5000. Además, carrera vega bajense, que no suelen decepcionar y a las que les tengo un especial cariño. Teniendo oportunidad de correrla este año (el Oceanman de este fin de semana he preferido dejarlo pasar), estaba claro: había que participar.

Me tomé muy en serio la preparación para esta carrera, sabiendo que seguramente era la última "seria" de la temporada, la última en la que iba a buscar marca y exprimirme al máximo. Rebajé la carga de entrenamiento, nadé solo un día, descansé bien y llegué al día de la prueba, sábado tarde, con el peso controlado y la motivación a tope.

Llegaba pronto a Almoradí, sobre las 17:30, para poder recoger con calma el dorsal, calentar bien, estirar... Había comido antes de lo habitual para que a la hora de la carrera, las 19:00, el estómago no me la jugara, pero calentando no acababa de sentirme todo lo ligero que habría querido. Haciendo memoria, en general, diría que no se me suelen dar bien las carreras de tarde y el sábado, además, la temperatura era más alta de lo que habría esperado, pero no me desanimé. Era la despedida de la temporada y me había propuesto buscar el 44 justo o bajarlo por la mínima. No había piernas, seguro, para ir a por récord personal ni acercarme. Los 43:30 tendrían que esperar a la próxima temporada. Aun así, tenía muchas ganas de echar a correr y ver de qué era capaz con tantos km en las piernas acumulados desde septiembre.

Calentando en la pista de atletismo, salida de la carrera, pude compartir unos metros con Pachi y su acompañante, buena gente, comentando sensaciones y objetivos. También pude saludar a Mike Portugués en las gradas, al que seguro iba a ver bien lejos de mí en la carrera, con los ritmos que lleva.

La organización anunciaba que habían llegado al límite de inscripciones esa misma tarde, 800 corredores entre las dos pruebas, 5 y 10 km, y se notaba. Con tanto corredor en la pista y la salida por unas puertas algo estrechas, aunque arrancábamos dando una vuelta dentro del estadio para estirar un poco el grupo, el inicio de la carrera seguramente no iba a ser demasiado rápido, algo que agradecí en el fondo, pues mi habitual (mal) arranque de carrera, demasiado fuerte siempre, suele pasar factura a mitad de carrera.

Después de dar una salida aparte para un participante en silla de ruedas arrancábamos a la vez el resto de corredores de las dos pruebas. Tal como había previsto, hasta que salimos de la pista de atletismo y callejeamos un poco no pude acelerar en exceso (¡bien!) y el primer 1000 pasó a buen ritmo, en unos más que buenos 4:22. Había bastante público en las calles y aunque se notaba en algún momento un leve ascenso, en general, parecía que el recorrido era rápido.


Primeros metros, a punto de salir de la pista de atletismo


Clavé el ritmo de nuevo en el 2º km, 4:20, y comencé el que parecía el tramo más pesado del circuito, una recta de 1km en dirección Benejúzar corriendo ida y vuelta por dos avenidas que prometía ser dura, psicológicamente al menos, en el segundo 5000.



El ritmo bajó un poco en este tramo, 4:27 y 4:26 los km 3 y 4, pero di por buena mi situación en la carrera hasta ese momento. Empezaba a notarme justo de fuerzas y sentí que la segunda vuelta iba a ser dura así que, si pasaba la primera mitad de la carrera a ritmo de 44 y muy poco, eso que me llevaba para el último 5000.



El circuito se volvía menos monótono dejando atrás las avenidas, pasando por la plaza de la Constitución, con mucho público, menos calor y dejando ver, después de un poco de callejeo, el final de la primera vuelta, cerca ya de la pista de atletismo. Volví a marcar otro mil en 4:26 y pasé el 5000 en 22 y muy poco en mi Garmin dentro del estadio, algo que sería muy bueno si pudiera completar la segunda vuelta a la misma velocidad o subir el ritmo, pero no era el día.

Primera vuelta de la larga recta de 1000m del circuito.




Primer 5000 completado

Di la vuelta a la pista y salí esperando ver pronto el avituallamiento, pues el calor me agobiaba un poco y sentía que era muy necesario reponer líquido. No me equivocaba en mi percepción de la carrera en ese punto. Empecé a sentirme cada vez más flojo y el ritmo bajó de nuevo en el arranque del segundo cinco mil, con parciales de 4:37, 4:41 y 4:38 en los km 6, 7 y 8. Tocaba mantener la cabeza fría y aguantar las malas sensaciones.

La larga recta que habíamos corrido en la primera vuelta se hacía eterna en la segunda. Sentía que no llegaba nunca el giro, el cambio de sentido al final de la avenida, y me entretenía con lo que podía, viendo a los corredores de cara en el otro carril, saludando a Mike, Pachi, Roberto Correbirras que hacían un carrerón, muy por delante de mí.

Cazado por Alberto Costilla "El sombrilla" (http://kmsxhacer.blogspot.com.es/)

Hasta el km.8, ya volviendo por la larguísima avenida en dirección a la plaza de la Constitución de nuevo, no quise calcular mi tiempo final. Vi que tenía detrás al globo de 45' pero con mis últimas experiencias con los globos no quise confiarme y pensar que era una buena referencia (quién sabe, igual aquel, al contrario que el de Pilar de la Horadada, iba más lento de lo que debía...)
Me mojé el cuello con lo poco que me quedaba del agua del avituallamiento, tiré la botella y conseguí subir un poco el ritmo, animado por el cambio de paisaje, dejando atrás por fin la maldita avenida, pasando otra vez por la zona ajardinada de la plaza que ya había visto en la primera vuelta.
Cuando llegué al km 9 sí que hice cálculos. Había corrido el último km a 4:33 y viendo el tiempo en el Garmin, si quería entrar en menos de 45' tocaba correr a 4:20 aprox. el último mil.

Maldije, viendo lo que tocaba sufrir para conseguir una marca que hacía tiempo que tenía más que controlada (o eso pensaba), pero sentí que era capaz de llegar antes de 3/4 de hora, a pesar de que me notaba con las reservas de energía al límite.
Aceleré, tal vez demasiado pronto y en exceso, los primeros metros de ese último km, notando las pulsaciones al máximo. Un corredor se puso a mi ritmo y me animó pero no pude seguir su sprint cuando llegábamos al estadio municipal Sadrián aunque agradecí compartir con alguien los que fueron los metros más duros de la carrera.


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Pisé el tartán mirando a lo lejos el arco de llegada, esperando ver el crono oficial. Había acertado en los cálculos y aquel último acelerón, si no bajaba el ritmo, me dejaría ver menos de 45 al final.
Un último esfuerzo y paraba el Garmin en 44:56, 45:07 oficial (sin datos de tiempo real oficiales), posición 129 de 382 en la clasificación general, 35 de 69 en mi categoría y 124 de 316 hombres.
Charreta con Mike, Pachi (carrerón compañero), desvirtualización rápida de Raúl Elx (¡ánimo!), recuperación final con un avituallamiento completo y a casa

La cara y la lamentable técnica de carrera lo dicen todo.
Carrera sufrida pero completada

Carrera para repetir y tomarse la revancha, por circuito y organización. No fue mal, después de todo. A mitad de tabla como poco y sub.45, algo por lo que iniciando la segunda vuelta no habría apostado. Supongo que con lo que llevo acumulado desde septiembre y el calor inicial de la carrera no había fuerzas para mucho más. Me había mal acostumbrado a mejorar marcas todas las temporadas desde el 2015 así que este 2017-18, que se me escapa la de 10000, me quedo con las ganas. Ha habido sub.44 pero no he sido capaz de ver de nuevo los 43:36 de Valencia'17, algo que ahora mismo me parece muy lejano y difícil. Tal vez la próxima temporada.



Caldo Aneto, siempre presente, en una bolsa del corredor más que buena.
Fotógrafo improvisado: Pachi crack-runner



Como comentaba al principio de la crónica, aquí termina para mí la temporada de carreras. El año pasado todavía me tomé en serio alguna en junio, como los 10km de La Nucía, pero este año creo que paro en mayo. Tengo a la vista carreras, como los 15km de Massamagrell en dos semanas o alguna típica veraniega como la bajada Hondón Aspe si no trabajo o la subida al santuario de Novelda, pero no creo que las corra yendo al máximo, buscando marca, exprimiéndome a tope. Iré en modo entrenamiento, a disfrutar sobre todo y a no machacarme demasiado. Voy a empezar a bajar el ritmo y la exigencia corriendo para darle prioridad a la natación, ahora que llega el buen tiempo y hay muchas travesías en aguas abiertas a la vista. El próximo fin de semana, sin ir más lejos, la primera del año, 2000m en el Mediterranean Coast Challenge por Altea y Alfaz, aperitivo de La Cantera a fin de mes, algo más "serio", 4000m a nado al lado de casa.
Por el camino, los 15km de Massamagrell del día 19, pensando solo en disfrutarlos y conocer una carrera clásica valenciana con un circuito, dicen, exigente, plagado de cuestas.

Os cuento cómo va todo en la próxima entrada del blog.
Gracias por estar ahí.
Saludos.




sábado, 28 de abril de 2018

10KM PILAR DE LA HORADADA


Pocas carreras a la vista ya con la llegada del calor y con él, al menos para mí, el final de la temporada, después de la última competición en la que he participado. El pasado fin de semana estuve a punto de correr el 10k de mi ciudad, Alicante, pero vi que coincidía con otra carrera a la que le había echado el ojo hacía tiempo, los 10km de Pilar de La Horadada y al final me decidí por mi querida Vega Baja.

Me acompañaba de nuevo mi amigo Ramón y, madrugadores, llegamos a Pilar de la Horadada el domingo con mucho tiempo de antelación para recoger tranquilamente el dorsal y espabilarnos un poco con un café y charreta previa a la carrera.

Ramón sigue preparando su maratón de Pamplona y corría la media que también salía esa mañana a la vez que el 10k. Yo, notando ya la carga de kilómetros acumulados desde septiembre, sentía que había acertado eligiendo la carrera "corta". La semana previa, además, había entrenado en exceso, tal vez, y aunque descansé dos días seguidos antes del domingo amanecí con una sensación de pesadez en las piernas que no permitía augurar nada bueno para una carrera que habría esperado que fuera rápida.




Calentando un poco por la calle Mayor, salida y meta de las dos carreras, ya se podía ver que el circuito no era todo lo llano que había imaginado. Nada serio, en realidad, no muchos metros de elevación, pero aquel falso llano seguro que iba a pesar en mi estado de forma aquella mañana.

Pude situarme bien en el pelotón de salida, teniendo a la vista el globo de 45 minutos, una marca que confiaba poder conseguir, sub.46 el menos, y después de saludar rápidamente a Erica me adelanté un poco más en el grupo. Sin mucha más espera, arrancaba la prueba en ligera cuesta abajo por la calle Mayor.

Salida

Me quedé cerca del globo de 45 y después de ver que, al menos los primeros metros, cumplía con el ritmo, lo tomé como guía. El primer mil pasaba muy rápido, menos de 4:20, pero poco después el ritmo volvía a ser el esperado. No aspiraba a menos de 45 minutos esa mañana así que adelanté unos metros al globo y me dije que si conseguía no verlo durante la carrera sería buena señal. Todo lo que pudiera alejarme de él sería una sorpresa inesperada.



En el falso llano que nos llevaba hasta la calle Mayor de nuevo, poco después del 2000, pude aguantar el ritmo pero una vez en la calle principal de Pilar, cuesta abajo, no pude subir la velocidad como habría esperado en un tramo tan cómodo.

Un giro de 180º casi a la altura del arco de salida y volvíamos a subir la calle Mayor, notando, ahí sí, que no era mi día en absoluto.

Poco antes del cambio de sentido de la calle Mayor
Saludé a Ramón, que no iba muy lejos de mí, en sentido contrario, y aguanté como pude el falso llano, pensando que al final todo lo que subíamos lo recuperaríamos bajando.
Empecé a bajar el ritmo poco a poco, sufriendo más de lo esperado para mantenerme a 4:30/km, y cuando me adelantó el globo de 45' empecé a desanimarme. Ni media carrera y ya tocaba sufrir para seguir al guía de los tres cuartos de hora.

Comenzaba, además, el tramo de la carrera más solitario y monótono. Corríamos hacia el polideportivo, pasábamos por la pista de atletismo en la que solo tuve ánimos del conserje del recinto y la música de ACDC de unos altavoces y salíamos a una zona de solares que no ayudaba nada a superar el bache mental y físico.

Veía el globo de 45' cada vez más lejos y no quise mirar el tiempo del 5000. Fuera el que fuera no iba a poder repetirlo por segunda vez. Nos separábamos momentáneamente del medio maratón para volver a coincidir con su recorrido poco después y en ese punto me felicité por no haber elegido correr la media. Ni era mi día ni estaba disfrutando lo más mínimo de un circuito que cada vez parecía más triste y aburrido.

El ritmo seguía cayendo en picado y, además, en algún momento de la carrera, me lié con el tiempo que vi en el Garmin y la situación de los puntos kilométricos en el asfalto, repetidos en diferentes lugares al contar por separado las distancias para la media y para el diez mil (creí haber perdido la cabeza cuando vi dos veces un cartel con un 7)

Al pasar por una amplia zona con suelo de cemento pulido que ya había visto al aparcar el coche me animé un poco, sintiendo que el final estaba cerca. Del km 6 al 8 bajábamos suavemente pero mis piernas eran incapaces de remontar el ritmo y por un momento, con mis cálculos equivocados, pensé que iba a tardar 47 minutos al menos en llegar a la meta. Entrenamiento de calidad, pensaba, tratando de no venirme abajo del todo.



Llegando a la que creo que era la única zona ajardinada del circuito pude por fin hacerme una idea real del tiempo que podía ver en la meta y me animé. Me había equivocado haciendo cálculos, desde luego, pero es que, además, el globo de 45, al que ya casi no veía, estaba corriendo muy rápido. Demasiado. No era un guía fiable.

El tramo del parque se recorría de subida y bajada dejando ver por fin el último km. Si apretaba un poco y no flojeaba en la suave subida de la calle Mayor todavía podría ver, para mi sorpresa, los 44 minutos.

Dicho y hecho. Aguanté como pude el ascenso, mirando el reloj oficial a lo lejos, y cuando tuve claro que conseguía bajar de 45 me relajé un poco.

Meta. ¡Qué duro había sido!


Cruzaba la meta en 44:45, 44:42 en mi Garmin a falta de tiempos reales en la clasificación,  71 de 410 en la clasificación general, 13 de 35 en mi categoría y 68 de 275 hombres, nada mal situado después de todo y en un tiempo por el que no habría apostado antes de echar a correr ni mucho menos en el km 5 de la carrera. Teniendo en cuenta las malas sensaciones y lo cansadas que notaba las piernas toda la semana, había que dar por bueno el resultado y estar contento. 44:45 sintiéndome así podría convertirse en un tiempo muy bueno en otro diez mil si llegaba descansado.



El avituallamiento final era muy completo y abundante y mientras recuperaba fuerzas pude hablar con el portador del globo de 45'. Había entrado en 43:30 aproximadamente y se limitó a preguntar "¿y por qué no me avisáis?" No quise discutir. Pienso que cuando alguien se ofrece a ser guía de un tiempo determinado en una carrera no puede permitirse ser tan irresponsable y subir el ritmo 10'' por km. No corres para ti, lo haces por participantes que son probablemente son mucho más lentos que tú, que te ofreces a llevar un ritmo que seguramente es de paseo para tu estado de forma.

Recogí algo de comida y bebida y sabiendo que estaba a tiempo de ver a Ramón en los últimos metros de la media me situé cerca del km 20, le animé y le hice un par de fotos para su blog y todavía pude acercarme a la meta y hacerle alguna foto más felicitándole por el tiempazo que conseguía, una marca increíble de 1:35 larga que deja claro lo bien que lleva la recuperación de su estado de forma y la preparación del maratón.


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Viendo el final de la media seguía felicitándome por no haber elegido la prueba larga esa mañana. El circuito, a pesar de que el paisaje de la Vega Baja siempre me ha gustado para correr, no me había parecido nada atractivo y en algunas zonas era tan desangelado que no quería ni imaginarme lo que debía sentirse pasando por allí dos veces. Sinceramente, dudo que vuelva a participar en ninguna de las dos pruebas. Seguramente habría disfrutado más el 10000 de Alicante, al que seguramente no fallaré el año que viene.



Ahora toca centrarse en la que seguramente será la última prueba "seria" de la temporada, el 10k de Almoradí del próximo fin de semana el sábado por la tarde. No contaba con poder correrla rápido pero gracias a la carrera del pasado domingo, a pesar de ir tan mal, pienso que si llego con el descanso adecuado podría hacer buena marca. Digo "seria", porque después ya no tengo en mente correr a tope ninguna carrera. Se acabó, seguramente hasta después de verano, el machaque asfaltero. Tengo varias travesías a nado a la vista, aquatlón, entrenamientos en aguas abiertas al fin, ahora que vuelve el buen tiempo, y aunque sí que correré alguna prueba de asfalto, como los 15km de Massamagrell, ya solo pienso en correr por sensaciones, a disfrutar del circuito. Caerán seguramente algunas de las carreras por arena de Brotons este verano, haciendo doblete alguna vez con las travesías a nado que se organizan después, y tal vez participe en alguna típica de verano como la subida al santuario de Novelda o la bajada Hondón - Aspe, pero después de Almoradí ya pienso más en deporte acuático y en mejorar un poco a nado que en las palizas asfalteras.

Os cuento cómo va mi próxima visita a la Vega Baja en la siguiente entrada del blog.
Gracias por estar ahí.
Saludos.

jueves, 12 de abril de 2018

MEDIO MARATÓN MADRID 2018


Cumpliendo con lo que parece haberse convertido ya en tradición, juntarse con amigos una vez al año al menos para salir a correr más allá de la Comunidad Valenciana, Murcia, o ciudades vecinas, el pasado fin de semana le llegó el turno a la media de la capital y allí fuimos Ramón y yo (Rafa falló pero tiene cita obligada por estas fechas el año que viene con nosotros...).
Después de tantos viajes a diferentes carreras juntos ya es un hecho que solo por la compañía la aventura deportiva va a merecer la pena pero es que además, el circuito y la ciudad elegidos este año prometían no defraudar.

Conocía la dureza de las carreras madrileñas después del maratón del 2015 pero al haber corrido entonces sin presión por marcas, a un ritmo mucho más lento del habitual para acompañar al resto del grupo, este año intentar correr rápido por la capital era todo un reto. Sobre el papel era fácil comprobar lo complicada que era la carrera. 10 km de subida casi constante desde el comienzo y después bajada en teoría cómoda que debía permitir rodar rápido si se había dosificado bien el esfuerzo en la primera mitad.


¡Pedazo circuito oigan!
El sábado por la mañana, poco más de dos horas de viaje y llegábamos a Madrid con tiempo de sobra para dejar la mochila en el lugar elegido para dormir (elección acertada según vimos, por situación, comodidad y precio) y acercarnos a la feria a por el dorsal.



No era tan pobre como algunas ferias que conocía (recuerdo alguna de la media de mi ciudad que daba mucha lástima) pero esperaba algo más de la media de la capital. Un paseo rápido soñando con carreras en otros países que anunciaban agencias especializadas en este tipo de viajes, compra de calcetines que necesitaba y encontré a muy buen precio y vuelta al centro de Madrid a comer y hacer algo de turismo rápido aprovechando que la lluvia que nos acompañaba desde primera hora nos daba al fin algo de descanso.


Relaxing paseo in la Plaza Mayor (Botella inglis estail)
El jueves había corrido por el monte con mi amigo Rafa pensando que hacer algo de cuestas para la carrera del domingo podría venir bien. Me dejé llevar por lo bien que me encontraba físicamente y por lo a gusto que iba hablando con Rafa después de mucho tiempo sin coincidir en carreras o entrenamientos y fui más rápido de lo debido. Esto lo noté al día siguiente en forma de agujetas en los cuádriceps y todavía lo sentía un poco mientras caminábamos por Madrid el sábado. El recuerdo del cansancio antes del maratón de París del año pasado venía rápidamente a la memoria, estando de nuevo fatigado y muscularmente algo tocado el día anterior a la carrera pero confié en que el descanso de aquella noche arreglaría un poco el problema.


Después de acostarnos muy pronto y dormir todo lo bien que se puede cuando no lo haces en tu cama habitual amanecimos descansados y animados ante lo que teníamos por delante. Sentía que las piernas se habían recuperado. No estaba al 100%, pero tampoco notaba los cuádriceps tan reventados como los dos días anteriores.

La mañana parecía que iba a permanecer soleada, descubierta, sin lluvia ni viento, pero la temperatura era muy baja para alguien como yo, acostumbrado al clima suave de Alicante y que ya vivía con días de casi 20ºC. No llegábamos a los 5 grados y el café previo a la carrera no consiguió cambiar la sensación de frío intenso. La braga al cuello y los cubre brazos ayudaban pero al haber dejado los guantes en la mochila las manos dolían y costaba sentir los dedos.

El ambiente, espectacular. La carrera juntaba, entre la media y la carrera ProFuturo de 5km, a unas 20000 personas en el Paseo del Prado. Fiesta del deporte y motivación por las nubes al menos de cara al inicio de la prueba.

Inspeccionando la salida


Intento de calentamiento breve que al menos a mí no acabó de quitarme el frío, entrada sin problema en el cajón de 1:40 pensando que tal vez fui demasiado optimista al elegir mi ubicación en la salida y arrancábamos puntuales. La salida, a pesar de la cantidad de corredores que participábamos en la media, fue bastante fluida. Intenté, como siempre, salir controlando el ritmo pero el perfil de la carrera ya se encargaba de frenarme. Pocos metros después del arranque un giro a la derecha nos dejaba ver la Puerta de Alcalá  y, con ella, una rampa que me hizo pensar que si el primer 10000 iba a ser así ya podía olvidarme ni de acercarme a 1:45 en la meta.



El camino se suavizaba en los dos siguientes km. Llegaba incluso a bajar rápidamente unos pocos metros allá por el 2.5 y con el Garmin marcándome ritmos muy rápidos todavía pensaba que podría hacer una buena carrera a pesar de que las piernas no las notaba finas del todo. Todo cambió rápidamente dejando atrás la calle Serrano, donde el perfil volvía a ser como se esperaba en una carrera por Madrid. Subíamos poco a poco y en todo momento tenía a la vista el globo de la hora cuarenta pero notaba que costaba muchísimo mantenerme a ese ritmo. Por un momento vi a Ramón pegado al globo y me animé a seguirle pero algo me decía que yo no estaba esa mañana para acabar antes de 100' y que Ramón seguía imparable en su mejora física y subiría todavía más el ritmo en la segunda mitad de la carrera.

En el 5000 lo tuve claro. Corría con dificultad a ritmo de 5' el mil y según avanzaba la carrera el perfil me parecía cada vez más duro. La llegada al Paseo de La Castellana, donde se iniciaba la segunda mitad del recorrido, más cómodo en teoría, parecía muy lejana todavía.

Escuchaba a los corredores cercanos comentar que en Bravo Murillo tocaba apretar los dientes un poco. "¿Más?" , pensé. Camino del km 9 el ritmo seguía por debajo de 5'/km por muy poco y cualquier pensamiento relacionado con conseguir alguna marca en concreto me parecía absurdo ya.
No corría nada cómodo. Aquellas cuestas picaban pero estoy seguro que más descansado no me habrían parecido tan largas y pesadas. No era el día, estaba claro.

Poco después del km 9 ya se podía ver Plaza Castilla y a la izquierda asomaban las famosas torres inclinadas de la Castellana. Corríamos nuevamente, por fin, en llano y poco después del km 10 cambiaba el sentido de la carrera y se iniciaba el que en principio debía ser el tramo cómodo y rápido de la carrera.


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Las piernas, por desgracia, no estaban para muchos acelerones en este punto del circuito. Había pasado el 10000 en casi 49', muy muy lejos de lo que en el fondo habría esperado en esta carrera y la marca final podría irse tal vez a más de 1:45, 50 incluso si seguía flojeando, pero tocaba olvidarse de tiempos, me repetía una y otra vez. No había ido a la media de Madrid a agonizar en los últimos metros y jugarme incluso la retirada por forzar.

Me animé recordando el perfil de la carrera (bajada constante creía haber visto) y hasta el km 12 conseguí bajar el ritmo a menos de 4:50 el km por fin. Llevábamos muchos km detrás ya y una de las pocas pegas que le puedo poner a la carrera, la escasa animación de público  desde el 5000 hacía necesario ser fuerte mentalmente. Costaba distraerse y olvidar las malas sensaciones y poco antes del km 13 una rampa con la que no contaba (miré en las paredes de la avenida para recordarla después: Avda.Pío XII) terminaba de dejarme chafado moralmente durante unos metros.  ¿Más cuestas?

El momento de crisis duró hasta poco después del km 15, por la interminable Príncipe de Vergara. En este punto, en otras medias, suelo mirar el reloj, tomar gel, y valorar la carrera, pero el estómago amenazaba con jugármela, con malas sensaciones desde el km 1, y si en la segunda carrera que corría por Madrid se repetían los problemas de la primera (los que me conocéis y sabéis "mi historia" del maratón madrileño del 2015 os estaréis partiendo de risa ahora, malditos xD) no podría arreglarlos tan discretamente como hace 3 años. En cuanto al tiempo, quise no mirar el reloj, pero me pudo la curiosidad: 1:12 aproximadamente. No iba a terminar tan mal como esperaba, después de todo, si conseguía acelerar un poco y si el perfil se volvía de una (maldita) vez tan cómodo como había previsto.



No me equivocaba. Acercándonos al Retiro hubo un suave repecho que me trajo el mal recuerdo de Pío XII pero fue breve y cuando pasábamos por el km 18, dejando el gran parque madrileño a la derecha, se iniciaba por fin una bajada larga "de verdad", para lanzarse a tumba abierta.



Este momento de la carrera coincidía con el inicio (¡por fin!) del tramo más animado del circuito. El primero de los 3 miles restantes no fue tan rápido como habría querido, a 4:42, pero ya en el paseo Reina Cristina y después en el Infanta Isabel las piernas respondieron y fue fácil correr a menos de 4:30 el km.
Disfruté la bajada, chocando la mano a los chiquillos que la ofrecían entre el público, escuchando los ánimos de los espectadores y viendo que un último acelerón me podría dejar (¡quién me lo iba a decir en el km 6 o el 13!) en la meta antes de 1:42.

La entrada al Paseo del Prado permitía ver al fin la meta a lo lejos. Un último esfuerzo y el reloj oficial estaba ya a la vista. Sprint para terminar y cruzaba la línea de llegada parando el crono oficial en 1:42:26, 1:41:23 real, 3343 de la general entre unos casi 20000 corredores y 1440 entre 4950 de mi categoría.

Difícil encontrarse en la meta, con una participación tal elevada
Pocos metros después me encontraba con Ramón, que había hecho el carrerón que sabía que haría, y después de la foto de rigor para inmortalizar el momento, a la ducha (de nuevo, qué acierto el alojamiento) y a celebrarlo comiendo un bocadillo de calamares, qué si no en Madrid xD







Dadas las condiciones de la carrera y mi estado de forma podía darme por satisfecho con el resultado de la carrera. Conociendo ya la segunda mitad creo que si el domingo llego a plantarme en Madrid descansado y en forma como en Guardamar todavía podría haber hecho una marca mejor que allí. Llegando fino al km 10 el resto del recorrido permitía lanzarse y recuperar a tope, desde luego. Si alguna vez coincidiera con amigos de nuevo y se planteara la posibilidad de correr la media ( o el maratón, aunque es durísimo) , creo que no diría que no.
Ha habido quejas sobre el tapón que se formó en la meta poco después de mi llegada, sobre colas para grabar medallas o esperas de más de media hora en el guardarropa. Yo no sufrí ninguno de estos problemas y mi experiencia en la media, a pesar de la flojera, creo que fue muy buena. Otra más que no me cuentan y otro viaje deportivo más disfrutado con mi gran amigo Ramón.




Ya no quedan más medias por disputar esta temporada. Me planteé la de Pilar de la Horadada pero al final me he apuntado a su 10000. No es que me encuentre especialmente rápido, la verdad. No me veo bajando otra vez de 44' ni mucho menos bajando los 43:36 de Valencia 2017 pero quiero darle un par de oportunidades al 10k antes de dedicarme ya por completo a la natación y algún aquatlon aprovechando que deben llegar mejores temperaturas en breve.

Pasaré, por lo tanto,  por Pilar el 22 de este mes y después, el 5 de mayo, Almoradí, ambos 10000m, para ver cómo responden las piernas a estas alturas de la temporada. Con la marcaza de la media de Guardamar, inesperada y con la que no habría soñado nunca, ya me doy por contento este 2017-2018, así que si por casualidad me salen bien estas dos carreras, bienvenidas sean.

Os cuento cómo va todo en la siguiente publicación del blog.
Gracias por estar ahí.
Saludos.